jueves, 13 de junio de 2019

Respetemos los diferentes puntos de vista y opiniones. Miguel A. Terán


Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami. Edición de Mayo 2019
El respeto es un valor y esencia clave para las relaciones humanas en todos los ámbitos. Al respetar estamos valorando y considerando la dignidad del otro, aceptando y tolerando las diferencias. El respeto debe estar siempre acompañado de la amabilidad y la cortesía, y su cumplimiento genera un ambiente de cordialidad, convivencia, seguridad y -sobre todo- paz.  
Pretender llevar al extremo “nuestros derechos” e individualidad atenta contra el debido respeto, ya que es probable que ello nos sitúe en una posición de críticos e inflexibles ante todo lo que sea diferente a nuestra manera de pensar. El respeto -sin lugar a duda- es un valor que nos permite reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del prójimo y sus derechos.
Podemos discrepar, disentir o expresar nuestro desacuerdo con las opiniones y actuaciones de otros, porque ello es parte del vivir y compartir como seres sociales, simplemente entendiendo que no somos iguales. El problema se hace presente cuando al opinar o actuar olvidamos la universal Regla de Oro, un principio moral que nos indica que debemos “tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros” y “no hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros”. 
La naturaleza -en su sabiduría- deja un claro mensaje de apertura a las diferencias, al ofrecernos un mundo lleno de tonos y matices, no solo en blanco y negro. Nada es absoluto, todo es relativo, porque nuestra posición con respecto a cualquier tema dependerá de nuestra cultura, vivencias, experiencias en general, intereses y conocimiento al respecto. Es importante esforzarnos y comprender diferentes puntos de vista, porque es un hecho que nosotros no tenemos el privilegio de ser únicos poseedores de la verdad. 
El respeto debe manifestarse o hacerse explícito hacia las personas, culturas, ideas y leyes. La ausencia de respeto generará enfrentamientos y violencia. El respeto comienza con el que merecemos y nos brindarnos a nosotros mismos. “Ante todo, respetaos a vosotros mismos”, decía Pitágoras de Samos, filósofo y matemático griego. “Respétate a ti mismo y otros te respetarán”, expresaba el filósofo chino Confucio. Al respetamos a nosotros mismos tendremos capacidad para respetar a los demás. La expresión “Respeta para que te respeten”, afirma que el respeto es de doble vía. Debemos ser asertivos para hacer saber a los demás cuando nos sentimos irrespetados, para establecer nuestro límite, porque de lo contrario nos arriesgamos a continuar siendo, cada vez –quizá- de peor manera irrespetados. 
Una discusión racional y respetuosa de ideas permitirá exponer mejor nuestra opinión, siempre y cuando, tengamos mente abierta y la disponibilidad a escuchar y considerar diferentes puntos de vista, porque con toda seguridad ello contribuirá a enriquecer y modificar nuestro propio punto de vista.  El famoso escritor argentino Jorge Luis Borges, reconocía la importancia de modificar nuestros propios puntos de vista, al expresar: “Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”. 
El respecto, tampoco debe confundirse con el miedo, porque miedo es miedo y respeto es respeto. Cuando el respeto no es recíproco, cuando no es de ambos lados, entonces es miedo. Respetar implica aceptar las diferencias ideológicas, de raza, religión, sociales, económicas y muchas otras.   Al reconocer y aceptar la existencia del otro, del diferente a mí, puedo comenzar a entenderlo y comprender sus motivos, perspectivas y puntos de vista, puedo considerar sus derechos.  Una de las más sencillas formas de respecto es brindar a otros nuestra sincera y honesta escucha, para tratar de entender sus argumentos y motivaciones, buscando complementar ideas en beneficio de todos.
Cuando alguien irrespeta y maltrata a otra persona, vale la pena tener presentes las palabras de la poetisa, actriz y cantante estadounidense Maya Angelou, quien dijo: “La gente olvidará lo que dijiste, la gente perdonará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo los hiciste sentir”. Por su parte, el abogado y político mexicano Benito Juárez reconocido como El Benemérito de las Américas, recomendaba “Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes, porque el poder termina y el recuerdo perdura”. El ego y la soberbia son dos elementos siempre presentes en la falta de respeto.
“No pienses como yo, pero respeta que yo piense diferente” lo afirma una vieja frase. Cuando las posiciones entre dos argumentos están polarizadas, llevadas a extremos, se hace presente la expresión “Estás conmigo o estás contra mí”, donde no queda espacio para alternativas consideradas diferentes o neutras.

