martes, 4 de diciembre de 2018

Cuando los límites de nuestra vida pierden sus fronteras, comenzamos a perder nuestra paz interior. Miguel A. Terán

La manera más común de perder la paz es perder la referencia o fronteras del límite, de ese sano límite de lo suficiente, en cualquier aspecto, porque en el momento que omitimos y rebasamos ese límite comenzaremos a perder la necesaria armonía y el balance requerido para llevar una vida personal equilibrada, sana y feliz. 


Adicionalmente, como somos parte activa de un ambiente, entorno o contexto, la perdida de nuestros límites personales impacta o afecta negativamente a la sociedad o entorno del cual formamos parte.

Hoy día, en un mundo de presiones sociales por lograr más y más, establecer límites al crecimiento y desarrollo sería fácilmente asociado con mediocridad o atraso, pero es el tiempo quien dirá la última palabra en esa carrera sin límites. Es por ello,  que  cada vez más individuos rebasan  esos límites, sin aparentes consecuencias, pero con seguridad estas consecuencias harán acto de presencia poco a poco. La droga y los suicidios se han convertido en escapes para esos individuos que perdieron el límite. El fallecido actor y comediante estadounidense Robin Williams expresó que "La cocaína es la manera que tiene Dios de decirte que estás ganando demasiado dinero". 
  
El éxito, el progreso, la prosperidad, la felicidad  y muchos otros proyectos de vida “sin límite”, terminaran convirtiéndose en una utopía, en algo inalcanzable e irrealizable, que podríamos intentar perseguir hasta el final de nuestros días. El físico y empresario japonés, Akio Morita, Co-fundador de la Corporación Sony, afirmaba “Saber cuándo detenerse o continuar es la clave del éxito”.

Es cierto que en el transcurso de nuestra vida tenemos la posibilidad de alcanzar logros profesionales y económicos,  éxito, fama y prestigio; pero al llevar su búsqueda, más allá del sano límite, nos arriesgamos a perder espacios y tiempos que pertenecen al  otro lado de nuestra vida, al lado humano.

La  pareja, la familia, los hijos, la salud, las auténticas amistades, los valores y la espiritualidad, son irrecuperables una vez perdidos, y nuestra paz se esfuma con ellos.  Si bien es cierto que debemos esforzarnos en buscar lo mejor que puede ofrecernos la vida,  también es cierto que requerimos definir –previamente- o hacer un alto en el camino, para precisar hasta dónde pretendemos llegar, porque  es ese sano límite quien  nos permitirá detenernos a tiempo, evitando la tentación de seguir en busca de “un poco más”,  que nos llevará a un camino sin fin.

El tema de las expectativas es importante dosificarlo adecuadamente para vivir en paz y felices. Existen quienes creen en las expectativas como una guía de vida, éstas –sin duda- podrían convencernos que “el cielo es el límite”, pero tal vez haciéndonos perder contacto con la tierra, con la realidad y con el aquí y ahora. Llegamos a estar preocupados y enfocados por conseguir más, pero "sin tiempo" para disfrutar lo que ya hemos conseguido, tonta forma de perder la vida.

El tiempo dedicado a aclarar las expectativas, representará –sin lugar a dudas- un significativo ahorro de tiempo, problemas y malestares. Con adecuados límites conduciremos nuestra vida respetando principios y valores. Cuando –por lo contrario- perdemos los límites, estaremos enfocados en buscar lo que “creemos” nos falta o en cuidar de manera enfermiza lo que ya poseemos, sin respeto a esos principios y valores, y olvidando dejar tiempo y espacio para el disfrute. El escritor y pensador social ruso Leon Tolstoi, reconocía de manera interesante como perdemos el disfrute, expresando: “Hay quien cruza el bosque y solo ve leña para el fuego”.

