jueves, 12 de febrero de 2026

La indiferencia no exonera nuestra responsabilidad, culpa, castigo ni consecuencias.

 

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper, Miami, Florida USA. Ene. - Feb. 2026

Miguel A. Terán

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Podríamos considerar la indiferencia como una posición neutra con respecto a un evento, condición, circunstancia, situación o persona, pero en realidad no lo es, por la sencilla razón que no existen actitudes ni conductas neutras, todo tiene efecto y es causa. Un ejemplo de ello fue expresado por el clérigo y pacifista sudafricano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz 1984, cuando dijo: “Si eres neutral en situaciones de injusticia has elegido el lado del opresor”.

El escritor húngaro Elie Wiesel sobreviviente de campos de concentración y Premio Nobel de la Paz en 1986, expresaba que “La indiferencia nunca es una respuesta”. Es común escuchar que alguien decide no “decidir”, lo cual no tiene sentido, porque la decisión de no decidir es en sí misma una decisión. Un caso tristemente común, es cuando alguien se abstiene de votar en una elección, de cualquier tipo; entonces, es válido reconocer que su abstención fue en realidad un voto para el ganador, porque tal vez su voto y el de otros individuos que decidieron no votar, hubieran hecho una diferencia en los resultados a favor de otro candidato.


Lo cierto es que la falta de sensibilidad y la indiferencia nos convierten en personas frías, superficiales, escasas de empatía, calculadoras y egoístas. Cuando nos hemos dejado consumir en nosotros mismos, en nuestros únicos intereses, olvidando que amar es apoyar y ayudar, pero en serio y de verdad, hasta que duela hacerlo, como refería la Santa Madre Teresa de Calcuta.

Una palabra que hace parte de todo este tema es la empatía, cuyo significado nos define y describe como seres humanos, porque esta virtud nos brinda la posibilidad de reconocer, compartir y entender sentimientos, situaciones, circunstancias y estados de ánimo de otros seres humanos, permitiéndonos sensibilizarnos ante ello. Es esa capacidad de colocarse en el lugar del otro para poder comprenderlo de verdad.

Tristemente, algunos individuos consideran la empatía como debilidad de carácter. Recientemente el multimillonario Elon Musk, expresó su desacuerdo con la empatía, considerándola una debilidad de la cultura occidental. Aunque la verdad es que un individuo sin capacidad de ser empático podríamos definirlo como cualquier cosa, menos como ser humano.

Las necesidades y particulares circunstancias de quienes nos rodean deben ser importantes para nosotros, porque en algún momento las cosas y situaciones pueden cambiar. Cuando estamos bien, especialmente en lo económico, nos consideramos inmunes o blindados, pero es válido tener presente lo expresado por el Papa Francisco, quien nos sugirió que cuando vayamos subiendo saludemos a todos, porque éstos serán los mismos que encontraremos cuando vayamos bajando.

La sensibilidad es genuino interés, preocupación y deseo de apoyo y colaboración hacia los demás, hacia ese otro que nos necesita. Sin darnos cuenta vamos perdiendo esa sensibilidad, al otorgar poca o ninguna importancia al sufrimiento y dolor de otros, y allí se nos va nuestra humanidad. Entonces, evitemos la indiferencia, porque ésta nos hace insensibles ante el sufrimiento o los problemas de los demás.

Recordemos que en otro momento de nuestras vidas hemos necesitado afecto, cariño, comprensión y apoyo, y seguramente fue de valor para nosotros una simple palabra de aliento o estímulo, unos minutos que alguien nos dedicó a escucharnos, así como el apoyo y solidaridad recibidos.  Ningún individuo de la raza humana podría sobrevivir sin un mínimo de atenciones en su temprana infancia. Pero desgraciadamente, olvidamos rápido ese agradecimiento, como dice el cantautor Rubén Blades en una de sus famosas canciones: “Tan pronto nos sale el clavo se olvida todo el sufrimiento”.

