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lunes, 27 de enero de 2025

"Escucha los susurros y nunca tendrás que escuchar los gritos". Autor Anónimo.


La comunicación es vital para las buenas relaciones. Uno de los aspectos más complejos de la comunicación es saber escuchar. Muchas veces cuando habla otra persona podemos estar escuchándonos a nosotros mismos. En muchos otros casos, estamos más preocupados por responder que por escuchar. Si nuestra voz es la protagonista, las voces de los demás apenas son susurros o murmullos casi imperceptibles.


Para escuchar debemos abrir no solo nuestros oídos, sino nuestras mentes y corazones. Al vivir en un mundo saturado de información, es una realidad que se nos escapan los susurros.  Al escuchar podemos realmente entender a quién nos habla y dar respuestas o argumentos acordes a sus preguntas, planteamientos, dudas e inquietudes.


No obstante, muchos quieren hablar y pocos quieren escuchar. Una queja común es no sentirnos escuchados, ni por la pareja, los padres, los amigos, ni menos por los políticos. Escuchar debe acompañarse de preguntas, para entender y comprender mejor lo que ha tratado de expresar la otra persona. Cuando no hacemos preguntas quedan espacios de duda en lo escuchado, que usualmente llenamos con interpretaciones y especulaciones, lo cual nos lleva a diluirnos o perdernos en múltiples hipótesis sin base real.

Pretender escuchar estando distraído, lleno de emociones o a la defensiva no produce ningún resultado positivo para las relaciones. Debemos tener disposición e interés al escuchar, pero sobre todo estar presente, no solo físicamente presente, sino con nuestra mente, corazón y espíritu para poder escuchar.

Cuando no escuchamos con la atención requerida para entender otro punto de vista, esos vacíos nos llevan a crear nuestra propia historia. Lo ideal es escuchar desde una perspectiva neutral, para realmente tratar de entender con la mente y el corazón abiertos. Nos decía Martin Luther King que la verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros.

Otros, que ya creen saberlas todas, están llenos de orgullo, por lo cual no aceptan nada nuevo. Por el contrario, al escuchar nos brindamos la oportunidad de conocer diferentes puntos de vista o perspectivas. Cuando nuestros argumentos se alejan y se crea un vacío entre quienes hablan, aparecen los gritos. El Premio Nobel de la Paz (1984) Desmond Tutu mencionaba que su padre decía: «No levantes tu voz, mejora tu argumento».

El respeto nos exige saber escuchar. No es lo mismo oír que escuchar. Debemos aprender a escuchar, no solo lo que queremos escuchar, sino también lo susurros o murmullos, así como lo que no quisiéramos escuchar. La paradoja de la tecnología, hoy presente en nuestra vida, es que «Nos acerca a los lejanos y nos aleja de los cercanos», haciendo que perdamos muchos momentos porque solo estamos físicamente presentes. 

Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching

Web: https://lidervoice.com
Blog: https://econoconsumo.substack.com
Twitter: @MiguelATeranO












miércoles, 26 de octubre de 2022

Ante un problema que nos agobia ¿Hemos utilizado todos nuestros recursos para resolverlo? Miguel A. Terán

Artículo Publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami, Florida USA- Oct. 2022

www.miguelterancoach.blogspot.com

www.lidervoice.com 

La eventual presencia de un problema debe llevarnos a una primera pregunta: ¿Es este en verdad un problema? Si consideramos que es un problema, debemos esforzarnos por encontrar sus causas o raíces y diferenciarlas de sus síntomas o consecuencias. Es fácil confundir síntomas con causas. 

Encontrar las causas o raíces del problema es vital para poder resolverlo de manera definitiva, ya que quedarnos atacando solo los síntomas o consecuencias nos llevará a un despilfarro de tiempo y esfuerzos, mientras que el problema seguirá creciendo. Expresaba el famoso escritor y profesor Stephen Covey “La manera que vemos el problema es el problema”.

Los problemas nos indican que algo debe cambiar o modificarse. Cuando un problema se repite regularmente, significa que no lo hemos resuelto desde sus raíces; por ejemplo, «el dinero no nos alcanza». Este problema podemos analizarlo desde tres perspectivas: Una primera, no tenemos suficientes ingresos de dinero; entonces, requerimos buscar fuentes adicionales de ingresos. La segunda, nuestros gastos son elevados en comparación con nuestros ingresos; entonces, requerimos disminuir nuestros gastos. Y la tercera, que nos permitiría lograr ahorrar, consistiría en aumentar nuestros ingresos y disminuir nuestros gastos.  

