Reflexión de Fin de Año “En este nuevo año cuidemos nuestra mayor fortuna: El Tiempo”. Miguel A. Terán

on miércoles, 16 de diciembre de 2015
Reflexión de Fin de Año
“En este nuevo año cuidemos nuestra mayor fortuna: El Tiempo”.
Miguel A. Terán

Con este escrito de hoy finalizamos las reflexiones del año 2015. Es propicia la oportunidad para agradecer la gentileza de amigos, lectores y seguidores, reales y virtuales, quienes dedicaron parte de su valioso tiempo a leer, reflexionar y compartir lo que escribo cada día. Definitivamente, este esfuerzo diario -que defino como quijotesco- es dirigido a todos y cada uno de ustedes, pero que también lo he considerado como mi aporte a la comunidad y sociedad de la cual formo parte. 
Quise escoger -para cerrar el año- un tema que resumiera mucho de lo tratado en mis reflexiones y consideré escribir acerca del TIEMPO, ese activo en cual gira todo lo demás, como la mejor alternativa para ofrecer un mensaje para el venidero año 2016. Es el tiempo –sin duda- nuestra mayor fortuna y activo en la vida. El escritor argentino Jorge Luis Borges lo ratificaba diciendo "El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho”. 
Entonces, comencemos por reconocer y tener siempre presente que somos hechos de tiempo; por ello,  cuando el tiempo de vida se nos acaba nada más existe para nosotros, sin importar lo que seamos, hagamos o tengamos todo se reduce a cero. 
Sin embargo y tristemente, acostumbramos a pasar por la vida tan de prisa que perdemos muchos de los espacios, momentos y tiempos por los cuales vale la pena vivir. Mientras corremos por sobrevivir olvidamos detenernos para vivir. 
En innumerables oportunidades nos obsesionamos con llegar a un lugar o alcanzar la deseada meta,  sin comprender que la vida no solo consiste en ir de meta en meta, sino en disfrutar tiempos, personas, lugares y caminos. Expresaba Santa Teresa de Calcuta, que “Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviéndola”. 
En esta época del año, cuando ya quedan escasos días para uno nuevo,  acostumbramos a revisar nuestros logros en el periodo que finaliza y planificamos –o cuando menos soñamos-  lo que deseamos alcanzar para el venidero. Existen metodologías y técnicas, muchas sofisticadas y otras tantas más simples, para intentar “gestionar” ese tiempo del cual creemos disponer. Pero la verdad es que podemos llenarnos de largas listas de sueños, deseos y objetivos, que algunas veces repetimos año tras año, sin mayores éxitos. 
A final de esos doce meses, no siempre nos cuestionamos las razones por las cuales no alcanzamos eso que deseamos. Tradicionalmente, buscamos justificaciones y culpables, entre ellos a la falta de disciplina,   palabra que demonizamos, atribuyéndole muchos fracasos en el logro de los objetivos. 
Es fácil y común escuchar “me faltó disciplina”,  para lograr tal o cual objetivo. Pero olvidamos que nuestro compromiso con el referido o particular objetivo, es el combustible que requiere la disciplina para ser constante y consecuente con su búsqueda; sin éste compromiso, la disciplina no funciona y siempre tendremos una excusa para no cumplir con el objetivo. 
Reconozcamos que muchas veces ni siquiera fue un objetivo lo que nos planteamos; por lo contrario,  fue simplemente un sueño o deseo, sin fechas, tareas, ni resultados medibles. Pero aún más importante, sería reconocer el nivel o grado de compromiso que habíamos establecido con ese objetivo. 
Entonces, reiterando, más que la disciplina, que considero solo una herramienta, lo que hace falta es compromiso con ese sueño, deseo u objetivo. Es por ello, que muchos objetivos relacionados con el cuidado preventivo de la salud, para evitar enfermarnos, no funcionan mientras no tengamos conciencia de lo que representa perderla. El verdadero  compromiso surge de la conciencia, la necesidad  y las prioridades, y debe estar presente en todo momento.   