El fanatismo que respalda, con irracional pasión, la defensa extrema de sus particulares creencias, opiniones y puntos de vista considera a la opción del «Camino Medio» o a la «Opción Neutra» como posiciones en su contra, cuando en realidad no es así. El llamado «Camino Medio» referido por el sabio Buda, representa la posición central donde se reconcilian y se supera la dualidad y los extremos polarizados, dando paso a acuerdos de mutuo beneficio que llevan a la armonía y la paz.
Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching
Web Page: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO

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sábado, 1 de junio de 2019

El Príncipe Azul debería tener una etiqueta con la leyenda: Destiñe al primer lavado. Autor Anónimo‏







La frase de hoy generalmente ha sido utilizada refiriéndose a la búsqueda del Príncipe Azul, aquel individuo de cuentos e historias. La versión que siempre leímos y escuchamos, hacía referencia solo al género masculino, pero ello no significa que muchos caballeros no luchen buscando a la Princesa Rosa. 

Desgraciadamente, a la hora de idealizar, muchos individuos acostumbran a idealizar lo que sea; parece una necesidad tener un ídolo, aunque tenga “pies de barro”. Nos dejamos impresionar y hasta cegar fácilmente, por lo que vemos o escuchamos, desvirtuando los hechos reales y cambiando de opinión,  con análisis simples y poco profundos de circunstancias, eventos, cosas y personas. Al respecto, el escritor, poeta y filósofo alemán Georg Philipp Friedrich “Novalis” nos recomendaba: “Cuando veas un gigante examina antes la posición del sol, no vaya a ser la sombra de un pigmeo”. 

Cuando idealizamos, ponemos a alguien o algo sobre la realidad, para luego crearnos expectativas que justificaremos de cualquier manera. Idealizamos momentos,  cosas o personas,  llegando a –literalmente- vendarnos la mente y hasta el corazón, por lo cual nuestros ojos solo verán  y los oídos solo escucharán lo que queremos ver o escuchar de ese momento,  objeto o persona idealizada. 

Es un hecho que existen individuos que se desgastan tratando de ser –o mejor dicho- parecer perfectos, para que los idealicen, sin comprender que ese individuo idealizado, convertirá al individuo original en un prisionero de su falsa imagen, en un príncipe desteñido internamente.
Muchos fracasos y frustraciones,  crecen y evolucionan, detrás la figura de un ídolo. También enfermedades de origen emocional, psicológico y físico tiene su origen en los antifaces y disfraces que algunos individuos cargan durante años, dejando de ser auténticos y reprimiendo sueños y deseos.  

Con el tiempo todo cae por su propio peso y simplemente habremos dejado de vivir, nos desteñimos, y la vida se nos fue actuando, pero finalmente -como en todo espectáculo- bajará el telón y, tal vez -en este caso- sin aplausos. Tengamos presente las palabras del ex presidente estadounidense  Abraham Lincoln, cuando dijo “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. 

Un autor anónimo agregó a la frase de Lincoln: “Y tampoco podrás engañarte a ti mismo todo el tiempo”. La realidad es que por más que lo intentemos, no podremos –finalmente- engañar a la persona que vemos en el espejo todas las mañanas. El gran poeta chileno Pablo Neruda, expresó magistralmente ese enfrentamiento con la realidad diciendo: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, solo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”. 

Las palabras de un autor anónimo, parecen ciertas cuando afirmó que “La ignorancia es madre de la admiración”. Es común admirar de manera incompleta, solo basados en historias tergiversadas, sesgadas o simplemente manipuladas.  El crítico literario y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve, expresaba  “Dime quién te admira y te diré lo que eres”.  Quien se rodea de individuos ignorantes, fácilmente manipulables, definitivamente será admirado por esos individuos, pero deberá mantenerlos en la ignorancia para conservar esa admiración. 