Algunas veces, como dijo el Capitán Jack Sparrow de la serie Piratas del Caribe, “El problema no es el problema. El problema es nuestra actitud frente al problema”. Para resolver un problema se requiere conciencia de la necesidad de resolverlo, lo que nos llenará de la necesaria voluntad y disciplina requeridas para emprender acciones dirigidas a solucionarlo. Algunos problemas toman dimensiones importantes debido a la negación o a la percepción equivocada del problema. 

El adecuado diagnóstico del problema es vital, porque un equivocado diagnóstico nos llevará a una errónea solución. Entonces, ese erróneo diagnóstico del problema, sin considerar sus raíces o causas, impedirá encontrar soluciones integrales, reales y definitivas. Es como intentar sanar a alguien sin tener un adecuado diagnóstico de la enfermedad que le afecta.

Los problemas son pequeños al principio, pero se van complicando con el paso del tiempo. Es fácil manejarlos al inicio, pero más complejo manejarlos después. Un problema en sus primeras etapas podríamos verlo como una semilla de un árbol, que luego crecerá para convertirse en un arbusto y más tarde en un frondoso y fuerte árbol, difícil de dominar.  En otras palabras, no resolver un problema a tiempo es condenarnos a luchar con un problema mayor más adelante. Nuestros problemas de hoy han vendido evolucionando en el tiempo, no surgieron apenas ayer. En otras palabras, no hay problema pequeño, solo es cuestión de tiempo para que crezca, se ramifique y se haga complejo.


El hecho, como mencionó un autor desconocido, es que “La mayoría de la gente está más cómoda con sus viejos problemas que con nuevas soluciones”. No obstante, el problema más grave con los problemas es que al no atacarlos ni resolverlos tienden no solo a crecer, sino a expandirse a otras áreas de nuestra vida, pudiendo hacer -literalmente- metástasis.

¿Qué significa esa expansión del problema? Significa que con el tiempo- este problema inicial será la causa de problemas en otros aspectos de nuestra vida. Es un hecho, por ejemplo, que una de las principales razones del deterioro o ruptura de las relaciones de pareja está asociado con los problemas económicos. Un problema de economía y finanzas personales-familiares acaba con una relación afectiva, lo cual conllevará a otra variada cantidad de problemas, tales como divorcios, demandas, custodia de hijos, problemas con los hijos, y muchos más.

En el tema de finanzas personales, los especialistas del área, lo primero que recomiendan es que hagamos un registro de nuestros gastos para saber dónde está nuestro “desagüe” financiero.

Cuenta una historia que un sabio vio a un individuo preocupado y le preguntó ¿Qué le pasaba? El individuo respondió “Tengo un gran problema”. El sabio preguntó ¿Has utilizado todos los recursos a tu alcance para resolverlo? Y el individuo respondió “Si, los he utilizado”. El sabio nuevamente preguntó ¿Has pedido ayuda? El individuo respondió “No, no he pedido ayuda”. Y el sabio le dijo “Entonces no has utilizado todos tus recursos”.

Buscar ayuda ante un problema siempre es complejo, por variadas o múltiples razones. Pero una de las principales es nuestro ego, el cual nos afirma que podemos resolverlo nosotros solos. Otro aspecto importante es saber buscar la adecuada fuente de ayuda, no en todos los lugares ni en todas las personas encontraremos la ayuda requerida.  

Algunas veces cuando concluimos que necesitamos ayuda recurrimos a alguien que quizá no esté preparado para ayudarnos o que su visión de nuestro problema, por razones de amistad o cercanía, tenga un sesgo.  En muchos casos reconocer las causas es doloroso, porque nos llevaría a aceptar nuestros errores o a cuestionar nuestras propias creencias y paradigmas.

Otras veces, buscamos “ayuda” en alguien que nos va a decir lo que lo que queremos escuchar. Rechazamos de entrada a quien podría decirnos lo que no queremos escuchar. No hay una fórmula mágica para resolver los problemas. Lo que si es cierto es que éstos no surgen de la noche a la mañana, sino que evolucionan en el tiempo, son resultado de un proceso.


lunes, 31 de mayo de 2021

La Importancia de dar el Buen Ejemplo




Cuentan que un padre de familia fue a un parque de diversiones con sus dos hijos, uno de tres años de edad y otro de 6 años. La entrada valía cinco dólares para niños menores de 5 años y diez dólares para los mayores de 5 años.

El vendedor de entradas de la taquilla le preguntó "¿Qué edades tienen los niños?"

