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jueves, 18 de junio de 2020

¿Quiénes son los Héroes y quiénes son los Villanos?, nuestra gran confusión en la vida. Miguel A. Terán

Articulo Publicado en Los Tiempos -Newspaper - Miami, FL. Abril 2020

En las diferentes etapas de nuestras vidas y de las sociedades surgen héroes y villanos, que desaparecen en otras etapas. Algunos de ellos, héroes y villanos, quedan permanentemente vigentes en el tiempo, por las huellas positivas o negativas que dejaron en nuestra vida o en nuestras sociedades, mientras otros desaparecen para siempre. Algunos, inclusive reaparecen en otros capítulos de la película de la vida, para bien o para mal. 


Sin embargo, la vida nos demuestra que algunos héroes más tarde los reconocemos como villanos, y algunos villanos más tarde nos damos cuenta que -en verdad- fueron héroes. En la vida, no todas las decisiones y acciones tienen efecto inmediato, en muchas ocasiones los efectos se hacen visibles meses o años después. El paso del tiempo parece ser útil para los buenos y dañino para los malos, porque pone al descubierto las mentiras y hace flotar las verdades. 

La historia está llena de falsos líderes, gobernantes, militares, profetas, sacerdotes, pastores, predicadores, maestros y más. Las enfermas o patológicas fantasías o los intereses personales o grupales de éstos, han llevado a personas y pueblos a apartarse de la verdad y a transitar por oscuros caminos. No obstante, como la verdad florece en algún momento, estos “héroes” con “pies de barro” también han caído en algún momento. Sin embargo, otros han permanecido -equivocadamente- como héroes, gracias a los mitos que se han tejido a su alrededor. 


También debemos reconocer que, debido a que la verdad es relativa, cada héroe y cada villano tiene sus admiradores y sus detractores, porque definitivamente a nadie lo aman o lo odian todos. También es justo reconocer que en los buenos ha habido cosas malas y en los malos cosas buenas, no todo es bueno ni malo en su totalidad.  

Una estrofa del poema del escritor y pensador español Ramón de Campoamor expresa: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. En otras palabras, percibimos y juzgamos desde nuestras creencias, paradigmas, puntos de vista e intereses. 

En la historia muchos héroes fueron crueles asesinos quienes en el “Nombre de alguien o de algo” causaron grandes desastres. Es triste reconocer que la historia, definitivamente, la escribe quien gana y, por ello, finalmente nunca sabremos la verdad. 

No es fácil quitar la máscara a un villano para saber quién realmente es.  Las apariencias engañan; por ello, un lobo disfrazado de oveja tendrá mayor éxito en su actividad depredadora. Alguien expresó, que «los malos ahora son ejemplo y los buenos son burla». Muchos héroes desconocidos hacen hazañas en silencio, con amor y desprendimiento desde la sencillez de sus vidas.  

La falta de auténticos modelos de vida da espacios para la aparición de antihéroes y charlatanes, quienes solo con una campaña de mercadeo bien financiada, logran que la publicidad y los medios nos lleven a confundir antihéroes con héroes. Basta que ese antihéroe con alguna particular “aptitud o habilidad”, haga adicionalmente algunas cosas extravagantes, y listo, ya surge un nuevo “modelo o héroe” a seguir.

Por ello, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, han salido en búsqueda de esos “modelos” o “héroes” detrás de un extraño muñequito de TV, un deportista, un artista, un cantante, un modelo, un gurú, youtuber, un influenciador o influencer, etcétera. Otros, corren atrás de un político, de un pastor, de un maestro, esperando una referencia o modelo de vida que no siempre lo guiará adecuadamente. 

En nuestra vida personal muchas veces nos enceguecen algunos individuos, quienes cargados de astucia y viveza nos atrapan y se convierten en nuestros nuevos héroes, desplazando a verdaderos héroes e incluso presionando para que convirtamos a esos anteriores héroes en villanos. Parecen estar siempre vigentes los viejos dichos: “Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros” o “Amores nuevos olvidan los viejos”. 

Es complicado permanecer como “neutro” en la vida, porque somos parte de una sociedad, y más temprano que tarde las decisiones y acciones de otros nos impactarán, para bien o para mal. Permanecer pasivos e indolentes no es ni una alternativa ni una solución. Tampoco se trata de culpar todo el tiempo a otros por lo que nos ocurre a nosotros o por lo que ocurre en el mundo, mientras permanecemos pasivos, como víctimas de algunos individuos. 

La realidad es que podemos y debemos esforzarnos en reconocer aquellos modelos auténticos de comportamiento humano y social, los cuales ofrecen alternativas nutritivas y de crecimiento, caracterizadas por ser armónicas, balanceadas y equilibradas para nuestro cuerpo, mente, corazón y espíritu; así como, para bienestar de nuestros congéneres y nuestra sociedad. Parafraseando al escritor H. Jackson Brown, podríamos afirmar, que nuestros modelos o líderes de vida deben vivir de tal manera, que cuando pensemos en justicia, ética, moral e integridad, pensemos en ellos como el mejor ejemplo. 

Miguel A. Terán

Psicología, filosofía y coaching.