Para concluir, también es cierto que en innumerables oportunidades llega a la vida de alguien el esperado Príncipe Azul o Princesa Rosa, pero ese alguien es tan exigente, que no les gusta el tono del azul o del rosa, porque es muy claro o muy oscuro. Y así pasan la vida buscando la pareja perfecta, sin reconocer que ellos tampoco son perfectos.

La Historia de Nasrudín en “Búsqueda de la Pareja Perfecta”.

Un personaje de los mitos de la tradición popular sufí, refleja muy bien esta búsqueda. 
- Se cuenta que un día Nasrudín conversaba con un amigo.
- “Entonces”, le decía el amigo,  “¿Nunca pensaste en casarte?”
- “Si pensé” —respondió Nasrudín— “En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta, con el cuerpo perfecto, la cara perfecta, la sabiduría perfecta”.
“Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí a una mujer muy linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo”.
“Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no me parecía bella su mirada”.
“Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza muy bonita, sabia, y conocedora de la realidad material”.
- “Y… ¿por qué no te casaste con ella?”, preguntó el amigo.
- “Ah, ¡compañero mío!” –respondió Nasrudín, “Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto”.


Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching
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Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia.


miércoles, 8 de mayo de 2019

El Valor de un “Me gusta” (“Like”) en Redes Sociales - Miguel A. Terán

Definitivamente, internet y las redes sociales han llegado como un desarrollo tecnológico que se anticipa al desarrollo humano de quienes las utilizamos, por lo cual pueden ocasionar daño y desequilibrios en nuestro desarrollo e  interacción como seres humanos. Algunos años atrás nos manifestaba  similar preocupación Albert Einstein, con el diferente ritmo de avance de lo tecnológico y lo humano, a través de las siguientes palabras: "!Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio".
 
Hace también algún tiempo me comentaban unos adolescentes que para lograr un “Me Gusta” o “Like” en Facebook u otras redes sociales, en las que publicamos, escribimos o compartimos, debíamos –casi de manera obligatoria -  dar muchos “Me Gusta” o “Like” a todo lo que publican las otras personas. El objetivo de ello, es recibir como efecto de reciprocidad, intercambio o trueque otros tantos “Me Gusta” o “Like”.

Me quedé impresionado con este tipo de intercambio, porque significaría no solo dar un “Me Gusta” o “Like”, sino solidarizarnos o estar de acuerdo con el contenido de lo publicado, escrito o compartido por la otra persona;  independientemente, de que ello esté en línea con nuestra forma de pensar o, simplemente, sea algo sensato o bueno.

En lo personal, cuando algo que se publica me llama la atención, siempre acostumbro revisar y buscar referencias en diferente fuente acerca de lo publicado para verificar la veracidad de la información, antes de creerla o convertirme en un eco de la misma. No me gusta ser un "tonto útil" de otro o un irresponsable compartiendo información falsa o manipulada. Si estoy de acuerdo, doy el respectivo “Me Gusta” o “Like”; por el contrario, sino es un tema que me agrade e interese o estoy en desacuerdo, entonces, simplemente no lo hago. En algunas oportunidades, comento las razones de mi acuerdo y, en otras,  me atrevo incluso a comentar mi desacuerdo.

Por principios, nunca doy un “Me Gusta” o “Like” en solidaridad automática. Creo que una relación de amistad o del tipo que sea debe respetar opiniones, pero también cuestionar o ignorar, entendiendo que todos tenemos derecho a “un momento de locura”. Cuando pedimos a alguien que sea parte de nuestra red de amigos,  no podemos considerar o pretender que con la sola aceptación de este nuevo “amigo” estemos comprando su compromiso de “solidaridad” ilimitada.  