A lo que el padre de los niños respondió: “Tres y Seis años”.

El Vendedor de las entradas  le comentó: ´

“¿No cree que es una tontería lo que acaba usted de hacer?”.

"Me ha podido decir que tienen tres y cinco años y pagar sólo la tarifa de cinco dólares para cada uno".

“Ahora que me dijo la verdadera edad de sus hijos, tendré que cobrarle más. ¿Acaso alguien se habría dado cuenta?”, pregunta el vendedor. 

El padre de los niños le respondió: “Sí, mis hijos”.

No se trata solo de hablar de ejemplos sino de demostralos con hechos y practicarlos. 

(*) Tomado de internet. Autor anónimo.

Miguel A. Terán
web: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO 


domingo, 20 de diciembre de 2020

Reflexión de Fin de Año “En este nuevo año cuidemos nuestra mayor fortuna: El Tiempo”. Miguel A. Terán




Consideré válido escoger -para cerrar el año- escribir acerca de El Tiempo, ese activo en cual giran todos los aspectos de nuestra vida. Es el tiempo –sin duda- nuestra mayor fortuna y activo en la vida. El escritor argentino Jorge Luis Borges lo ratificaba diciendo "El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho”. Se nos acaba el dinero y podemos seguir luchando para conseguirlo de nuevo, se nos acaba la salud y podemos tratar de recuperarla, se nos acaba el amor y podemos intentar recuperarlo o buscarlo en otros horizontes, pero una vez se nos acaba el tiempo de vida, ya no hay nada que hacer. 

Entonces, comencemos por reconocer y tener siempre presente que somos hechos de tiempo, tal cual refirió Borges; por ello, cuando el tiempo de vida se nos acaba nada más existe para nosotros, sin importar lo que seamos, hagamos o tengamos todo se reduce a cero. 

Sin embargo y tristemente, acostumbramos a pasar por la vida tan de prisa que perdemos muchos de los tiempos y momentos por los cuales vale realmente la pena vivir. Mientras corremos por sobrevivir olvidamos detenernos para vivir. A muchos invade esa falsa sensación de inmortalidad, vemos el momento final tan lejos que -literalmente- no existe. Por ello, la palabra «Después»  toma vigencia y se hace regular en nuestro vocabulario y es fácil posponer y dejar para otro día u oportunidad. 

¿Después? refiere una nota de Alejandro Jodorowsky que expresa: «No hay "después". Porque después el té se enfría, después el interés se pierde, después el día se vuelve noche, después la gente crece, después la gente envejece, después la vida se termina; y uno después se arrepiente de no hacerlo antes cuando tuvo oportunidad». 

En innumerables oportunidades nos obsesionamos con llegar a un lugar o alcanzar la deseada meta,  sin comprender que la vida no solo consiste en ir de meta en meta, sino en disfrutar tiempos, personas, lugares y caminos. Expresaba Santa Teresa de Calcuta, que “Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviéndola”. 

En esta época del año, cuando ya quedan escasos días para un nuevo año 2021,  luego de un particular e inusual año 2020, quizá seamos menos estrictos revisando nuestros logros en el período que finaliza, donde uno de los mayores logros será haber llegado al final del año con salud y vida. Entonces, vuelve a ser válido planificar –o cuando menos soñar-  lo que deseamos alcanzar para el venidero año. Existen metodologías y técnicas, muchas de éstas sofisticadas y otras tantas más simples, para intentar “gestionar” ese tiempo del cual creemos disponer. Pero la verdad es que podemos llenarnos de largas listas de sueños, deseos y objetivos, que algunas veces repetimos año tras año, sin mayores éxitos. 

A final de los doce meses, no siempre nos cuestionamos las razones por las cuales no alcanzamos eso que deseamos. Tradicionalmente, buscamos justificaciones y culpables, entre ellos a la falta de disciplina,   palabra que demonizamos, atribuyéndole muchos fracasos en el logro de los objetivos. Es fácil y común escuchar “me faltó disciplina”,  para lograr tal o cual objetivo. Pero olvidamos que nuestro compromiso con el referido o particular objetivo, es el combustible que requiere la disciplina para ser constante y consecuente con su búsqueda; sin éste compromiso, la disciplina no funciona y siempre tendremos una excusa para no cumplir con el objetivo. 

Reconozcamos que muchas veces ni siquiera fue un objetivo lo que nos planteamos; por lo contrario, fue simplemente un sueño o deseo, sin fechas, tareas, ni resultados medibles, por lo cual es imposible alcanzar algo que no podemos medir.  