En oportunidades dejamos solos a nuestros familiares y amigos. Dejamos solos a aquellos quienes han sido parte importante para lograr lo que somos hoy día. Parafraseando al escritor y bioquímico de origen ruso Isaac Asimov, podríamos considerar que una persona insensible es una persona peligrosa.

Ser sensible es una actitud, no es una simple y esporádica conducta, que nos lleva a extraer de la cartera una moneda o un billete para dárselo a alguien que pide limosna. Ser sensible es más que eso, es entender el sufrimiento y las limitaciones de esa persona para haber llegado a ello. Ser sensible es un reflejo de nuestro interior, de nuestra espiritualidad. La sensibilidad es nuestra capacidad de pensar en los demás, conscientes de que ellos algún día podrán pensar en nosotros.

El fallecido Maestro espiritual Osho consideraba que, al sentir lástima por alguien, estaba actuando nuestra mente, mientras que si sentimos compasión es empatía, es colocarnos en el lugar y situación del otro, sintiendo – también – como nuestro el problema o situación de la otra persona. Por su parte, el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano afirmaba que “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

Al mezclar ambos pensamientos podríamos concluir que la lástima lleva a la caridad y la compasión a la solidaridad. La conclusión parece ser tener compasión por los demás y hacerse presente mediante la solidaridad. Además, la compasión y la solidaridad nos convierten en personas sensibles hacia los demás; por ello, no consisten solo en involucrarse y brindar esporádica ayuda sino en comprometerse con quien requiere ayuda.

Basta que estés viviendo o quizá sufriendo alguna situación crítica, para que percibas la falta de solidaridad de muchos, y basta que estés bien, para que los demás perciban tu falta de solidaridad.

domingo, 11 de enero de 2026

Objetivos: Herramienta vital para transitar del sueño a la acción y los logros

 

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper, Miami, Florida USA. Dic. 2025 -Ene. 2026

Miguel A. Terán

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Es casi un hábito hacer propósitos de cambios y mejoras para cada año que comienza, costumbre que repetimos año tras año, casi como un ritual, pero que no siempre finaliza llena de logros una vez transcurridos los 365 días. Y, es importante, preguntarnos, ¿Qué ha pasado? especialmente con esos propósitos y sueños que llevan tiempo en nuestra mente y corazón, queriendo ser alcanzados, pero que no han podido dejar de ser simplemente sueños.


¿Por qué seguimos en este trabajo?; ¿Por qué seguimos viviendo en casa de nuestros padres o rentados?; ¿Por qué seguimos con este vehículo deteriorado?; ¿Por qué seguimos en esta relación tóxica?; ¿Por qué no hemos concluido nuestros estudios?; ¿Por qué seguimos permanentemente endeudados?; ¿Por qué estamos estancados?; Y muchos más ¿Por qué?

Se dice que un objetivo es un sueño con piernas. En otras palabras, si a nuestros sueños no les ponemos logros medibles y cuantificables, con tiempos definidos para alcanzarlos, convirtiéndoles de esa manera en objetivos, y comprometernos con su logro, esforzándonos y trabajando en ellos, nunca dejarán de ser simples sueños.

“Para cambiar tu vida, tienes que cambiar tus prioridades” dice el escritor y conferencista estadounidense John Maxwell. Entonces, los objetivos que escojas y definas deben ser tus prioridades, enfocándote con pasión y dedicando todos tus recursos y esfuerzos para perseguirlas y alcanzarlas.  

El Premio Nobel de Literatura (1947) el escritor francés André Gide expresó “No se descubren nuevos continentes sino se tiene el valor de perder de vista la costa”. En otras palabras, es imposible avanzar hacia el futuro o echar raíces en un nuevo lugar o actividad, si nuestra mente se quedó en el ayer y en el allá, porque nuestra realidad y futuro se construyen en el aquí y el ahora, los cuales nos llenan de suficientes retos y vicisitudes.