Después de cierto límite, debemos reconocer y tomar conciencia que ha llegado la hora de detenernos, cuando sentimos que nos invade el desasosiego, la intranquilidad y la falta de serenidad,  porque a partir de allí -e incluso tiempo antes- habremos comenzado a perder nuestros más importantes logros, que no son precisamente los materiales,  y con ellos se escapará la paz de nuestra vida.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Descalificar y desacreditar son herramientas de quien siente perder validez en argumentos y razones. Miguel A. Terán



“No pienses como yo pero respeta que yo piense diferente” lo afirma una vieja frase. Cuando las posiciones entre dos argumentos están polarizadas, llevadas a extremos, se hace presente la expresión “Estás conmigo o estás contra mí”, donde no se deja espacio para alternativas consideradas neutras.

El fanatismo que respalda,  con irracional pasión, la defensa de sus particulares creencias, opiniones y puntos de vista considera a la opción del «Camino Medio» o a la «Opción Neutra» como posiciones en su contra, cuando en realidad no es así. El llamado «Camino Medio» referido por el sabio Buda, quien lo consideraba la posición central donde se reconcilian y se supera la dualidad y los extremos polarizados, dando paso a la armonía y la paz.

El respeto mutuo exige aceptar que el otro o los otros son diferentes a nosotros, no nuestros clones. Sin ese respeto y apertura hacia otros puntos de vista no existe intención  alguna para escuchar ni para alcanzar una sana y equilibrada relación. 

La descalificación de personas, grupos e instituciones desenfoca la verdadera atención que requieren las necesidades y problemas produciendo más desorientación que orientación. Quien descalifica pretende sobre dimensionar imperfecciones, defectos o debilidades que visualiza o crea en el otro,  en ese otro que considera diferente.

Escuchar y considerar los argumentos y razones de ese otro permitirá que comprendamos sus necesidades, problemas, puntos de vista o perspectivas diferentes a la nuestra, pero que también han sido, son parte y quizá seguirán siendo parte de la realidad.

Planteaba el escritor argentino Jorge Luis Borges que "Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”, lo cual es una gran verdad. Parece paradójico, pero terminamos pensando y actuando de la misma manera que criticamos a otros.  Algunas veces recibimos descalificaciones y respondemos con descalificaciones, dejando a un lado la válida y necesaria argumentación. En el mundo político es común que ello ocurra, y podemos ver candidatos cuyo propuesta de gobierno parece ser la critica y descalificación del otro, porque no ofrecen ningún plan ni proyecto de gobierno. 

Debemos entender que las cosas han cambiado, que el mundo toma nuevas perspectivas y, ello debe llevarnos abrir nuestra mente a nuevas ideas y realidades, y a otras que quizá siempre estuvieron allí, pero nos habíamos negado a verlas y aceptarlas.  El escritor y filósofo estadounidense Eric Hoffer acertadamente lo expresaba diciendo “En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”.

Expresaba el novelista y dramaturgo francés Alejandro Dumas (padre) que “El orgullo de quien no puede edificar es destruir”. Mientras el filósofo Sócrates afirmaba “Cuando el debate está perdido la calumnia es el arma del perdedor”. Y Mahatma Gandhi  nos recordaba que “No hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra”.

Algunas veces esa imperiosa necesidad de tener razón nos lleva a no aceptar nada diferente a nuestras creencias y paradigmas. En resumen, poco aporta a la discusión y al logro de acuerdos, quien descalifica a otros, sin querer entender y solo tratar de imponer sus propias razones.


Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Blog: www.miguelterancoach.blogspot.com
Web: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

El Día de Acción de Gracias: Un día para agradecer lo que debemos agradecer. Miguel A. Terán



Aunque agradecer debe ser una actitud y gesto de cada día, tener un día escogido y reservado para hacerlo no deja de ser importante y necesario, porque –tristemente- entre las prisas, emergencias y urgencias de cada día olvidamos la prioridad de agradecer. Ayudar -agradecer -ayudar deben una secuencia de nuestra dinámica de vida.