Entonces, reiterando, más que la disciplina, que la considero solo una herramienta, lo que hace falta es compromiso con ese sueño, deseo u objetivo. Es por ello, que muchos objetivos relacionados con el cuidado preventivo de la salud, para evitar enfermarnos, no funcionan mientras no tengamos conciencia de lo que representa perderla. El verdadero  compromiso surge de la conciencia, la necesidad  y las prioridades, y debe estar presente en todo momento.   

Es fácil dispersarnos y literalmente, “lanzar flechas hacia todos lados”, cuando no hemos definido claramente nuestras prioridades de vida. En estos tiempos, mientras absortos y casi abobados miramos una pantalla, se nos escapan momentos de vida que ya no volverán; porque quizá podrán repetirse, pero nunca más serán los mismos. Se nos van con ellos sonrisas, paisajes, disfrutes y mucho más, mientras la pantalla nos roba los suspiros y latidos que esos momentos debieron provocarnos. 

Es un hecho que requerimos transitar el camino de la vida brindando más atención a la orientación, al rumbo que llevamos,  que a la velocidad. Acelerar cuando hemos perdido el rumbo solo nos llevará a estar más perdidos y alejados de la ruta original. Por ello, es necesario detenerse regularmente para revisar el rumbo, y corregirlo si fuera necesario.  

El autor y orador motivacional estadounidense Jim Rohn, nos recordaba que “La pregunta más importante que debemos hacernos en las diferentes etapas de nuestra vida, no es ¿Qué estoy consiguiendo?, sino ¿En qué me estoy convirtiendo?”. Cuando la respuesta a la segunda pregunta nos haga cuestionarnos o dudar, es momento de reconocer que perdimos o comenzamos a perder el rumbo. 

Asumamos el compromiso para lograr que el venidero año nutramos de manera armónica y  balanceada nuestro cuerpo, mente, corazón y espíritu; dedicando de manera equitativa y equilibrada el tiempo requerido para formarnos, desarrollarnos  y crecer como seres humanos, armonizando los diferentes ambientes y contextos de los cuales formamos parte: familia, pareja, estudio, profesión, trabajo, amistad, espiritualidad y sociedad.
 
Tengamos presente que nuestra condición de seres humanos la alcanzamos gracias al adecuado equilibrio entre esos entornos, pero perdemos esa condición humana al desequilibrarlos.  Debemos tener similar criterio para manejar armónica y balanceadamente lo urgente y lo importante de acuerdo a nuestras prioridades.

Sabiamente lo expresó Buda, afirmando "Lo que eres es lo que has sido. Lo que serás, es lo que haces ahora". Este nuevo año será el primero del resto de nuestra vida. Entonces, es también importante cerrar capítulos, dejar atrás rencores, odios, apegos, enojos, culpas y todo aquello que representa una carga, porque es difícil transitar en paz y felices por la vida mientras carguemos ese peso del pasado. 

Es igualmente preocupante la angustia de muchas personas por no desperdiciar tiempo, por despertar y levantarse para cumplir con una larga lista de actividades pendientes, que nunca se acaban y que si bien es cierto, les ayudan a sobrevivir o alcanzar el “éxito”, debemos reconocer que el precio que muchos pagan es no vivir. El brillante pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson nos recordaba que “El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene”. 

En este nuevo año les invito a conservar y proteger nuestra paz interior, porque todo aquello que nos hurte la paz no será bueno para nuestra felicidad. Con toda razón un autor anónimo decía “Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener razón”. Vivir llenos de angustias, temerosos y preocupados por el futuro, siempre tras una interminable lista de retos, insaciables en lo material pero vacíos en lo espiritual, es la ruta para perder la paz.  Tengamos presente que nuestra paz interior se alimenta del equilibrio que otorgamos a cada aspecto de nuestra vida y de la relación armónica y balanceada de éstos con nuestras prioridades. 

Una vez aclarados, definidos y comprendidos todos los aspectos considerados en las líneas anteriores, será más fácil encontrar entre el abundante material disponible, alguna técnica que nos ayude a organizarnos en busca de convertir nuestros sueños en metas, pero sin permitir que los sueños se nos conviertan en pesadillas y nos roben la paz. 

A todos mis amigos y lectores hago llegar mis sinceros deseos de paz en Navidad y Año Nuevo, y que el 2021 nos permita superar las dificultades y que la salud y el cercano contacto sean una realidad muy pronto. 

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Web Page: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

miércoles, 19 de agosto de 2020

En un mundo de ciclos y procesos, comprender sus etapas permitirá que pronostiquemos el desarrollo de futuros eventos.

