“EVITEMOS DAR NUESTRO VOTO BASÁNDONOS SOLO EN QUIEN TIENE MÁS PUBLICIDAD”
Es preocupante pensar que una persona pueda
decidir su voto tomando como principal referencia la cantidad de avisos
publicitarios que vio en calles, vallas, redes sociales o medios de
comunicación sobre un determinado candidato.
Durante los períodos electorales, las ciudades y pueblos suelen inundarse de propaganda política. En muchos casos, lo que destaca es el APELLIDO del candidato en letras enormes, acompañado de una fotografía llamativa y algún breve eslogan cuidadosamente diseñado. Detrás de estas estrategias existe un conocimiento profundo de marketing político: mientras más veces una persona ve ese APELLIDO, más familiar le resulta y mayores son las probabilidades de que lo recuerde al momento de votar.
Hace algunos años, cuando vivía en un pequeño pueblo de Florida, observé este fenómeno durante unas elecciones municipales. Ya tenía la posibilidad de ejercer mi derecho al voto, y comencé a ver el tema desde otra perspectiva. Algunos candidatos tenían literalmente las calles repletas de anuncios, mientras que otros apenas contaban con unas pocas señales visibles. Los resultados favorecieron principalmente a quienes contaban con mayor presencia publicitaria, aunque hubo algunas excepciones de candidatos con recursos económicos y publicitarios limitados.
Al analizar aquellos avisos, me di cuenta de
que, aparte del apellido, el nombre y el cargo al que aspiraban había muy poca
información de valor. Pensé entonces que votar basándome únicamente en esos
elementos sería algo parecido a aceptar una cita a ciegas. Por esa razón decidí
investigar más profundamente quiénes eran los candidatos.
Busqué información sobre su formación
académica, experiencia profesional, capacidades de liderazgo y planes de
gobierno. Para mi sorpresa, encontré muy poco contenido útil. Descubrí detalles
sobre sus creencias religiosas, su afiliación política, su vida familiar o su
reputación personal en la comunidad, pero muy poca información que permitiera
evaluar seriamente su capacidad para ejercer el cargo.
Lo más preocupante fue que resultaba difícil
encontrar planes de gobierno estructurados. Rara vez aparecían respuestas
claras a preguntas fundamentales: ¿Qué desean hacer? ¿Por qué consideran
necesario hacerlo? ¿Cómo piensan lograrlo? ¿Cuándo esperan obtener resultados?
¿Qué recursos utilizarán? ¿Cómo medirán el éxito de sus propuestas? Sin
respuestas claras a esas preguntas, resulta difícil para cualquier ciudadano
determinar si una candidatura se basa en un proyecto serio o simplemente en una
campaña de imagen. Y, será imposible evaluar a futuro sus resultados.
En ciudades más grandes suele existir más información acerca de quién es el candidato y qué ha hecho para demostrar su capacidad para ejercer el cargo al que aspira, pero aún es necesario investigar más profundamente esos candidatos en competencia, ya que podemos sorprendernos o asustarnos.
Al igual que cuando vamos a reservar un hotel, un vehículo de alquiler, contratar un servicio o realizar alguna compra; entonces, antes de decidir es sano verificar los llamados “Reviews” o “Revisiones de Clientes” anteriores, quienes hacen una valoración del servicio o la compra y expresan por escrito sus experiencias, las cuales pueden servir como referencia o guía para nuestra decisión.
También surgió otra inquietud. Cuando observaba
aquellas campañas y cuando observo campañas similares en la actualidad, me
pregunto de dónde provienen los recursos para financiarlas. La publicidad
política no es gratuita, y cuando los montos invertidos parecen excesivos, es
razonable que el votante se pregunte quién financia esas campañas y qué
expectativas o intereses podrían tener quienes realizan dichas contribuciones.
A partir de esa experiencia adopté una práctica
que mantengo hasta hoy: dedicar tiempo a investigar a los candidatos antes de
votar. En varias ocasiones, esa investigación ha cambiado por completo mi
impresión inicial y mi intención de voto, e inclusive, el voto de mi familia y amigos cercanos,
ya que comparto con ellos la información encontrada.
Es importante recordar que votar no es
solamente un derecho ciudadano. Es, sobre todo, una responsabilidad con nuestro
presente, con nuestras comunidades, con nuestros países y con las generaciones
futuras. Las decisiones políticas nunca son neutras; sus efectos pueden
sentirse durante muchos años, para bien o para mal.
Por eso, no votemos simplemente por quien tiene
más avisos publicitarios, más presencia en redes sociales o una campaña mejor
financiada. Votemos por quien demuestre mayor preparación, integridad,
capacidad de ejecución y compromiso con propuestas claras y verificables.
Porque un voto responsable requiere algo más
que reconocer un APELLIDO en una papeleta o planilla de votación:
requiere pensar, investigar y decidir con criterio propio.
Miguel A. Terán
Octubre 2026.