Blog: www.miguelterancoach.blogspot.com
Web Page: www.lidervoice.com

Twitter: @MiguelATeranO




martes, 10 de marzo de 2020

El miedo: ese enemigo que nos impide reducir la velocidad de nuestra vida- Miguel A. Terán


Artículo publicado en Los tiempos Newspaper - Miami– Feb. 2020

Hemos permitido que las amenazas e incertidumbre nos atormenten y atemoricen, con múltiples e innumerables peligros, riesgos y desgracias presentes y futuras, reales o imaginarias, que generan -en cada uno de nosotros- un creciente estrés, ansiedad y angustia. 

Cuando creemos que nuestros recursos son menores que los “recursos” que nos exige algún particular reto, surge el miedo. No obstante, debemos reconocer que ese posible desbalance y desequilibrio de recursos entre las partes es solo una percepción muy personal y subjetiva. 

Ante tales y crecientes niveles de "amenaza e incertidumbre" parece que nuestros recursos siempre serán escasos, lo cual permite que surja y avance el miedo, quien nos propone acumular lo máximo posible como una alternativa para estar "protegidos", ante todas las "tragedias" que se avecinan. El filósofo, matemático y físico francés René Descartes, con sarcasmo, decía: “Mi vida estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron”.

Muchas industrias tienen como principal aliado el miedo, por ello se nos siembran miedos para ofrecernos seguridades, ya que siempre estará disponible el producto o los servicios que nos ofrecerán seguridad para "protegernos" de esos miedos. “Si quieres controlar a alguien, todo lo que tienes que hacer es hacerle sentir miedo”, expresa el autor brasileño Paulo Coelho. Definitivamente, el miedo nos controla y con el miedo nos controlan.

Entonces, siempre estará presente la necesidad de acumular y tener “un poco más”, por si acaso. Al estar enfocados en el futuro, acumulando "por si acaso", para evitar que esas amenazas se hagan realidad, convertimos al presente en un proceso cargado de esfuerzos, carreras y desasosiego para “crear un futuro seguro”, pero sin dar importancia al presente más allá de su rol como una vía de tránsito hacia el futuro. 

El afán de vida nos ha atrapado 24/7, ya no parece haber espacio ni tiempo para el descanso. Ambos padres trabajan y nuestras casas transitan a alta velocidad. La paciencia y la espera ya no están de moda. Todo es urgente y la impaciencia han tomado el mando y la dirección de nuestras vidas. Esas urgencias e impaciencia nos llevan a crear atajos para todo, a buscar «soluciones de microondas», que no garantizan un éxito real, tal vez solo un "éxito" como se concibe socialmente. Porque la realidad es que una vida con sentido no puede llevarse circulando por atajos y de urgencia en urgencia.

Así se nos escapa lo único que tenemos garantizado, el presente. Mientras el ocio ese necesario tiempo de descanso, distracción, recreación o reflexión que debe darse en los momentos libres, no de trabajo, tareas domésticas ni estudios, tristemente es considerado en nuestra sociedad como un pecado, porque la directriz o norma es que «Debemos estar siempre ocupados», haciendo algo que produzca resultados concretos y -en lo posible- de inmediato.  

Esas urgencias -reales, creadas o impuestas- nos mantienen corriendo, haciendo que olvidamos lo realmente importante, permitiendo así que surjan y crezcan malestares e inquietudes que más adelante se convertirán en problemas, como resultado de situaciones que no enfrentamos ni resolvemos a tiempo, y que a muchos atormentan, llevándolos a buscar escape en el alcohol, las drogas y hasta en el suicidio.

Cada día nuestros hijos pierden más sus espacios de infancia y adolescencia, para asumir muy tempranamente responsabilidades de adulto. Los niños son presionados para que finalicen sus estudios con la mayor velocidad y prontitud posible; sin entender, que estudios y madurez deben marchar juntos, para formar profesionales armónicos y balanceados, pero sobre todo para formar verdaderos y equilibrados seres humanos y sociales. 

La sobre estimulación de niños y jóvenes, en un mundo saturado de productos y servicios, tampoco deja espacios ni tiempo para que ellos aprendan a saborear y disfrutar, convirtiéndoles en individuos insaciables ante los estímulos, dejando abiertas muchas incertidumbres y dudas acerca de su verdadero éxito, bienestar y plenitud como adultos.

La ausencia de espacios y tiempos, para crecer, cambiar, transformarnos y madurar, acelera procesos que debilitan el desarrollo de las habilidades humanas de interacción y comunicación, requeridas y vitales para una sana vida social adulta. 

Corriendo por la vida -de preocupación en preocupación- nunca tendremos paz. Y cuando perdemos la paz, su lugar lo ocupa el miedo. Aunque podríamos considerar que es el miedo quien nos hurta la paz. Una vez que el miedo aparece la paz desaparece.   

Se hace necesario –y cada vez más prioritario- que consideremos un cambio en nuestra actitud ante la vida, aprendiendo a desacelerar y detenernos, de vez en cuando o cuando sea necesario, para poder disfrutar lo que hemos logrado o simplemente para reflexionar acerca de la ruta que llevamos, y considerar la necesidad de corregir o ajustar el rumbo.

Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching


martes, 18 de febrero de 2020

La solidaridad es necesaria, buena y válida solo en su justa medida y balance - Miguel A. Terán

Artículo Publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami, Florida. 

La palabra solidaridad hace referencia a esa actitud, sentimiento y conducta enfocada a brindar apoyo a causas, situaciones o acciones de otros con quienes tenemos relación, metas o intereses comunes. Esa ayuda o apoyo para la auténtica solidaridad debe ser desinteresada o desprendida, sin espera de ningún beneficio a cambio, ya que de lo contrario sería una transacción de negocios, comercial o intercambio de favores. Tampoco debe ser una obligación u orden, porque la auténtica solidaridad requiere que sea voluntaria.

Pero como todo en sus extremos, la solidaridad sin límites también es dañina. La solidaridad se distorsiona o sesga cuando la defensa o apoyo que brindamos hacia una persona, decisión, acción o causa se hace basada más en emociones, compromisos e intereses que en conciencia y razones, convirtiendo la solidad en un proceso literalmente automático. 

La expresión “Solidaridad Automática” me quedó grabada muchos años atrás en un negocio familiar, cuando un excelente empleado renunció al trabajo porque habíamos despedido a su hermana, quien también trabajaba en ese negocio, y a quien despedimos -después de brindarle varias oportunidades- debido a su deficiente calidad de trabajo, incumplimiento en sus labores, irresponsabilidad y muchos otros calificativos que describen un mal empleado. 

A ese empleado deficiente, a quien despedíamos, lo había recomendado -poco tiempo atrás- su hermano, el excelente empleado, y habíamos aceptado su recomendación tomando como referencia la buena experiencia con él. Sin embargo, los resultados no fueron para nada similares. No obstante, recibimos con sorpresa la renuncia del excelente empleado, quien argumentó como única razón de su retiro la “solidaridad familiar”. 

En casos como éste, al solidarizarnos de manera desmedida e irracional, basados en creencias, paradigmas y compromisos, pero no necesariamente en conscientes y equilibrados argumentos y razones, estaríamos llevando la solidaridad a un punto en el cual se pierde la capacidad de crítica y la sana razón.

La solidaridad erróneamente llevada a extremos de apoyo nos colocaría en los bordes del fanatismo, caso muy común en religiones y política. Y por supuesto, que también existe en particulares grupos familiares, como pudimos observar en el ejemplo de líneas atrás. 

En política ocurre que defendemos y apoyamos a ultranza a un candidato o a un partido político por el simple hecho de ser miembros de ese partido. Perdemos la capacidad para cuestionar actitudes, decisiones conductas y acciones del candidato o del partido, respaldando nuestro apoyo o soporte incondicional con variados e ilógicos argumentos. En estos casos, la solidaridad con el partido o el candidato está por encima de las características y capacidades del candidato y, por supuesto, del bienestar de la sociedad o comunidad.

Los políticos son propensos a realizar actos de demostración de solidaridad automática en público a líderes del partido o a su partido, aunque cuestionen en privado. No obstante, pesa más el miedo a perder unas elecciones, las posiciones políticas alcanzadas o los intereses personales o grupales que el bienestar del país o la comunidad, de manera tal que castran y justifican su descontento o diferencias.

No obstante, la falsa solidaridad es efímera o de corta duración, cambiando por diversas razones. En muchos casos, los intereses cambian y con ellos cambia o desaparece la solidaridad. Recordemos la expresión “Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros.  En otros casos, debemos reconocer que “Es fácil olvidar el infierno cuando llegamos al paraíso”. O como lo expresa una reconocida canción: “Tan pronto nos sale el clavo, se olvida todo el sufrimiento”. Todas estas expresiones tienen relación con la solidaridad mal entendida, porque ésta no debe ser un intercambio -como expresamos líneas atrás- que cuando las cosas mejoran se pierde o diluye, olvidando a aquellos que nos apoyaron o estuvieron cerca de nosotros en momento difíciles. 

Es válido también mencionar nuestra falta de solidaridad con algunos, a quienes consideramos fuertes y recursivos y nuestro exceso de solidaridad con otros, especialmente, en estos últimos aquellos que tiene capacidad de generarnos lástima o manipularnos.  

En estos tiempos podemos mencionar la «Falsa solidaridad en las redes sociales, cuando un “Like o Me gusta” es otorgado a alguien en retribución o reciprocidad por otro “Like o Me gusta” que recibimos de esa persona, sin ni siquiera revisar el contenido de lo compartido». Entonces, sin duda podemos concluir, que para muchas personas los “Like o Me Gusta” son automáticos, porque podrían no tener relación alguna con el contenido, esfuerzo, interés o intención de quien publicó, escribió o compartió, sino que solo reflejan el nivel de “solidaridad automática” para con otros "amigos" en la red.