Entonces, es posible concluir que para muchas personas los “Me Gusta” o “Like” podrían no tener relación alguna con el contenido, esfuerzo, interés o intención  de quien publicó, escribió o compartió, a lo mejor ni siquiera han sido leídos, sino que la aprobación refleja su nivel de “solidaridad automática” para con otros "amigos" en la red.

Muchas personas conocidas en las redes sociales y “autores” especialmente en la vapuleada área de autoayuda, no me refiero a los que son responsables escritores y especialistas en la respectiva área, sino a aquellos que llenan sus páginas de redes (facebook, websites, blogs, etcétera) de conceptos, frases, pensamientos o expresiones, que pertenecen a otros escritores, políticos, filósofos, científicos, etcétera, incluso hasta las del autor más productivo: “Autor Anónimo”, quienes nos legaron valiosas palabras y reflexiones a través de los tiempos, y a quienes ni siquiera se les reconoce el mérito de la referencia.

Es bien sabido que todo tema tomado de otra persona u otra fuente debe colocarse entre comillas, refiriendo al autor y la fuente. Solo hace falta colocar el texto de alguno de estos pensamientos y buscarlo en internet, para darnos cuenta como algunas personas, utilizan frases, pensamientos o citas, llamadas “Quotes” en inglés, como si fueran de su autoría, porque no refieren a quien las escribió o las dijo.  Y podemos, notar como resultado enormes cantidades de inmerecidos “Me Gusta” o “Like” que éstos individuos reciben, junto a comentarios que alaban lo interesante y valioso de ese pensamiento, frase o cita. Dando méritos a este supuesto “autor”.

Es importante tener presente que las cosas no son buenas o malas per se o por sí mismas, porque todo depende de cómo las utilicemos y  la red se ha prestado, para su inadecuado uso. No obstante, está en nuestras manos verificar todo lo que recibimos, para no hacernos solidarios automáticos de cualquier mentira, irrespeto, plagio o “locura”, que alguien coloca en la red. La misma red nos permite, apenas en segundos, verificar de manera responsable lo que leemos, para garantizar la veracidad del contenido, más a aún si consideramos la posibilidad de compartirlo.

Entonces, quienes interactuamos en la red debemos hacer que nuestros “Me Gusta” o “Like” tengan el valor que deben tener, porque se relacionan con el propio respeto a nosotros mismos y nuestro respeto hacia los demás, y nunca considerar un  “Me Gusta” o “Like” como simple mercancía de trueque o intercambio, porque ello es un reflejo de nosotros mismos y de la fortaleza, convicción  o debilidad de nuestros principios, valores y puntos de vista.


Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching
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Nota: Foto ilustrativa extraída de la Web.


sábado, 4 de mayo de 2019

¿Nuestras palabras nutren o intoxican? - Miguel A. Terán


Artículo en Los Tiempos Newspaper - Miami. Edición de Abril 2019.
Una vez leí y compartí la siguiente frase-pregunta “Si tuvieras que comer tus palabras, ¿Te nutrirías o te intoxicarías?” El diccionario define a la palabra intoxicar con dos sinónimos: tóxico y envenenar. Nuestra mente, corazón y espíritu, se alimentan de todo aquello que reciben a través de los sentidos. Entonces, nuestra salud física, psicológica y espiritual será resultado de nuestra alimentación en el sentido más amplio. 

Aclaremos que alimentarse, no es siempre sinónimo de nutrirse, porque al igual que ocurre con el cuerpo, podemos ingerir alimentos “chatarra” o de mala calidad, que lejos de beneficiar nuestra salud la perjudican.  En estos tiempos, es fácil indigestarse con tanta información de mala calidad que nos estresa y llena de incertidumbres, miedos y angustias, al saturarnos de mensajes tóxicos. El exceso de información y noticias nos tiene colapsados y en permanente alerta y tensión, como quien espera un depredador o algo malo. Además, el exceso de esas malas noticias nos desensibiliza, alterando o cambiando nuestros límites de la normalidad y haciendo que percibamos lo anormal como normal. 