Algunas veces, cuando la vida nos pone ante circunstancias o situaciones difíciles, llegamos a pensar que no tenemos nada que agradecer, pero les garantizo que basta con mirar a nuestro alrededor, sin dejarnos deslumbrar por lo superficial y falso,  para reconocer que si somos bendecidos en muchos aspectos.

La triste y común realidad  es que estamos más preocupados buscando lo que nos falta que agradeciendo y disfrutando lo que ya somos, hacemos y tenemos. En nuestro transitar por la vida se cruzan muchas fortunas que ni siquiera vemos, menos aún las disfrutamos ni agradecemos, porque vamos dispersos por la vida, simplemente buscando algo más, que muchas veces ni siquiera sabemos de qué se trata.

Las expectativas exageradas o nada realistas, son otra causa para no agradecer, porque  todo nos parece poco, debido a que siempre esperábamos más y concluimos que no hay nada que agradecer. Esa exageración de expectativas definitivamente acaba con el agradecimiento, ya que generalmente están por encima de lo que recibimos.

Sin embargo, no podemos negar que también es realidad la existencia de quienes dan o pagan con “espejitos”,  y llenos de expectativas, esperan a cambio de esos espejitos un agradecimiento eterno e incondicional de los demás.  Estos mercaderes personajes sienten, sufren y vociferan la falta de agradecimiento de las personas, pero al no ser honestos con ellos mismos para reconocer lo poco y hasta miserable de su ayuda, en comparación con sus reales posibilidades, sienten traicionada su “buena voluntad y desprendido gesto”.

La gratitud, en su más puro concepto, consiste en apreciar y valorar lo que recibimos o recibiremos, sin calificarlo, juzgarlo ni cuantificarlo. Es el hecho, el gesto  o la acción en sí misma, no el contenido o valor de lo recibido. En el momento que  pretendemos calificar o valorar lo recibido nos arriesgamos a no agradecer. En la gratitud la “obligación” no existe.

Por supuesto, que no debemos confundir un gesto de buena voluntad con un gesto de justicia, en el primero de ellos, la obligación no existe, en el segundo sí. Por ejemplo, si alguien me paga un salario o una compensación justa por realizar un trabajo, puedo y debo agradecer a esta persona la oportunidad de permitirme haber trabajado, no el salario o la compensación, porque éstos fue simplemente un acto de justicia y de cumplimiento a un acuerdo previamente adquirido.  

Es válido todos los días, pero especialmente en este día, agradecer a Dios,  en la forma que lo concibamos, por todo lo que somos, hacemos y tenemos. Igualmente, debemos agradecer a quienes han contribuido con nosotros en las diferentes etapas de nuestro transitar por la vida, seguros de que sin su apoyo el camino hubiera sido más complicado o simplemente hubiéramos tenido que tomar otros rumbos.

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Miguel A. Terán

Psicología, Filosofía y Coaching.

Blog: www.miguelterancoach.blogspot.com
Web: www.lidervoice.com
Facebook: https://www.facebook.com/miguelterancoach
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/miguelterancoach
Twitter: @MiguelATeranO
Imagen tomada de la web

viernes, 16 de noviembre de 2018

¿Cuántos ayudamos y cuántos aparentamos hacerlo? Miguel A. Terán


Es un hecho que algunas personas actúan como si estuvieran tratando de ayudar, pero en verdad están haciendo un mínimo esfuerzo o solo fingiendo.  Sin embargo, el tema también es cuestión de expectativas de lado y lado. Alguien refirió que “A veces esperamos demasiado de otras personas, solo porque nosotros estaríamos dispuestos a hacer mucho más por ellos”.

Dar de lo que nos sobra, si bien es cierto que es mejor que no dar nada, tampoco merece mucho agradecimiento,  porque representa poco esfuerzo de desprenderse. “Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más”, fueron palabras de Santa Teresa de Calcuta. No es igual, ni tiene el mismo significado,  tener dos panes y dar uno, que tener 20 panes y dar uno. De ninguna manera podríamos despreciar la ayuda, un pan es un pan, y más si hay hambre. No obstante, el verdadero altruismo consiste en procurar el bien ajeno aun a costa del bien propio.