Concluyendo, debemos reconocer la solidaridad como un valor vital para convivir y construir una sana y humana sociedad, pero es necesario evitar la solidaridad automática hacia causas personales o grupales, ya que ésta desvirtúa totalmente este valor. En otras palabras, somos realmente solidarios cuando estamos conscientes de las razones de nuestra solidaridad, no cuando somos simplemente seguidores de una causa o de una persona, sin mayores análisis, reflexiones ni consideraciones al respecto.




viernes, 15 de noviembre de 2019

Percibimos solo lo que queremos o podemos percibir, no lo que en realidad existe u ocurre- Miguel A. Terán

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper- Miami, Florida. Octubre 2019

La forma en que el mundo es percibido tiene diferentes perspectivas y puntos de vista, pero sin duda, que la que más nos afecta y afecta a otros es la manera en la que nosotros mismos lo percibimos, acercándonos a la realidad o distorsionándola y alejándonos de ésta.



Percibimos selectivamente lo que deseamos, lo que interpretamos o lo que está en línea con nuestra manera de ver y pensar. En otras palabras, nuestra particular percepción nos permite interpretar lo que llega a nosotros del entorno o ambiente, organizar la información recibida y darle algún sentido, pero todo ello de acuerdo con nuestras propias creencias y paradigmas o las de aquel o aquello que nos manipula o domina.

Lo que realmente ocurre, lo que observamos y lo que interpretamos acerca de lo que observamos, muchas veces no están en línea o sintonía. Parece absolutamente cierto reconocer que tenemos múltiples percepciones favorables o desfavorables, las cuales influyen sobre nuestras decisiones y conducta, dependiendo de nuestras experiencias, emociones e interpretaciones.

Quien se ha instruido o formado en algo, percibe aspectos, circunstancias, elementos e interrelaciones o interacciones, entre éstos, de manera muy distinta a lo que puede hacerlo alguien que desconoce del tema, y quien solo puede ser un eco de otros pensamientos o voces.

Es necesario y vital informarnos y adquirir conocimiento de equilibrada y variada fuente, analizar y reflexionar sobre lo escuchado, leído o visto, estar abiertos y dispuestos al cambio para poder cuestionar creencias y paradigmas, evitando sesgos que desvirtúen nuestra percepción y nos hagan víctimas de nuestro propio engaño o del engaño de otros.

Nuestra percepción es deformada por muchas variables, una de ellas es el afecto: En un cuento del brillante sacerdote jesuita y psicoterapeuta Anthony de Mello, queda claramente definida esta deformación perceptual:

“Éste era un tema en el que insistía el Maestro una y otra vez. Y los discípulos tuvieron la oportunidad de verlo ejemplificado cuando oyeron cómo el Maestro preguntaba a una madre:

“¿Cómo está tú hija?”

“¿Mi hija?”, dijo la madre, “¡No sabes la suerte que ha tenido!”

“Se casó con un hombre maravilloso que le ha regalado un coche, le compra todas las joyas que quiere y le ha dado un montón de sirvientes. Incluso le lleva el desayuno a la cama y la permite levantarse a la hora que quiere. ¡Un verdadero encanto de hombre!”. 

“¿Y tú hijo?”, preguntó el Maestro. 

“¡Ése es otro cantar…!, respondió la madre, “Menuda lagarta le ha caído en suerte. ¡El pobre le ha regalado un coche, la ha cubierto de joyas y ha puesto a su servicio no sé cuántos criados…! ¡Y ella se queda en la cama hasta mediodía! ¡Ni siquiera se levanta para prepararle el desayuno…!” 

Luego de escuchar estas dos breves historias, contadas por la misma persona, podríamos afirmar que tenía razón el filósofo alemán Friedrich Nietzsche cuando dijo “No existen hechos, solo interpretaciones”.

Entonces, es normal que existan diferencias de percepción basadas en la interpretación, el problema surge cuando esa percepción personal se ubica firme, consistente y permanentemente fuera de la realidad, distorsionándola hasta crear nuestro propio mundo, aislándonos y haciéndonos insensibles, perdiendo la interpretación real de los hechos, eventos, personas o sucesos que ocurren a nuestro alrededor.  

Es una clara verdad que percibimos las acciones de una persona, grupo o institución, basados en nuestra previa opinión de esa persona, grupo o institución. Si es de nuestro agrado podemos percibir sus planteamientos o acciones positivamente, en caso contrario, los consideraremos negativos y por tanto criticables. 

En algunos momentos somos aún menos objetivos con nuestras percepciones, cuando sentimos que ese evento o acción nos afecta directa o indirectamente. “No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que cada persona desea es lo primero que cree”, afirmaba Demóstenes, el político y orador griego.

En oportunidades nuestra percepción nos lleva a creer apasionadamente – y hasta fanáticamente- en algo o en alguien, pero en algún momento lo que creíamos verdadero, resultó después falso. Así como lo que parecía inicialmente falso, podría resultar finalmente verdadero. Es doloroso y frustrante sentir que nuestra percepción nos jugó una trampa y hemos dedicado tiempo, ilusión y esfuerzos en algún sueño o proyecto de vida que nunca llegará a feliz término. También podría ocurrir que nuestra percepción negativa nos dejó escapar la mejor oportunidad de nuestras vidas. 