A diario somos literalmente “atacados” con información y noticias desde todos los ángulos, radio, televisión, periódicos, internet, revistas y redes sociales, no solo referidas a nuestro entorno cercano, ciudad, estado o país, sino procedentes de cualquier lugar del mundo. Muchas de estas informaciones han sido previamente sesgadas o manipuladas con particulares y oscuros intereses. La parte más importante y critica de este problema consiste en que nos convertimos en eco y cómplices de esas noticias, muchas veces sin tomar la responsable previsión de verificarlas, expandiendo su daño a otros y haciéndonos daño a nosotros mismos como portadores de ese virus.  Al no escoger nuestros propios mensajes, no podremos ser nuestra propia voz y nos convertimos en un simple eco de los demás.

Cuando aceptamos un mensaje es que ese mensaje ha venido a llenar un vacío que teníamos en algún aspecto de nuestra vida, pero ello no significa que lo hayamos llenado de la mejor y más efectiva manera. De tanto escuchar malas noticias, nos cargamos de pesimismo hasta convertirnos en «pájaros de mal agüero», como portadores o presagiadores de malos augurios y desgracias.

Sin lugar a duda, las palabras no son neutras, todo lo que expresamos sea válido o no, sea verdadero o falso, sea suave o fuerte, sea directo o indirecto tienen efecto en nuestro entorno y en nosotros mismos. Las palabras, nuestro verbo y nuestro lenguaje -en general- nos definen y describen como seres humanos. Ese verbo que sale por nuestra boca nos engrandece o empequeñece, nos convierte en constructores o destructores, en ángeles o demonios, en amigo o enemigo, en manipulados o manipuladores, víctimas o depredadores, haciendo de nuestro transitar por la vida un sueño o una pesadilla, dependiendo de la polaridad, positiva o negativa, de nuestras palabras.

Nuestra boca es un indicador de lo que hay en nuestra mente y corazón; por tal razón, es válido -de vez en cuando- hacer un alto y escuchar nuestros pensamientos y palabras. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.», expresa Lucas 6:45. Uno de los temas más críticos de nuestro tiempo es sin duda “La pérdida de sentido con la vida” y ello tiene mucho que ver con todo lo que escuchamos y repetimos, hasta convencernos de algo.

Las malas noticias venden y por ello abundan. Hay mucho comprador de malas noticias, que parece requerir de ellas para “ratificar” que él o ella no está tan mal, y que otros están peor. Para comprender el grado de toxicidad de un pensamiento negativo, es válido aclarar que se necesitan varias dosis de pensamientos positivos, para anular una sola dosis de pensamiento negativo. El sabio Buda expresaba que “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, la razón es que el dolor está relacionado con lo físico o biológico, el sufrimiento con lo psicológico. Entonces, es a través del lenguaje que describimos nuestro sufrimiento porque es resultado de una interpretación de lo percibido o sentido; en otras palabras, sin lenguaje solo habría dolor, no existiría el sufrimiento.

Para concluir, es un hecho que la palabra es poderosa; tal vez, muy poderosa, para bien o para mal. Y como todo, el bienestar o daño que ésta produce depende de la forma en que la usamos. Con la palabra podemos construir, sanar, apoyar, orientar y muchas cosas buenas más; pero también con ella podemos destruir, dañar, desorientar, manipular y muchas cosas malas más. 


Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching
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domingo, 31 de marzo de 2019

La importante responsabilidad de pensar y reflexionar antes de expresar un "Si" o un "No". Miguel A. Terán

Artículo en Los Tiempos Newspaper - Miami. Edición de Marzo 2019. 

Algunos siglos atrás afirmaba el genial escritor español Baltasar Gracián “El No y el Si son breves de decir, pero exigen pensar mucho”. Expresado un sí o un no, vendrá una acción que traerá una consecuencia o resultado. Un si o un no, de ninguna manera son expresiones neutras, porque están confirmando una decisión y orientan hacia una acción. Podemos definir una acción como hacer algo, no hacer nada, hablar o callar, pero es una realidad que toda acción causa un efecto.  