En un mundo de ciclos y procesos, comprender las etapas de cada ciclo, sus procesos y la evolución de los mismos, permitirá que pronostiquemos -a tiempo y con cierta precisión- el desarrollo de futuros eventos.
Miguel A. Terán 


La idea no es convertirse en adivino, utilizando una bola mágica o algo parecido, es simplemente comprender la evolución -o involución- de los procesos o etapas dentro de los ciclos, para poder dar respuesta –en un momento determinado- en qué etapa del ciclo estamos, cuál es la próxima y qué decisión,  decisiones y acciones debemos tomar en ese momento. 

 
Comprendamos un ciclo como la repetición periódica de un acontecimiento o fenómeno, que ocurre o sucede con regularidad cada cierto tiempo. El ciclo se compone de una serie de procesos, pasos y etapas que se repiten en orden similar, o con ligeras variaciones, durante el desarrollo del ciclo, hasta conformar un nuevo ciclo que volverá a repetirse. Entonces, los ciclos tiene un comienzo y un final, para un nuevo recomenzar.

La naturaleza está llena de ciclos, mejor dicho la naturaleza funciona en ciclos. Las estaciones, la ovulación, el ciclo cardíaco, el ciclo hidrológico, las migraciones animales y mucho más, hasta el ciclo de vida, nacer, crecer, reproducirse y morir.

En lo en lo personal, social y económico los ciclos también son una realidad, aunque no los comprendamos ni definamos tan claramente como en la naturaleza. Las personas, parejas, familias y sociedades tienen ciclos, más allá de los biológicos. En lo económico, reconocemos que los mercados se mueven en ciclos, con períodos de crecimiento o alzas, períodos de estabilidad  y períodos de caída o bajas. Los ciclos económicos, los ciclos bancarios, el ciclo de vida del producto, el ciclo de bienes raíces, son ejemplos de ciclos que cumplen con la definición expresada anteriormente.

En los ciclos humanos y sociales, incluidos en ellos los personales, familiares, económicos, políticos, etcétera, las distorsiones pueden hacer que el ciclo concluya violentamente con una etapa de crisis, que pudo pronosticarse y evitarse de haberse observado la evolución de los procesos del ciclo, para tomar acciones o correctivos a tiempo. 

Como referimos anteriormente, comprender el desarrollo de los procesos dentro del ciclo puede ayudarnos a reconocer el punto o período de tiempo en el cual está transitando el ciclo, para pronosticar su desarrollo y definir -a tiempo- decisiones y acciones a tomar.   En el idioma inglés existe la palabra “Timing”, que hace referencia a la capacidad de elegir o escoger  el mejor momento para tomar una cierta decisión, acción o movimiento, con respecto al ciclo, evitando llegar hasta la etapa de crisis.

En algunas etapas del ciclo pueden observarse tendencias, de fortaleza o de debilidad del ciclo, durante las cuales deben tomarse decisiones y acciones, antes del eventual colapso o crisis. En el ciclo de las relaciones de pareja, por ejemplo, puede observarse algún deterioro en afectos o respetos, que indican el desvío del ciclo hacia posibles procesos de crisis que deteriorarán la relación y harán inviable la supervivencia de la misma en el largo plazo. En ciertos momentos del ciclo, pueden surgir infidelidades dentro de la pareja, las cuales aceleran el ciclo hacia el proceso de crisis y acaban con lo que queda de la relación. En otras palabras, un divorcio no se da "overnight", sino que es resultado de un procesos de deterioro gradual y paulatino de la relación. 

En el corto plazo, las crisis dentro del ciclo llevan a la aparición de perdedores y ganadores, hago la referencia  en el corto plazo, porque en el largo plazo todos perdemos al perder la sociedad o sus instituciones.  Sin embargo, como dice el viejo refrán “A rio revuelto, ganancia de pescadores”; en las diferentes etapas del ciclo, especialmente en la crisis, hará acto de presencia el especulador, gigoló, gigolette y otros especímenes de la fauna depredadora y oportunista, esperando recoger dividendos o ganancias.
  
En estos tiempos, cada vez son menos comunes los períodos de estabilidad dentro de los ciclos humanos, sociales y económicos, parece que saltamos súbitamente de los tiempos de vacas flacas a otros de vacas gordas y viceversa, pero en realidad ha sido un proceso, solo que acelerado por diferentes circunstancias, la mayor parte de ellas artificiales y provocadas, por inconciencia o interés. El resultado ha sido que en lo humano, económico y social, las etapas de los ciclos se han acortado, cada vez más, por lo cual las crisis ocurren o suceden con mayor regularidad o frecuencia.