Es muy fácil auto-engañarnos en busca de escuchar o ver lo que pretendemos ver. Y será una realidad, que siempre habrá alguien, dispuesto o interesado en complacernos con un "canto de sirenas", llenándonos de palabras agradables y convincentes, en línea con lo que deseamos, pero que esconden alguna seducción, trampa, falsedad o engaño.

Aceptar otras posibilidades distintas a las nuestras y estar dispuesto a cambiar, parece ser el reto que nos permitirá expandir nuestros horizontes.  Debemos abrir nuestra mente a nuevas alternativas, posibilidades u opciones, como única vía para desarrollarnos y crecer. No somos prisioneros del destino, sino prisioneros de nuestra propia mente, expresaba Franklin D. Roosevelt, Político y expresidente estadounidense.

Una parte del poema de Ramón De Campoamor, el poeta español, nos dice: «En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira».
 

Miguel A. Terán
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jueves, 19 de septiembre de 2019

Nuestro silencio es uno de nuestros peores enemigos. Miguel A. Terán

Artículo publicado en Los Tiempos-Newspaper, Miami, Florida. Agosto 2019.


Una expresión o refrán popular dice “Quien calla otorga”, lo cual significa que la persona que no presenta ninguna objeción, que no expresa su opinión y se mantiene callado, da a entender su aprobación a lo que se ha hecho, dicho o planteado, para bien o para mal. A pesar de que el silencio ha sido tradicionalmente considerado como una virtud, debemos reconocer que todo tiene sus límites, en innumerables oportunidades el silencio beneficia a unos y perjudica a otros. El silencio mal entendido permite que un engaño quede encubierto y pueda propagarse a otros, porque el silencio se hace cómplice y encubre.

También es cierto que, en momentos de decisión y acción, diversas y variadas razones nos impiden tomar posiciones firmes hacia los polos o extremos y algunas veces nos quedamos en el limbo, en ese punto neutro, que no construye, pero que su pasividad destruye. No podemos olvidar que “El silencio es acción” y que, tal cual refirió Marco Tulio Cicerón el jurista, político, filósofo, escritor y orador romano “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.
Transitar en compañía del miedo o temor, la comodidad, el interés y otras más, nos hacen voltear la mirada hacia otro lado y nos lleva a “hacernos de la vista gorda”, para evitar tomar posición y actuar, cuando la vida en realidad nos exige hacerlo. Creemos, equivocadamente, que silenciarnos es no decidir y no complicarnos, pero la verdad es que al callar hemos decidido opinar con nuestro silencio y las complicaciones vendrán más adelante. Tengamos presente que nada es tan cómplice como el silencio. 

Cualquier tema donde se involucren o pongan en tela de juicio principios y valores, nos exige investigar para tratar de comprender mejor y tomar una posición, la cómoda neutralidad no ayuda. “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, afirma Desmond Tutu, el clérigo sudafricano ganador del Premio Nobel de la Paz (1984). Algunas personas dicen “mejor no opino” y consideran que de esta manera no están decidiendo, pero en realidad su decisión fue “No opinar”; en otras palabras, si decidieron. 

En nuestro transitar por la vida, ocurre que algunas situaciones o momentos no nos atrevimos a expresar una crítica hacia una palabra o hecho, y terminamos sin querer aceptando o solidarizándonos con lo ocurrido o con el autor del evento o hecho. Sin embargo, algún tiempo más adelante, cuando las consecuencias de lo ocurrido nos afectan, las vemos desde otra perspectiva. 

La ética, un valor vital para vivir en comunidad, pero ha mutado en estos tiempos a “Ética Situacional”, una especie de absurdo continuum, que va desde totalmente ético hasta nada ético. La realidad, en casos de ética, es que no deberían existir puntos medios, solo los extremos; en otras palabras, o somos éticos o no lo somos. Entonces, la ética según este criterio situacional –ilógicamente- dependerá de la situación y la conveniencia; por lo cual parece que se nos permite ser más o menos éticos, dependiendo de la necesidad, oportunidad y momento.  

En un escrito del pastor alemán Martin Niemöller, encarcelado por el gobierno de Hitler, el poema “Cuando los nazis vinieron”, expresa de excelente manera los resultados de ese silencio cómplice, que algún día llevará a que sus consecuencias se vuelvan contra nosotros mismos: 

"Cuando vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron por los judíos, no dije nada porque yo no era judío. Cuando vinieron por los sindicalistas, tampoco dije nada porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron por los católicos, no dije nada porque yo era protestante. Cuando vinieron por mí, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

Muchas de las tragedias y problemas de hoy son resultado de los silencios, comodidades y pasividades de ayer. Una frase de autoría anónima nos recuerda que “A veces lavándonos las manos nos ensuciamos la conciencia”; tal cual lo hizo Poncio Pilato, cuando tomó el agua y se lavó las manos delante de la gente, diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis». 

“Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos” expresaba el líder del Movimiento de Derechos Civiles, Martin Luther King Jr. Es un hecho que decidir y actuar nos saca de nuestro actual nivel de confort, pero es preferible hacerlo -cuando consideramos que tenemos alguna opinión contraria- y no esperar que las cosas empeoren con el paso del tiempo. Tengamos presente la expresión de un autor anónimo, quien dijo: “Creyendo ser esclavo de mis palabras resulté serlo de mis silencios”.