Pasar los días rumiando los temas de aquí y de allá, del presente y del pasado, y comparando unos con otros, nos agota y hurta todas las energías para enfocarnos en lo que debemos enfocarnos, en nuestras prioridades. Es importante tener presente que es en el hoy el lugar donde estamos construyendo nuestro futuro.

El problema es que todas esas preguntas que mencionamos unos párrafos atrás, al no darles adecuada respuesta, se agravarán con el paso del tiempo. Y, cada vez, representarán retos más grandes, difíciles y complicados. Es un hecho que podemos “maquillar” los síntomas de los problemas, y sentir cierto alivio temporal; por ejemplo, tomando algo para reducir una fiebre, pero si no atacamos la causa de la fiebre, por ejemplo, la infección, el problema se complica afectándonos de manera más grave. 

Una buena parte de esos propósitos, inadecuada e incompletamente definidos, se quedan -como expresamos líneas atrás- en sueños o buenas intenciones; generalmente, porque nunca fueron puestos como objetivos, les faltó precisión, metas y planificación, pero sobre todo convicción y compromiso, para lograr la requerida y necesaria disciplina.  

El hábito de postergar que ya tiene una palabra propia en español procrastinar, que significa diferir o aplazar, así como posponer o postergar, es un reflejo del escaso compromiso y la consiguiente falta de disciplina.

Son variadas las razones para que esto ocurra, comenzamos equivocándonos al no evaluar ni reflexionar lo que hicimos durante el año que recién concluye, para tomar como referencia y repetir las buenas experiencias y resultados en el nuevo año, a la vez que evitamos lo improductivo y desgastante.

También es vital ubicar o precisar el lugar donde nos encontramos y tener muy claro el lugar a dónde queremos llegar. Es absolutamente imposible dirigirnos a un lugar que no conocemos, ni sabemos dónde queda y peor aún si desconocemos desde dónde estamos partiendo. La condición actual y la condición deseada son vitales para trazar una ruta, precisar los recursos necesarios y avanzar.

En otras palabras, es indispensable a la hora de considerar objetivos, saber dónde estamos y a dónde queremos llegar, porque de lo contrario giraremos en círculos o tomaremos cualquier rumbo. Decía Lucio Séneca, el filósofo, político, orador y escritor romano, que “Ningún viento es favorable para quien no conoce el puerto al que quiere arribar”. En la misma dirección el Profesor y escritor canadiense Laurence J. Peter, reconocido por haber formulado el Principio de Peter, afirmaba: “Si no sabes dónde vas, acabarás en otra parte”.

En proyectos de familia, tales como la crianza y los estudios de los hijos, la compra de nuestra vivienda, la compra de vehículos, los proyectos de mejora de nuestra casa, las inversiones en general, etcétera, son responsabilidad de ambos miembros de la pareja. Se pueden asignar tareas específicas a algunos de los miembros de la pareja, debidamente conversadas y discutidas, pero la responsabilidad de las decisiones, avances, éxitos y desaciertos son de los dos. 

Otro aspecto importante y básico por considerar, es la globalidad de los objetivos, para armonizar, balancear y equilibrar los diferentes aspectos de nuestra vida como individuos y en nuestras relaciones de pareja, familia, trabajo, profesión, finanzas, espiritualidad, salud, descanso y recreación, amistades, sociedad, comunidad, etcétera. 

Y para concluir, los objetivos deben dividirse y establecerse en corto, mediano y largo plazo, de manera tal que lo que hagamos hoy tenga relación y planificada secuencia y consecuencia en nuestros objetivos y resultados del mañana.

viernes, 28 de noviembre de 2025

El Fanatismo: Un virus que destruye el espíritu humano y las sociedades.