En el área económica, específicamente en la financiera, la subida continúa del precio de un activo o producto durante un ciclo, incrementa la demanda, usualmente basada en las expectativas irracionales de los clientes, quienes esperan la ilimitada subida futura del precio del referido activo o producto, la cual tiene límites.  Por supuesto, surge el riesgo inherente a la etapa o punto donde se encuentra el desarrollo del ciclo. Entrar tarde a participar en un ciclo, no reconocer sus indicadores ni reglas de juego, hará imposible salir de éste sin lesiones.  

Es un hecho, que en algunas etapas surge inestabilidad en el ciclo, resultado de cambios que podrían considerarse profundos o súbitos, apareciendo con ella las dudas acerca de la factibilidad de que se detenga el deterioro del ciclo o continúe el avance hacia la crisis. Al no comprender adecuadamente los ciclos y su evolución natural o artificial, hemos convertido las crisis en parte de los ciclos y procesos humanos, sociales y económicos. Hemos cambiado e irrespetado ciertas reglas, que han alterado la duración y estabilidad del ciclo y sus procesos, creando con mayor frecuencia las crisis.  

La búsqueda superficial o cosmética de las causas de las crisis, sin llegar a las raíces del problema real, contribuye a que no captemos ni aprendamos el mensaje o la lección que dejan las crisis dentro de los ciclos; por lo cual pasado un tiempo, cada vez más breve, la crisis volverá a tocar las puertas alterando de nuevo un ciclo hasta deteriorar o destruir su desarrollo regular.

En resumen, conocer y comprender el ciclo, sus características y la etapa en que éste se encuentra dentro de su proceso evolutivo, observando sus indicadores, permitirá que actuemos para incorporarnos al ciclo cuando el momento sea propicio o corregir y retirarnos del ciclo, cuando éste evolucione hacia la crisis. La escogencia del momento adecuado para incorporarnos o retirarnos del ciclo permitirá surfear o sobrevivir por más tiempo en la cresta de la ola, mientras tomamos medidas para realizar cambios y transformaciones que nos lleven a otro rumbo. 

Miguel A. Terán
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Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).
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viernes, 14 de agosto de 2020

Todo tiene su tiempo y espacio; en otras palabras, su momento. Miguel A. Terán


Un viejo refrán expresa que “No hemos ensillado el caballo y ya pretendemos cabalgar”, como un válido ejemplo de que llevamos una vida de carreras, todo es rápido y urgente. Corremos y corremos para, tal cual el perro, alcanzar y morder nuestra propia cola. El problema no es que no tengamos tiempo, sino que desperdiciamos enormes cantidades de este recurso NO RENOVABLE frente a un televisor, la computadora, el celular, en discusiones estériles, etcétera; y luego pretendemos recuperarlo corriendo, presionando y atropellando.

Se nos va la vida corriendo tras lo urgente y nos olvidamos de lo realmente importante. Giramos en círculos y nos sorprendemos cuando sentimos no avanzar. No tenemos tiempo para reflexionar ni evaluar lo que nos ha sucedido; entonces, buscamos explicaciones banales cargadas de excusas, justificaciones o culpas hacia los otros, pero sin aprendizaje ni propuestas o compromisos de cambio o mejora personal. En la carrera perdemos momentos de felicidad y oportunidades de crecimiento que no volverán. 

Esa prisa ni siquiera nos permite disfrutar de lo que hacemos, ya que aún no hemos terminado  algo y estamos pensando en lo que vendrá o adquiriendo otros compromisos. Muchas cosas las vemos de manera superficial, atacando síntomas sin darnos cuenta que la causa sigue presente y continua desarrollándose, pero consideramos que debemos continuar cabalgando de prisa. Confundimos la vida con un hipódromo.

Todo el tiempo pretendemos estar haciendo algo, estar ocupados en algo, como si descansar y disfrutar de tiempos o momentos de ocio fuera algo pecaminoso. Los días, las semanas, los meses y los años pasan en un continuo hacer para tener más o para conservar lo que tenemos. Decía Ralph Waldo Emerson, el genial escritor, filósofo y pensador estadounidense "El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene", con esta interpretación de Emerson podríamos -sin temor a equivocarnos- afirmar que hay  personas exitosas, pero muy pocas felices.  