Psicología, Filosofía y Coaching



martes, 13 de agosto de 2019

La avaricia un pecado capital que está destruyendo nuestras sociedades. Miguel A. Terán




La Avaricia es uno de los Siete Pecados o Vicios Capitales, llamados así aquellos vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo (La soberbia, La pereza, La gula, La envidia, La ira, La lujuria y La avaricia). Expresaba Santo Tomas de Aquino, que «Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que, en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente u origen principal».

Sin duda, que existe todo un plan para crear ilimitados apetitos y deseos en la gente. El consumo al no tener claros límites nos lleva a la permanente búsqueda de algo más. Tratamos de crear sentido a la vida llenándonos de más cosas, entre ellas de dinero. Y lo que encontramos es más vacío, las crecientes estadísticas de consumo de drogas y suicidios dejan ver está realidad de una vida sin sentido ni contenido, más allá del solo afán de poseer, riquezas, poder o fama.

Decía Mahatma Gandhi que “En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”. Los “Seres Humanos” hemos perdido ese vital punto de unión entre lo humano y lo material, lo que sin duda ha causado y causa buena parte de los desequilibrios y tragedias humanas y sociales ocurridas en todos los tiempos.

El famoso psicólogo y filósofo humanista Erich Fromm reconocía que “La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer sus necesidades, sin llegar nunca a conseguirlo”. Aquí surge la diferencia entre necesidades y deseos, adecuadamente definida por el psicólogo Walter Riso, cuando refiere que las necesidades son naturales, mientras que los deseos ni son naturales ni son necesarios, porque son producto de un aprendizaje social.

Los deseos nos llevan a confundir medios con fines. Muchos años atrás, en mi época de universidad, tuve la oportunidad de leer un viejo libro de un escritor de apellido Brown, no recuerdo el título, pero si me quedó grabado el apellido del autor. Este escritor ejemplificaba, palabras más, palabras menos, que la razón de vivir era para ser feliz, que éste era el «fin» u objetivo; pero que los seres humanos, nos planteábamos buscar ese fin a través de ciertos «medios», entre ellos, el dinero.

Líneas después aclaraba que el problema ocurría cuando ese individuo confundía «fines con medios», y entonces el fin u objetivo original -ser feliz- era sustituido por el medio – dinero- y, a partir de ese momento, el individuo desviaba su ruta y equivocadamente se dedicaba a acumular dinero, olvidando sus sueños iniciales.  Parafraseando al ensayista francés Joseph Joubert, “Debemos comprender que el dinero es abono y no cosecha”. 

El filósofo contemporáneo español Fernando Savater reconoce que “En el avaro el futuro mata el presente”. El avaro considera que hay algo más allá que se debe obtener y que ya habrá tiempo para dedicarlo a otras cosas. Cuando ese deseo de poseer poder, riqueza o fama nos supera y aleja de otros aspectos humanos y espirituales, ya estaremos en camino a perder nuestra más importante riqueza: la paz. 

En estos tiempos y en muchas de las actividades de hoy día, parece que se han extraviado los límites. El afán de acumular ha convertido al famoso personaje de Disney “El tío Rico McPato” o el “Tío Gilito”, en un espécimen usual de la fauna humana, un viejo rico, tacaño y de corazón duro, aunque ya no siempre es un viejo porque hay versiones de todas las edades y sexos.  Nos hemos llenado de héroes, o quizá de anti-héroes, de los cuales poco parece importar sus valores y otros aspectos humanos, y menos sus espirituales; pero nos atrae su supuesto “éxito” ligado únicamente a lo material. 

De ninguna manera puede afirmarse que el dinero es bueno o malo, simplemente es neutro, su polaridad, positiva o negativa, dependerá de lo que estemos dispuestos a hacer para conseguirlo y conservarlo, así como el uso que le demos; pero sobre todo en el tipo de individuo o persona en quien nos convertimos mientras lo buscamos.  El poeta reflexivo romano Horacio afirmaba que “Los límites son sanos y que ha de haber medida en las cosas, y, finalmente, hay ciertos límites, más allá de los cuales el bien no puede subsistir”.

El escritor francés Marqués de Vauvenargues afirmaba: ”No es verdad que se haya hecho fortuna cuando no se sabe disfrutar de ella”. Se nos ha pretendido vender la idea que no existen límites y que los límites están asociados con temor y falta de coraje, pero no siempre es así, porque tal cual refiere un autor anónimo “La diferencia entre genialidad y estupidez, es que la genialidad tiene límites”. Las sabias palabras del Co-fundador de la Corporación japonesa Sony, Akio Morita, constituyen un valioso mensaje: “Saber cuándo detenerse o continuar es la clave del éxito”. 

Para concluir, evitemos que nos atrape la avaricia y hagamos el esfuerzo por mantener en nuestras vidas la adecuada armonía, balance y equilibrio entre lo material, humano y espiritual, evitando que la búsqueda ilimitada de un nivel de vida disminuya o acabe con la calidad de nuestra vida y contribuya a deteriorar nuestra sociedad.