Hay muchas ayudas en silencio, que representan la verdadera y auténtica ayuda. Por lo contrario, algunas acciones filantrópicas en oportunidades no son más que estrategias de marketing, personal o de negocios, no una real sensibilidad por el dolor ajeno. Unos meses después del accidente en competencia donde perdió la vida el destacado piloto brasileño Ayrton Senna da Silva, Tricampeón Mundial del Premio de Fórmula 1, quedaron al descubierto varias instituciones de ayuda y beneficencia que él mantenía en total y absoluto anonimato. Ese excepcional individuo lo había entendido, al haber manifestado:  "No puedo vivir en una isla de prosperidad, cuando estoy rodeado de un mar de miseria".

Ayudar debe ser un placer en sí mismo, porque de lo contrario, al esperar alguna retribución o reconocimiento por lo que hicimos perdería validez el gesto. Existen quienes “ayudan” y consideran que a quien ayudaron están en deuda con ellos. La verdad es que debemos ayudar sin esperar nada a cambio, porque la idea no es transformar el acto de ayudar en un intercambio de favores, compromisos y deudas, porque lo convertiríamos en  un intercambio mercantil.

Aunque también es cierto que todo tiene sus límites, por ello es necesario medir y equilibrar la ayuda para permitir que quien la recibe asuma de alguna manera las riendas de su vida.  El filósofo y matemático griego Pitágoras de Samos decía “Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”.

Existen muchas formas de ayuda que tienen gran valor, sin ser nada material, tales como el apoyo espiritual, la educación, las labores comunitarias y otras. Lo importante es ayudar, dando de lo poco o mucho que tengamos. “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”, decía San Agustín.

Muchas veces olvidamos ayudar a aquel que nos ayudó en algún momento. No recordamos el apoyo de aquellos que fueron vitales para que “cruzáramos el río”. Lo válido sería no solo preguntarnos qué hacen los demás por nosotros, sino qué hacemos nosotros por los demás. Muchos individuos esperan la ayuda de todos, casi como un deber, pero no tienen interés alguno en agradecer ni -mucho menos- en corresponder ayudando a otros. Como dice la letra de la canción "Tan pronto nos sale el clavo se olvida todo el sufrimiento".

El líder de los derechos civiles y Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King,  consideraba que “La pregunta más urgente y persistente en la vida es: ¿Qué estás haciendo por los demás?”, pregunta que -tristemente- nos hacemos cada vez menos, en un mundo que da prioridad a la superficialidad, las urgencias y la individualidad  dejando a un lado lo profundo, lo importante y lo colectivo.

Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching.

Blog: www.miguelterancoach.blogspot.com
Web: www.lidervoice.com
Facebook: https://www.facebook.com/miguelterancoach
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/miguelterancoach
Twitter: @MiguelATeranO
Imagen tomada de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

martes, 13 de noviembre de 2018

Para alcanzar una vida equilibrada es necesario proteger y respetar nuestros diferentes espacios y tiempos. Miguel A. Terán

Mezclar todo no es un sano hábito de vida, ni siquiera prepararemos un buen batido o merengada colocándole de todo. Al equivocar el lugar y el tiempo, los cuales constituyen el momento, podemos enredar y complicar las relaciones, decisiones, eventos o situaciones, convirtiéndolas  en auténticos problemas o desperdiciando las oportunidades. Recordemos la expresión “vivir en el aquí y ahora”.

Nuestro día tiene veinticuatro horas y en ese lapso debemos transitar por todos los espacios, disponiendo el “necesario” tiempo según la prioridad que hemos otorgado a cada uno de ellos. Nuestro adecuado criterio, para asignar con efectivo equilibrio las prioridades sera vital para la armonía y balance en nuestras vidas. El recorrido diario requiere atender temas relacionados con nuestros espacios individuales o personales, de familia, pareja, sociales y de trabajo, considerando que dentro de éstos están incluidas actividades espirituales, de recreación, estudio, ocio, etcétera. 