Es fácil dispersarnos y literalmente, “lanzar flechas hacia todos lados”, cuando no hemos definido claramente nuestras prioridades de vida. En estos tiempos, mientras absortos y casi abobados miramos una pantalla, se nos escapan momentos de vida que ya no volverán; porque quizá podrán repetirse, pero nunca más serán los mismos. Se nos van con ellos sonrisas, paisajes, disfrutes y mucho más, mientras nos perdemos los suspiros y latidos que esos momentos debieron provocarnos. 
Es un hecho que requerimos transitar el camino de la vida brindando más atención a la orientación, al rumbo que llevamos,  que a la velocidad. Acelerar cuando hemos perdido el rumbo solo nos llevará a estar más perdidos y alejados de la ruta original. Por ello, es necesario detenerse regularmente para revisar el rumbo, y corregirlo si fuera necesario.  
El autor y orador motivacional estadounidense Jim Rohn, nos recordaba que “La pregunta más importante que debemos hacernos en las diferentes etapas de nuestra vida, no es ¿Qué estoy consiguiendo?, sino ¿En qué me estoy convirtiendo?”. Cuando la respuesta a la segunda pregunta nos haga cuestionarnos o dudar, es momento de reconocer que perdimos o comenzamos a perder el rumbo. 
Asumamos el compromiso para lograr que el venidero año nutramos de manera armónica y  balanceada nuestro cuerpo, mente, corazón y espíritu; dedicando de manera equitativa y equilibrada el tiempo requerido para formarnos, desarrollarnos  y crecer como seres humanos, armonizando los diferentes ambientes y contextos de los cuales formamos parte: familia, pareja, estudio, profesión, trabajo, amistad, espiritualidad y sociedad. 
Tengamos presente que nuestra condición de seres humanos la alcanzamos gracias al adecuado equilibrio entre esos entornos, pero perdemos esa condición humana al desequilibrarlos.  Debemos tener similar criterio para manejar armónica y balanceadamente lo urgente y lo importante, de acuerdo a nuestras prioridades y para lograr el debido equilibrio en los diferentes aspectos de nuestra vida. 
Sabiamente lo expresó Buda, afirmando "Lo que eres es lo que has sido. Lo que serás, es lo que haces ahora". Este nuevo año será el primero del resto de nuestra vida. Entonces, es importante cerrar capítulos, dejar atrás rencores, odios, apegos, enojos, culpas y todo aquello que representa una carga,  porque es difícil transitar en paz y felices por la vida mientras carguemos ese peso del pasado. 
Es igualmente preocupante la angustia de muchas personas por no desperdiciar tiempo, por despertar y levantarse para cumplir con una larga lista de actividades pendientes, que nunca se acaban y que si bien es cierto, les ayudan a sobrevivir o alcanzar el “éxito”, debemos reconocer que el precio que muchos pagan es no vivir. El brillante pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson nos recordaba que “El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene”. 
En este nuevo año les invito a conservar y proteger nuestra paz interior, porque todo aquello que nos hurte la paz no será bueno para nuestra felicidad. Con toda razón un autor anónimo decía “Sé selectivo en tus batallas, a veces tener paz es mejor que tener razón”.
Vivir llenos de angustias, temerosos y preocupados por el futuro, siempre tras una interminable lista de retos, insaciables en lo material pero vacíos en lo espiritual, es la ruta para perder la paz.  Tengamos presente que nuestra paz interior se alimenta del equilibrio que otorgamos a cada aspecto de nuestra vida y de la relación armónica y balanceada de éstos con nuestras prioridades. 
Una vez aclarados, definidos y comprendidos todos los aspectos considerados en la líneas anteriores, será más fácil encontrar entre el abundante material disponible, alguna técnica que nos ayude a organizarnos en busca de convertir nuestros sueños en metas, pero sin permitir que los sueños no roben la paz. El verdadero éxito debe permitirnos vivir en paz.

A todos ustedes hago llegar mis sinceros deseos de Feliz Navidad y que el nuevo año 2016, venga cargado de todo lo bueno, paz, salud y felicidad.

16 de Diciembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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