Psicología, Filosofía y Coaching
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sábado, 6 de julio de 2019

El Libre Albedrío o la Libre Elección, ¿Es realidad o fantasía? Miguel A. Terán

Artículo publicado en Los Tiempos-Newspaper, Miami, Florida. Junio 2019.

Creemos que cada individuo tiene el poder de elegir y tomar sus propias decisiones, solo y únicamente, bajo la influencia de su –también- propia percepción y voluntad. Desde esta perspectiva parece que somos total y absolutamente responsables de nuestras decisiones, acciones y del camino que recorremos en la vida. 

Sí consideramos las anteriores palabras como una verdad irrefutable, estaríamos confirmando o reafirmando la existencia del Libre Albedrío, Libre Escogencia o Elección. Esa capacidad y posibilidad que -teóricamente- posee cada individuo, para escoger la mejor alternativa u opción, de acuerdo con su individual y personal criterio.  


Entonces, nuestras decisiones y acciones en los temas personales, sociales, económicos, políticos y todos lo demás, estarían basadas en nuestra capacidad y el derecho a escoger, entre una gama de alternativas posibles, la mejor opción de acuerdo con nuestro individual criterio y sabiduría. Al considerar el tema de esta manera estaríamos asignando toda la responsabilidad al individuo y desconociendo la influencia y efecto de fuerzas o variables externas, culturales y sociales, que, en mayor o menor grado, dirigen, conducen, motivan, limitan, manipulan, sesgan, reducen o restringen ese “Libre” Albedrío o libre escogencia.  

Sin lugar a duda, que la educación y la exposición a ciertos ambientes nutritivos, brindan al individuo que habita en ellos la posibilidad de desarrollar un efectivo “criterio” para dar mejor uso y ejercer ese Libre Albedrío. Por lo contrario, aquellos individuos que nacen y crecen en entornos de carencia y necesidad, con menos oportunidades, con menos formación y educación, podríamos considerar que su Libre Albedrío o libre escogencia puede llegar a ser propiedad de quien les dirige, les domina, los contrata o algo parecido.

Una persona sin nivel educativo, sin formación ni criterio suficiente, para considerar y evaluar diferentes variables y perspectivas, puede ser fácilmente manipulable por otros, cediendo su Libre Albedrío a esos otros, aunque parezca que su “libre” decisión fue cederlo. En otras palabras, y como ejemplo, si damos a alguien el control remoto del televisor, ¿Podríamos estar seguros de que  esa persona tiene el criterio para utilizar su Libre Albedrio adecuadamente y escoger la mejor y más nutritiva programación?


Algunos individuos han podido escapar de las “limitaciones de cuna o culturales”, evitando que éstas los marquen y desmotiven de manera permanente, a la vez que les impiden superar el hándicap o desventaja con la cual nacieron. Otros individuos, por lo contrario, inician la carrera de la vida más cerca de la meta, nacen en “buena cuna”, lo cual luce como una ventaja. Aunque algunos de éstos no aprecian esas ventajas y se “duermen en los laureles”, como dice la expresión, que refiere al relajarse, desganarse o descuidarse, para perder esa ventaja inicial.  

Las historias, cuentos y fábulas -con sus respectivas moralejas- citan ejemplos de personas “triunfadoras o exitosas” que lograron superar esa desventaja inicial; pero es un hecho, que existen cifras muy superiores de personas, todos anónimos, que no pudieron con el peso de su origen y cultura. Sin embargo, también ocurre que personas con alto nivel educativo y cultural, pero bajo nivel de conciencia, también son víctimas pasivas de un sistema social- cultural, que no les permite utilizar adecuadamente su Libre Albedrío y son “ovejas del rebaño”.

Es un tema de creencias y paradigmas que conforman cada sociedad y cultura, y que de alguna manera condiciona a sus integrantes bajo una particular óptica, para ver las cosas o situaciones desde una perspectiva de oportunidades o de limitaciones.

A través de la historia algunos individuos han logrado enfocar su Libre Albedrío, para convencer a otros y poner en práctica ideas y acciones que han sido de bienestar para todos. Pero también, ha ocurrido y aún ocurre, en otros lugares, que algunos individuos manipuladores y depredadores, con un libre albedrío pragmático, utilitario y hasta maligno, han conseguido sacar provecho a la ignorancia de personas, grupos y sociedades para hundirlas en la más absoluta miseria, mientras ellos alcanzan posiciones de poder y dinero.

Tristemente, millones de seres humanos tienen solo expectativas relacionadas con recibir un trozo de pan, para no morir de hambre, lo cual haría impensable considerar que van a utilizar su Libre Albedrío para otra cosa distinta que buscar comida. La ignorancia de estos individuos está al servicio de quien sepa aprovecharse de ella, y el ignorante es presa fácil de manipuladores y depredadores. Comprar, hurtar o manipular libres albedríos ha sido una rentable práctica para muchos a través de la historia de la humanidad, lo cual ha permitido a estos depredadores saciar su avaricia de poder y dinero.