Sin embargo, ha ocurrido que en ese enfermizo afán o deseo de ahorrar u optimizar el tiempo, tratamos de estar bien con Dios y con el diablo, pretendiendo combinar y mezclar espacios y tiempos diferentes en un mismo lugar y tiempo; por ello, es práctica común que a los tiempos y espacios de familia o de pareja los convertimos en momentos sociales, transformándolos –sin darnos cuenta-  en otra actividad. 

Tratemos de explicar mejor la idea sobre el tema, haciendo referencia a los tiempos y espacios de pareja,  los cuales para que sean reales y genuinos deben ser “Momentos de Pareja”, donde ni siquiera hay cabida para una mascota. Una parrillada o barbecue (bbq) puede ser un evento familiar, de trabajo o social, pero no es de pareja, salvo que lo haga solo la pareja. 

El famoso efecto del “Nido Vacío” al cual enfrentan muchas parejas en el momento que sus hijos se van de casa, es esa sensación de soledad, acompañada de nostalgia y desencuentro resultado de una mezcla entre el dolor por la partida de los hijos,  quienes toman nuevos rumbos para hacer sus propias vidas y la incertidumbre de reencontrarse con nuestra pareja y comenzar una nueva vida. 

Muchas parejas descuidaron sus espacios y tiempos personales y de pareja al dedicarse básicamente a la atención de sus hijos. La relación puede haberse conservado en el tiempo, con el objetivo -casi único-de lograr la crianza de los hijos, pero al perder sus momentos dejó de ser una relación de pareja, por lo cual reactivarla algunos años después no será tarea fácil. 

En ese otro eterno dilema entre trabajo y familia, la solución es priorizar adecuadamente, pero sobre todo respetando nuestros tiempos y espacios de trabajo y de familia, diferenciando los unos de otros. No obstante, es muy importante comprender que el tiempo es finito o limitado; por ello, dedicar más tiempo dentro  de esas veinticuatro horas a alguna actividad en particular,  significa quitarlo a otra u otras, es un ejercicio de equilibrio y balance para lograr armonía en nuestra vida. 

Parece ilógico, pero muchas veces a quien menos tiempo otorgamos en nuestra “apretada” agenda es a nosotros mismos. Sin brindarnos espacios de reflexión o auto-reflexión perderemos el mensaje que nos dejan las experiencias, lo que nos lleva a repetir las malas y perder el rumbo de las buenas, impidiendo desarrollarnos y crecer como seres humanos y sociales. 

En estos tiempos, casi sin darnos cuenta, hemos permitido que la tecnología, especialmente las redes sociales, hayan invadido nuestra vida, cuan “Caballo de Troya”, robándonos espacios y tiempos en todas las demás áreas; lo cual es y será causa de muchos desequilibrios en lo humano y social. Hemos crecido en virtualidad, pero nos hemos disminuido en realidad, el tiempo arrojará resultados de este cambio tecnológico. 
Es un hecho que cuando nos aferramos a algo o alguien, podemos estar intentando conservarlo –de manera artificial- más tiempo del necesario o realista. Es sano y necesario cerrar capítulos en nuestra vida, para abrirnos a otras posibilidades. “Es difícil que alguien te rompa el corazón, generalmente eres tú mientras tratas de meterlo a la fuerza en donde bien sabes que no cabe”, refiere  el artista chileno Alejandro Jodorowsky; en otras palabras, es necesario comprender que ya se fue el tiempo -ese corazón ya no está a nuestro lado- o nunca hubo espacio para nosotros en ese corazón.

Entonces, tomemos conciencia acerca de la importancia de respetar los diferentes tiempos y espacios, utilizando adecuadamente los lugares y horas de nuestra vida en el momento que les corresponde, en la actividad en que debemos estar, sin tratar de mezclar para no desvirtuar ni perder el momento. 

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Blog: www.miguelterancoach.blogspot.com
Web: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.