Sin duda, uno de nuestros peores hábitos es la costumbre de posponer, especialmente momentos de descanso y disfrute. Los dejamos para más adelante, como si tuviéramos vida eterna. Muchos viven luchando y haciendo algo hasta el último momento de sus vidas. Las actividades y tareas vienen unas detrás de otras, sin parar, siempre parece haber algo que nos impide disfrutar.  

Lo razonable es que cada cierto tiempo nos detengamos para evaluar lo que hemos hecho, lo que estamos haciendo y en que camino vamos; de esta manera nos brindamos la oportunidad de corregir el rumbo y hacer los ajustes a que haya lugar, evitando llegar muy lejos en la ruta equivocada. 

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

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lunes, 27 de julio de 2020

Se disfrazó tanto para los demás que murió sin saber quién era. Miguel A. Terán


Nos convencemos de ser alguien, pero en realidad, pensamos, sentimos, decidimos y actuamos de manera diferente a quien creemos ser. Para muchos existe una clara brecha entre el yo real y el yo deseado.  “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”, expresaba el escritor francés François de La Rochefoucauld. 

Aparentar lo que no somos es complicado, quizá por ello, el poeta y crítico austriaco Karl Kraus refería que  “Aparentar tiene más letras que ser”. Por su parte, el psicoterapeuta y autor Nathaniel Branden afirmaba que “Cuando intentamos vivir de una manera poco auténtica, siempre somos nuestra primera víctima, ya que, en definitiva, el fraude va dirigido contra nosotros mismos”. 

Es imposible llegar a ser felices cargando a diario el peso de un antifaz, escondiendo lo que somos y sentimos. Afirmaba el político y pensador hindú Mahatma Gandhi  que «La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía». 

En cuanto a ser auténtico, decía el filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre «Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es». La mejor demostración de autenticidad de J. P. Sartre, fue su rechazo al otorgado Premio Nobel de Literatura (1964), por considerar que los lazos entre el hombre y la cultura debían desarrollarse directamente, sin pasar por instituciones.   

Es un hecho que “Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay más rostros, pues cada uno tiene varios”, tal cual refería el escritor austriaco Rainer María Rilke.  Mientras el famoso escritor irlandés Oscar Wilde, en su sarcástico estilo nos recomendaba  “Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados”. 

Mostrar nuestra verdadera personalidad es clara señal de autoestima; no obstante,  debemos reconocer que no fácil ser auténtico. La sociedad nos ofrece variadas máscaras, presionándonos para que actuemos en la vida, exigiendo que dejemos de ser una voz y nos convirtamos en un eco. En otras palabras, un miembro más de un rebaño. El filósofo político, diplomático y escritor italiano Nicolás Maquiavelo, reconocía  la realidad de que “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, allí está el engaño.  
 
“El que aspira a parecer renuncia a ser”, afirmaba el psicólogo, psiquiatra, filósofo y escritor argentino José Ingenieros. Y la actriz italiana Eleonora Duse expresaba que “El mayor peligro de engañar a los demás, está en que uno acaba inevitablemente por engañarse a sí mismo”. 

Algunos eventos traumáticos, complicados o difíciles que nos ocurren en la vida nos brindan la oportunidad de cambiar y transformarnos, para ser auténticos, para ser mejores. Es todo un reto aceptar y lograr este cambio, porque ello nos exige realizar, no solo cambios cosméticos o superficiales, sino transformaciones profundas en muchos aspectos de nuestra vida. 

Esa búsqueda de autenticidad, de ser lo que realmente somos, nos lleva a considerar la posibilidad de recuperar nuestros verdaderos sueños, buscar o consolidar actividades que nos llenen y satisfagan, perder viejas amistades y conseguir nuevas, cambiar hábitos y estilo de vida; todo un proceso, a veces complicado, que nos llevará a transitar otros caminos en busca de la auténtica libertad y de un final feliz, saliendo de la sombra hacia nuestra propia luz.   

Miguel A. Terán
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miércoles, 22 de julio de 2020

‏Una persona no tiene que estar tras rejas para ser un prisionero.

“Una persona no tiene que estar tras rejas para ser un prisionero. La gente puede ser prisionera de sus propios conceptos e ideas. Pueden ser esclavos de sí mismos”.
Prem Rawat “Maharaji” (n. 1957). Conferencista hindú sobre la Paz Individual o Personal.


No hay peor esclavitud que la propia esclavitud, la escogida por nosotros mismos. Algunas de nuestras creencias y paradigmas nos limitan, cortándonos posibilidades de libertad y logros, manteniéndonos prisioneros. 