La educación es herramienta clave para desarrollar y rescatar a individuos de la ignorancia, permitiéndoles evolucionar hacia la necesaria conciencia de sí mismos y de su entorno, logrando su transformación en auténticos seres humanos y sociales, capaces de utilizar adecuada y efectivamente su propio albedrío, convirtiéndose en parte activa en procesos de cambio y transformación para bienestar de todos.


jueves, 13 de junio de 2019

Respetemos los diferentes puntos de vista y opiniones. Miguel A. Terán


Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami. Edición de Mayo 2019
El respeto es un valor y esencia clave para las relaciones humanas en todos los ámbitos. Al respetar estamos valorando y considerando la dignidad del otro, aceptando y tolerando las diferencias. El respeto debe estar siempre acompañado de la amabilidad y la cortesía, y su cumplimiento genera un ambiente de cordialidad, convivencia, seguridad y -sobre todo- paz.  
Pretender llevar al extremo “nuestros derechos” e individualidad atenta contra el debido respeto, ya que es probable que ello nos sitúe en una posición de críticos e inflexibles ante todo lo que sea diferente a nuestra manera de pensar. El respeto -sin lugar a duda- es un valor que nos permite reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos.
Podemos discrepar, disentir o expresar nuestro desacuerdo con las opiniones y actuaciones de otros, porque ello es parte del vivir y compartir como seres sociales, simplemente entendiendo que no somos iguales. El problema se hace presente cuando al opinar o actuar olvidamos la universal Regla de Oro, un principio moral que nos indica que debemos “tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros” y “no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros”. 
La naturaleza -en su sabiduría- deja un claro mensaje de apertura a las diferencias, al ofrecernos un mundo lleno de tonos y matices, no solo en blanco y negro. Nada es absoluto, todo es relativo, porque nuestra posición con respecto a cualquier tema dependerá de nuestra cultura, vivencias, experiencias en general, intereses y conocimiento al respecto. Es importante esforzarnos y comprender diferentes puntos de vista, porque es un hecho que nosotros no tenemos el privilegio de ser únicos poseedores de la verdad. 
El respeto debe manifestarse o hacerse explícito hacia las personas, culturas, ideas y leyes. La ausencia de respeto generará enfrentamientos y violencia. El respeto comienza con el que merecemos y nos brindarnos a nosotros mismos. “Ante todo, respetaos a vosotros mismos”, decía Pitágoras de Samos, filósofo y matemático griego. “Respétate a ti mismo y otros te respetarán”, expresaba el filósofo chino Confucio. Al respetamos a nosotros mismos tendremos capacidad para respetar a los demás. La expresión “Respeta para que te respeten”, afirma que el respeto es de doble vía. Debemos ser asertivos para hacer saber a los demás cuando nos sentimos irrespetados, para establecer nuestro límite, porque de lo contrario nos arriesgamos a continuar siendo, cada vez –quizá- de peor manera irrespetados. 
Una discusión racional y respetuosa de ideas permitirá exponer mejor nuestra opinión, siempre y cuando, tengamos mente abierta y la disponibilidad a escuchar y considerar diferentes puntos de vista, porque con toda seguridad ello contribuirá a enriquecer y modificar nuestro propio punto de vista.  El famoso escritor argentino Jorge Luis Borges, reconocía la importancia de modificar nuestros propios puntos de vista, al expresar: “Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”. 
El respecto, tampoco debe confundirse con el miedo, porque miedo es miedo y respeto es respeto. Cuando el respeto no es recíproco, cuando no es de ambos lados, entonces es miedo. Respetar implica aceptar las diferencias ideológicas, de raza, religión, sociales, económicas y muchas otras.   Al reconocer y aceptar la existencia del otro, del diferente a mí, puedo comenzar a entenderlo y comprender sus motivos, perspectivas y puntos de vista, puedo considerar sus derechos.  Una de las más sencillas formas de respecto es brindar a otros nuestra sincera y honesta escucha, para tratar de entender sus argumentos y motivaciones, buscando complementar ideas en beneficio de todos.
Cuando alguien irrespeta y maltrata a otra persona, vale la pena tener presentes las palabras de la poetisa, actriz y cantante estadounidense Maya Angelou, quien dijo: “La gente olvidará lo que dijiste, la gente perdonará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo los hiciste sentir”. Por su parte, el abogado y político mexicano Benito Juárez reconocido como El Benemérito de las Américas, recomendaba “Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura”. El ego y la soberbia son dos elementos siempre presentes en la falta de respeto.
“No pienses como yo, pero respeta que yo piense diferente” lo afirma una vieja frase. Cuando las posiciones entre dos argumentos están polarizadas, llevadas a extremos, se hace presente la expresión “Estás conmigo o estás contra mí”, donde no queda espacio para alternativas consideradas diferentes o neutras.

El fanatismo que respalda, con irracional pasión, la defensa extrema de sus particulares creencias, opiniones y puntos de vista considera a la opción del «Camino Medio» o a la «Opción Neutra» como posiciones en su contra, cuando en realidad no es así. El llamado «Camino Medio» referido por el sabio Buda, representa la posición central donde se reconcilian y se supera la dualidad y los extremos polarizados, dando paso a acuerdos de mutuo beneficio que llevan a la armonía y la paz.
Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching
Web Page: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO

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