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper Miami, Florida USA Nov. - Dec. 2025

Miguel A. Terán

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Iniciemos este complicado tema con una frase del novelista y ensayista francés André Maurois “Solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”. Deberíamos reconocer que en todo existen variados puntos de vista o perspectivas, y que cada uno de éstos pueden contener algo o mucho de la verdad. Sin embargo, innumerables personas acostumbran a leer, ver, escuchar o seguir solo y únicamente lo que está de acuerdo o en línea con su forma de pensar o su particular ideología o interés, acerca de algún tema, perdiendo la capacidad de crítica a la causa, razón, motivo o fuente de sus creencias, lo cual llevado a extremos se convertirá en demostraciones de fanatismo.


Para comprender el concepto de fanatismo podemos reconocerlo como la expresión desmedida, incondicional e irracional de creencias, paradigmas y opiniones religiosas, políticas, sociales, grupales, culturales, de estilo de vida y más. Una de las características del fanatismo es la pérdida de contacto con los hechos y la realidad, alejando al individuo de la razón y del sano sentido común, para llevarlo paulatinamente a la intransigencia e intolerancia, que se transforma en extremismo, radicalismo y sectarismo, y en sus expresiones más extremas puede llegar a la agresión y la violencia.

Debemos reconocer que la ignorancia es una de las características básicas del fanatismo, porque permite que muchos individuos tomen las “verdades” de otros como sus verdades, llegando a defenderlas apasionadamente y sin cuestionar. Sin ignorancia, definitivamente no habría fanatismo. Es válido aclarar que la educación formal no exime o libera a los individuos de la ignorancia, porque la ignorancia va más allá del conocimiento. La ignorancia hace acto de presencia sin considerar estrato social ni academia, porque depende más de la actitud de cada individuo, para informarse, conocer y reflexionar.

Sin embargo, hoy día es más fácil hundirse en este hueco de ignorancia, porque las redes sociales y los motores de búsquedas en internet, van determinando el contenido que vemos y la frecuencia, ya que el diabólico algoritmo detecta patrones previos de búsquedas y nos llena con información sesgada solo hacia ese patrón.

Cuando el virus del fanatismo ya ha avanzado en nuestras mentes, corazones y espíritus, seremos absolutamente intolerantes ante cualquier crítica o descalificación a lo idealizado, llegando a defenderlo con irracional convicción. La búsqueda de la verdad queda anulada, porque no hay cabida para ninguna opinión contraria que pueda poner en duda esos fanáticos puntos de vista. El médico y escritor francés Jean B. F. Descuret expresó “Un paso más allá del entusiasmo, y se cae en el fanatismo; otro paso más, y se llega a la locura”. 

En la búsqueda de esos sanos puntos medios o de equilibrio parece estar la solución para lograr un mundo equilibrado y armónico, alejado del fanatismo. Es una absoluta realidad, que muchos individuos han venido perdiendo el punto de vista propio, mientras se convierten en simples «ecos» de alguien más.

La horrible frase “Estás conmigo o estás contra mí”, es cada vez más vigente, en un mundo que hace desaparecer esos -antes mencionados- espacios o puntos medios o de equilibrio, para irse a los extremos. Sin embargo, una peor frase, que en realidad podemos catalogarla de blasfemia es “Si Dios conmigo, quien contra mí”, donde el fanático que la expresa considera absurdamente, que tiene a Dios de manera incondicional a su lado.

Hoy en día mencionar algunas palabras, es arriesgarnos a que nos tilden de algo. El fanatismo nos roba palabras que parece no podemos utilizar libremente. Ideas dirigidas a conseguir adeptos y fanáticos a muchas oscuras o interesadas causas, desvirtúan hechos y reales problemas. Los seres humanos somos seres sociales, pero la palabra «social», por ejemplo, ha sido diabolizada o demonizada, en una sociedad cada vez más individualista, pragmática y sin rasgos de empatía. 