Responder un sí o un no, bajo la sola influencia de sentimientos y emociones, con seguridad nos traerá problemas. Es un hecho, que muchas veces los resultados o consecuencias de las acciones que siguen a un sí o a un no nos acompañan o persiguen toda la vida, para bien o para mal. Un si o un no pueden cambiar nuestra ruta y nuestra vida para siempre.

Muchas veces se nos hace difícil medir las consecuencias de las decisiones, porque estás puede no reflejarse en el presente inmediato, haciéndose realidad en el futuro. “En caso de duda absténgase”, decía un líder con quien trabajé algunos años atrás. Nuestra vida transcurre y -en buena parte- es resultado de las pequeñas decisiones de cada día, en las cuales siempre hay un sí o un no involucrados.

Debemos ser cuidadosos al expresar el sí o el no, para que realmente reflejen nuestra opinión, valores, necesidades, metas y sueños. El «si» surge por defecto, se dice por default en inglés, cuando el «no» queda sin manifestarse explícitamente; en otras palabras, cuando no expresamos un claro y firme «No», su ausencia puede interpretarse como un «Sí». Es importante que siempre quede claramente expresado, de nuestra parte, alguno de los dos –o un sí o un no- porque de lo contrario la ausencia de uno podría ser interpretada como la aceptación del otro.

Ambos “Si y No” son pequeños de tamaño, pero grandes en impacto, consecuencias y resultados para nuestra vida y las vidas de otros. De la adecuada elección o escogencia entre uno y otro, de un si o un no, al momento de decidir dependerán futuros eventos y circunstancias, que traerán consecuencias y resultados, positivos o negativos, para nuestra vida y las de quienes nos rodean.   El autor y consultor canadiense Robert S. Sharma afirma que “Pequeñas decisiones conducen, con el tiempo, a grandes consecuencias”. Muchos de nuestros éxitos o fracasos en la vida, han sido resultado de un sí o un no. 

Al momento de decidir, para dar un sí o un no, deberíamos tener dos o más opciones a escoger, uno sola opción no representa ninguna alternativa, no habría escogencia. A partir de tres posibilidades tendríamos verdaderamente opciones. Muchas veces la tercera alternativa representa el punto medio, el famoso Camino Medio expresado por el sabio Buda, ese lugar de equilibrio entre dos extremos.

Pero independientemente de las opciones que tengamos para escoger, cuando una de éstas recibe un «sí», estaremos dando un «no» a la otra u otras. Inclusive, por ejemplo, no participar con nuestro voto en un proceso de elección, es haber votado por quien ganó. "Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor", expresa Desmond Tutu clérigo y pacifista sudafricano, Premio Nobel de la Paz (1984).

“Quien poco piensa, se equivoca mucho”, decía el genial pintor, escultor e inventor italiano Leonardo Da Vinci. Por ello es muy importante pensar antes de expresarnos o de actuar, para evitar o disminuir la probabilidad de equivocarnos. Buena parte del respeto al cual no hacemos merecedores, por parte de los demás, tiene relación con nuestra balanceada y equilibrada racionalidad, convicción y firmeza al expresar un sí o un no. Tanto el «Si» como el «No» nos ayudan a establecer y ratificar nuestras reglas de vida y a fijar armónicos límites, hasta los cuales pueden llegar otras personas, sin sentirnos irrespetados.   

El “Si” conlleva compromiso de nuestra parte, porque a través de él empeñamos nuestra palabra y nos hacemos merecedores del respeto al cumplir con lo ofrecido o prometido. De nada vale dar un sí y adquirir un compromiso, para no ratificarlo cumpliendo. 

En resumen, es muy importante ser cautelosos cuando vamos a tomar una decisión, que implique un sí o un no, porque no necesariamente la decisión que nos resuelve el tema o problema puntual a corto plazo tiene garantía de éxito en el mediano y largo plazo. Debemos ponderar sus posibles consecuencias, impacto o resultado, tomando el tiempo necesario para evaluarlas antes de decidir, sin presiones de las cuales arrepentirnos más adelante. El riesgo de error consistirá en decir un sí cuando debimos haber dicho no o un no cuando debimos haber dicho sí.


Miguel A. Terán
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