Artículo
publicado en Los Tiempos Newspaper, Miami, Florida USA. Ene. - Feb. 2026
Miguel A.
Terán
www.miguelterancoach.blogspot.com
www.lidervoice.com
Podríamos considerar la indiferencia como una
posición neutra con respecto a un evento, condición, circunstancia, situación o
persona, pero en realidad no lo es, por la sencilla razón que no existen
actitudes ni conductas neutras, todo tiene efecto y es causa. Un ejemplo de
ello fue expresado por el clérigo y pacifista sudafricano Desmond Tutu, Premio
Nobel de la Paz 1984, cuando dijo: “Si eres neutral en situaciones de
injusticia has elegido el lado del opresor”.
El escritor húngaro Elie Wiesel sobreviviente de campos de concentración y Premio Nobel de la Paz en 1986, expresaba que “La indiferencia nunca es una respuesta”. Es común escuchar que alguien decide no “decidir”, lo cual no tiene sentido, porque la decisión de no decidir es en sí misma una decisión. Un caso tristemente común, es cuando alguien se abstiene de votar en una elección, de cualquier tipo; entonces, es válido reconocer que su abstención fue en realidad un voto para el ganador, porque tal vez su voto y el de otros individuos que decidieron no votar, hubieran hecho una diferencia en los resultados a favor de otro candidato.
Lo cierto es que la falta de sensibilidad y la
indiferencia nos convierten en personas frías, superficiales, escasas de
empatía, calculadoras y egoístas. Cuando nos hemos dejado consumir en nosotros
mismos, en nuestros únicos intereses, olvidando que amar es apoyar y ayudar,
pero en serio y de verdad, hasta que duela hacerlo, como refería la Santa Madre
Teresa de Calcuta.
Una palabra que hace parte de todo este tema es
la empatía, cuyo significado nos define y describe como seres humanos, porque
esta virtud nos brinda la posibilidad de reconocer, compartir y entender
sentimientos, situaciones, circunstancias y estados de ánimo de otros seres
humanos, permitiéndonos sensibilizarnos ante ello. Es esa capacidad de
colocarse en el lugar del otro para poder comprenderlo de verdad.
Tristemente, algunos individuos consideran la
empatía como debilidad de carácter. Recientemente el multimillonario Elon Musk,
expresó su desacuerdo con la empatía, considerándola una debilidad de la
cultura occidental. Aunque la verdad es que un individuo sin capacidad de ser
empático podríamos definirlo como cualquier cosa, menos como ser humano.
Las necesidades y particulares circunstancias
de quienes nos rodean deben ser importantes para nosotros, porque en algún
momento las cosas y situaciones pueden cambiar. Cuando estamos bien,
especialmente en lo económico, nos consideramos inmunes o blindados, pero es
válido tener presente lo expresado por el Papa Francisco, quien nos sugirió que
cuando vayamos subiendo saludemos a todos, porque éstos serán los mismos que
encontraremos cuando vayamos bajando.
La sensibilidad es genuino interés,
preocupación y deseo de apoyo y colaboración hacia los demás, hacia ese otro
que nos necesita. Sin darnos cuenta vamos perdiendo esa sensibilidad, al
otorgar poca o ninguna importancia al sufrimiento y dolor de otros, y allí se
nos va nuestra humanidad. Entonces, evitemos la indiferencia, porque ésta nos
hace insensibles ante el sufrimiento o los problemas de los demás.
Recordemos que en otro momento de nuestras
vidas hemos necesitado afecto, cariño, comprensión y apoyo, y seguramente fue
de valor para nosotros una simple palabra de aliento o estímulo, unos minutos
que alguien nos dedicó a escucharnos, así como el apoyo y solidaridad
recibidos. Ningún individuo de la raza
humana podría sobrevivir sin un mínimo de atenciones en su temprana infancia. Pero
desgraciadamente, olvidamos rápido ese agradecimiento, como dice el cantautor
Rubén Blades en una de sus famosas canciones: “Tan pronto nos sale el clavo se
olvida todo el sufrimiento”.
En oportunidades dejamos solos a nuestros
familiares y amigos. Dejamos solos a aquellos quienes han sido parte importante
para lograr lo que somos hoy día. Parafraseando al escritor y bioquímico de
origen ruso Isaac Asimov, podríamos considerar que una persona insensible es
una persona peligrosa.
Ser sensible es una actitud, no es una simple y
esporádica conducta, que nos lleva a extraer de la cartera una moneda o un
billete para dárselo a alguien que pide limosna. Ser sensible es más que eso,
es entender el sufrimiento y las limitaciones de esa persona para haber llegado
a ello. Ser sensible es un reflejo de nuestro interior, de nuestra
espiritualidad. La sensibilidad es nuestra capacidad de pensar en los demás,
conscientes de que ellos algún día podrán pensar en nosotros.
El fallecido Maestro espiritual Osho
consideraba que, al sentir lástima por alguien, estaba actuando nuestra mente,
mientras que si sentimos compasión es empatía, es colocarnos en el lugar y
situación del otro, sintiendo – también – como nuestro el problema o situación
de la otra persona. Por su parte, el escritor y periodista uruguayo Eduardo
Galeano afirmaba que “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y
desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.
Al mezclar ambos pensamientos podríamos
concluir que la lástima lleva a la caridad y la compasión a la solidaridad. La
conclusión parece ser tener compasión por los demás y hacerse presente mediante
la solidaridad. Además, la compasión y la solidaridad nos convierten en
personas sensibles hacia los demás; por ello, no consisten solo en involucrarse
y brindar esporádica ayuda sino en comprometerse con quien requiere ayuda.
Basta que estés viviendo o quizá sufriendo
alguna situación crítica, para que percibas la falta de solidaridad de muchos,
y basta que estés bien, para que los demás perciban tu falta de solidaridad.


.jpg)