Estamos atrapados en nuestros respectivos partidos políticos, grupos religiosos, grupos sociales de diferente índole y tendencia, en los cuales cualquier discrepancia o separación con respecto a las líneas del grupo, partido o del líder de turno, es considerada un acto de disidencia e irrespeto. En realidad, muchos de estos grupos son literalmente prisiones.

Cuando algún individuo decide criticar, discrepar o separarse de las líneas ortodoxas del grupo al cual pertenece, este individuo es censurado y descalificado públicamente, en una actitud casi fundamentalista. Sin ninguna intención de comprender razones ni argumentos, porque se concibe como una herejía el solo hecho de discrepar o disentir de las líneas dogmáticas de esa casi “secta” política, religiosa o de cualquier tipo.

El odio es uno de los combustibles emocionales del fanatismo, el cual aparece cuando un individuo percibe a otra persona, grupo o idea, como una amenaza, real o ficticia, a sus valores, intereses y seguridad. Las personas que sienten odio buscan validación y apoyo, y los grupos fanáticos ofrecen un “sentido” de comunidad y propósito, reforzando la idea de que el enemigo común debe ser combatido. El fanatismo, en su emocionalidad, usa narrativas muy básicas y simples: “nosotros somos buenos, ellos son malos”. La ignorancia mezclada con odio alimenta esta visión binaria, de extremos, eliminando matices, tonos, puntos medios y fomentando la intolerancia.

Muchos individuos tienen dentro de sí mismos odios viscerales, importados de otros horizontes y de otros momentos en el tiempo, algunos vividos, pero otros muchos heredados, que son extrapolados a los nuevos lugares y momentos, repitiendo y reviviendo continuamente en sus mentes la historia que vivieron o simplemente les contaron, convirtiéndose en fanáticos defensores de esas creencias y odios viscerales, ya quizá, la mayoría de ellos, extintos y sin sentido.  

La historia de la humanidad demuestra que ningún fanatismo ha conducido a buen destino; por el contrario, ha multiplicado tragedias y sembrado la tierra de odios, guerras y sangre. Comprender la naturaleza y razones del fanatismo es vital para no convertirnos en “tontos útiles” al servicio de sus irracionales y oscuras motivaciones.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

!FELIZ DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS! / HAPPY THANKSGIVING DAY!



jueves, 6 de noviembre de 2025

Leer es muy importante, pero es vital hacerlo con conciencia y sabio criterio - Miguel A. Terán

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami, Florida USA Octubre - Noviembre 2025

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Afirmaba el escritor estadounidense Samuel Langhorne Clemens, mejor conocido por el seudónimo de Mark Twain que "Una persona que no lee, no tiene ninguna ventaja sobre aquel que no sabe leer". En similar orden de ideas expresaba el poeta brasileño Mário Quintana que “Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen”. 


Leer es una herramienta imprescindible para la vida, pero muchas veces la dejamos a un lado, mientras decidimos y actuamos sin utilizarla. Abundan los lectores de titulares de periódicos, aunque hay quienes ni siquiera leen los titulares. Mucha “información” compartida en medios, internet y en las redes sociales, hacen esfuerzos por redactar efectivamente el titular que quieren que la gente tome como la verdad, conscientes de que muchos de los lectores asumirán una posición, sobre el tema, basados únicamente en la lectura del titular.

La reflexión sobre lo leído, unida a la heterogeneidad de perspectivas y autores es lo que nos dará una visión amplia y nutrida sobre el tema tratado. Leer solo un lado de las historias impide el equilibrado concepto del tema, de sus razones y de la evolución de sus raíces y causas. Se hace cierta la realidad de que «El Lobo siempre será malo, mientras Caperucita continúe escribiendo el cuento».

Con el caso de la lectura de titulares es increíble reconocer o darnos cuenta, cuando leemos el texto completo, como infinidad de veces el titular no refleja adecuadamente el contenido del texto. Lo grave es que podemos hacernos de una errónea idea del contenido solo basando nuestra percepción y futura opinión sobre un titular, muchas veces sesgado a propósito.