En innumerables oportunidades estamos desesperados buscando la puerta que conocemos para salir, incapaces de ver alternativas en otras puertas o ventanas. “Una persona solo está limitada por los pensamientos que elige”, afirmaba el filósofo inglés James Allen. 


“Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”, decía el industrial estadounidense Henry Ford. Pensar que no podemos escapar, que estamos condenados a permanecer en algún lugar o al lado de alguien, hará realidad que quedemos atrapados. El escritor estadounidense Wayne W. Dyer, afirma que “Somos aquello en lo que creemos”. 

Si somos libres o prisioneros, es el resultado de donde hemos llegado, al lugar donde nuestros pensamientos, decisiones y acciones nos han traído. En el futuro, estaremos donde nuestros pensamientos, decisiones y acciones nos lleven. Muchas veces no medimos las consecuencias de nuestras acciones, quedando atrapados por el resultado de nuestras palabras, tal cual lo expresó el escritor español Baltasar Gracián, al referir que “El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho”. 

Permitimos que nos esclavicen cosas, ideas, actividades, eventos, personas y mucho más. El escritor y poeta italiano Arturo Graf, consciente de ello, expresaba que “Los deseos son como los peldaños de una escalera, que cuanto más subes, tanto menos contento estarás”. Por su parte, el escritor francés Marcel Proust, consideraba que “Es un hecho que en busca de satisfacer deseos nos hacemos esclavos de esos deseos. El deseo florece; la posesión lo marchita todo”. Mientras tanto olvidamos disfrutar nuestros logros reales por estar enfocados en el nuevo reto a emprender o logro a buscar. Y luego, surgirá otro nuevo deseo que nos esclavizará con su búsqueda, por los siglos de los siglos. 

En el otro extremo, al no dejarse atrapar ni hacerse prisionero de sus pensamientos, emociones ni sentimientos el activista, político, filántropo y Premio Nobel de la Paz, el sudafricano y líder mundial Nelson Mandela, comentaba que “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe, que si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento seguirá siendo un prisionero”. 

“Somos golpeados por las circunstancias mientras continuemos creyendo que somos víctimas de las circunstancias externas”, expresó el antes referido filósofo inglés James Allen. Algunas veces "luchamos" por aparentes e insignificantes libertades, oponiéndonos tercamente a cumplir alguna norma o exigencia, cuando en realidad somos realmente prisioneros de cárceles más grandes impuestas por el sistema y la cultura.

No entender que nosotros somos autores de nuestras circunstancias, nos lleva por la vida en el papel de víctimas, sufriendo sin poder resolver. “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, afirmaba el sabio Buda, fundador del Budismo. Agregaría, "...y de lo que hemos permitido". 

Entonces, no es lo que nos sucede, sino lo que pensamos e interpretamos acerca de lo que nos sucede. Así lo ratificó la  escritora estadunidense Anais Nin cuando dijo “No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos”.

Miguel A. Terán
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Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia.

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miércoles, 8 de julio de 2020

Reflexión: Los Dioses y la Felicidad

Un día en el tiempo los dioses estaban reunidos creando al ser humano. Y acordaron hacerlo a su imagen y semejanza, totalmente parecido a ellos, con la excepción de que no podían hacerlos seres felices; en otras palabras, los seres humanos deberían buscar por su propia cuenta la felicidad, porque si fueran felices por naturaleza los estarían convirtiendo en dioses.

Entonces, los dioses comenzaron a discutir y disertar acerca de cómo podían esconder la felicidad. Uno de ellos, sugirió “Podemos esconderla en el fondo del mar”, y otro dios expresó “Recuerden que los creamos a nuestra imagen y semejanza, son seres inteligentes, como nosotros; por tanto, en algún momento la encontrarán en el fondo del mar”.

Otro, planteó la idea de esconder la felicidad en un lejano planeta, pero la respuesta fue parecida y casi unánime “Algún día construirán una nave espacial y llegarán hasta ese planeta”.

Y así siguieron buscando, planteando y considerando opciones, las cuales eran rechazadas, hasta que uno de los dioses preguntó “¿Qué tal si escondemos la felicidad dentro de ellos mismos?”, “con seguridad les será difícil encontrarla, porque estarán siempre muy ocupados buscándola afuera de ellos, en otros lugares, en otras personas, en cosas materiales, en la fortuna, en el poder, en la fama y en el éxito”.

Y entonces, desde ese momento, los seres humanos hemos pasado nuestras vidas buscando la felicidad fuera de nosotros, cuando en realidad la felicidad está dentro de nosotros mismos.

Autor Anónimo

Miguel A. Terán

Psicología, Filosofía y Coaching

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