El comediante y actor estadounidense George Carlin decía “No solo enseñes a tus hijos a leer, enséñales a cuestionar lo que leen”. Cuando leemos de manera seria y responsable deben surgir cuestionamientos o dudas sobre lo leído; y ello, nos exige –responsablemente- indagar más sobre el tema, antes de asumir el mensaje como correcto o verdadero y convertirnos en eco de este.

El analfabetismo es no saber leer ni escribir. Sin embargo, existe el analfabetismo funcional que ocurre en individuos que han aprendido a leer, pero son incapaces de utilizar adecuada y efectivamente sus habilidades de lectura en su vida cotidiana. Un claro ejemplo de ello, lo podemos ver en la cantidad de productos que utilizamos a diario, en nuestra alimentación, aseo personal o limpieza de nuestras casas, que son productos cargados de químicos, azúcares y aceites dañinos para la salud, pero simplemente tomamos el producto de los anaqueles, sin leer las etiquetas, y lo colocamos en el carrito de compras.

La realidad es que podemos encontrar en los anaqueles de los supermercados toda clase de basura, tal como “jugos de frutas”, que no solo contienen productos dañinos para salud, sino que el principal componente es agua, ya que solo tienen 1% o 5% o 10% de jugo; en otras palabras, la ausencia de lectura de la etiqueta nos lleva a comprar agua a precio de jugo, y además con muchos químicos.

La lectura nos brinda la posibilidad no solo de comprender sino de tomar conciencia y desarrollar el pensamiento crítico acerca de temas importantes. Pero, lo anterior se logra solo con la adecuada escogencia de lecturas, de diferente fuente, para tener adecuadas perspectivas de los temas.

Ratificamos que la lectura es una herramienta imprescindible en nuestra formación, aprendizaje y cultura. Sin embargo, muchas veces al leer solo de determinadas fuentes estamos simplemente confirmando nuestras creencias y paradigmas. Es nuestra responsabilidad filtrar y escoger adecuadamente la información que recibimos, leemos y transmitimos, para no llenar de basura nuestra mente ni nuestro corazón, ni hacer daño al transmitirla a nuestros amigos reales y virtuales.

Ese tipo de lectura sesgada no nos permite avanzar en el logro de un nivel superior de conciencia, ya que evita o mutila el pensamiento crítico. Por otro lado, ese fanático sesgo de un tipo particular de lectura estimula o motiva a rechazar lecturas que podría invitar a considerar otra información, perspectiva o punto de vista.

A través de la lectura aprendemos a analizar, reflexionar y poder cuestionar críticamente los diferentes temas. Expresaba Martin Baron, periodista y ex editor del Washington Post que "Mucha gente no quiere ser informada, sino, más bien, reafirmada en sus puntos de vista". Leer requiere compromiso, porque la lectura parcial o superficial de un tema no es un verdadero acto de lectura. Al leer parcial o superficialmente, quedan muchos vacíos de información que generalmente los llenamos con nuestra interpretación o especulación sobre el tema. Es preferible no leer, que leer a medias.

Está el otro extremo, también dañino, que es leer de todo, porque allí se corre el riesgo de no absorber ni procesar adecuadamente el exceso de información, pudiendo llegar a adquirirse –literalmente – una “indigestión mental”, que complicará la posibilidad de alcanzar equilibrio al razonar sobre lo leído y nos desconecta de la realidad.

Tenemos que aprender a utilizar la habilidad de la lectura, leyendo a diario. Pero, es muy importante escoger adecuadamente las lecturas, ya que muchos medios, internet, redes sociales y libros, están llenos solo de basura. Las buenas lecturas deben nutrir nuestra mente, corazón y espíritu, jamás intoxicarnos. Recordemos que no solo nos mal nutrimos con alimentos, también lo hacemos con lo que leemos, vemos y escuchamos.