jueves, 16 de agosto de 2018

“Enfocarse en las prioridades es clave para el logro de los objetivos y puede ser y hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso”. Miguel A. Terán



Nuestro compromiso, atención e interés son elementos vitales para alcanzar las metas y objetivos que nos trazamos en diferentes aspectos y momentos de nuestra vida; por lo contrario,  disminuirlos o dispersarlos reduce la probabilidad de lograr esas metas y objetivos. Igualmente, diluir o desenfocar nuestros esfuerzos y recursos en varias prioridades nos desconcentra,  impidiendo que alcancemos efectivamente alguna de las mismas. Tal cual refería el sabio Confucio, cuando dijo:  “Quien persigue dos conejos no atrapa ninguno”.

Por lo contrario, cuando tenemos claras, definidas y enfocadas nuestras prioridades, las decisiones y acciones a tomar fluyen con mayor facilidad, menos dolor y menos trabas. Tomar decisiones y acciones a medias no es tan positivo como parece.  Una media decisión está más cerca del fracaso que del éxito. 

En ciertas ocasiones tomamos alguna decisión y su correspondiente acción, pero a medias, porque continuamos atados a nuestro pasado,  a lo que veníamos haciendo, a lo que teníamos o al lugar donde estábamos; entonces, ocurre que ese paso que hemos dado en el presente solo nos llevará a desequilibrios en el futuro; ya que, si bien es cierto que hemos dado un paso adelante, nos negamos a retirar nuestro otro pie del pasado, para dar el siguiente paso y ello hace que quedemos en un punto muerto, un pie adelante y otro atrás que nos frena, haciendo imposible avanzar y fácil caer.

Algo similar ocurre cuando llevamos cualquier tipo de doble vida, porque esa dispersión entre dos corrientes nos hace inconstantes y erráticos en ambas vidas. El Premio Nobel de Literatura (1947) el escritor francés André Gide expresó “No se descubren nuevos continentes sino se tiene el valor de perder de vista la costa”. En otras palabras, es imposible avanzar hacia futuro o echar raíces en un nuevo lugar, si nuestra mente se quedó en el ayer y en el allá, porque nuestra realidad y futuro se construyen en el aquí y el ahora, los cuales nos llenan de suficientes retos y vicisitudes. Pasar los días rumiando los temas de aquí y de allá, del presente y del pasado, y comparando unos con otros, nos agota y hurta todas las energías para enfocarnos en lo que debemos enfocarnos, en nuestras prioridades.

“Enfocarse era decir si a aquello en lo que te enfocas, pero no es así. Significa decir no a otros cientos de ideas buenas que hay”, expresaba Steve Job. Entonces, si bien es cierto que el sol sale para todos, desenfocarnos nublará nuestros días.  Cuanto más nos enfocamos en algo, bueno o malo, más cerca estaremos de alcanzarlo, para bien o para mal.  Tengamos presente “La Profecía Autocumplida” o “Efecto Pigmalión”, que nos indica que nuestras creencias –positivas o negativas- acerca de la posibilidad de alcanzar lo que nos hemos propuesto son vitales para lograrlo o no. 

“Para cambiar tu vida, tienes que cambiar tus prioridades” dice el escritor y conferencista estadounidense  John Maxwell. Pero, si ya las tienes bien definidas, enfócate con pasión en esas prioridades y dedica todos tus recursos y esfuerzos para perseguirlas y alcanzarlas.  Ten presente que debemos asumir riesgos y retos, como parte del vivir, para lo cual requerimos estar dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad o confort, ubicarnos en el aquí y ahora,  y asumir la realidad de enfrentar cambios y de transformarnos.

Miguel A. Terán
Psicólogo, Coach, Orador y Escritor.
Web Page: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web

miércoles, 1 de agosto de 2018

“Hay quien cruza el bosque y solo ve leña para el fuego”. Leon Tolstoi (1828-1910). Escritor ruso.


Las cosas no son lo que son, sino lo que interpretamos que son, aunque no siempre sea cierta nuestra interpretación. El escritor británico George Orwell, decía que debíamos luchar duramente contra nosotros mismos,  para ver lo que tenemos delante de nuestras narices. Generalmente,  otros aprecian, valoran y desean lo que tenemos, mientras nosotros continuamos buscando más leña.

El pragmatismo de estos tiempos nos hace ver solo aquello que nos interesa, lo que consideramos útil -o mejor dicho utilitario- o que creemos nos beneficia;  triste realidad para muchos. En el diccionario, podemos encontrar la palabra utilitarismo como un “principio moral” que valora  esa actitud pragmática que antepone lo práctico y útil por sobre todo lo demás. En realidad, bajo esa perspectiva, sentarse a disfrutar de la belleza de un bosque parecería una conducta tonta para quien no entiende que hay cosas que llenan el espíritu y no los bolsillos.

Un bosque está lleno de sonidos, colores, luces, olores, mariposas, aves, arboles, flores, e infinitas experiencias para los sentidos y el espíritu; pero será solo tinieblas, silencio y carente de vida cuando lo vemos como leña. Es el mismo caso de la vida, cuando la vemos de una manera utilitaria, con sentido mercantil y de provecho; donde eventos, momentos, personas y sentimientos, son considerados solo leña.
Individuos con esa limitada visión y versión del mundo conservan la misma actitud y conducta ante los diferentes aspectos de sus vidas, buscando en todas sus decisiones y acciones la utilidad, el interés o el beneficio propio. Pero sin darse cuenta que la vida se les diluye en una permanente búsqueda, llena de desencuentros, porque incluso en esa carrera se perdieron a sí mismos.
Muchas personas al final de sus vidas hacen un resumen y concluyen que llevaron una vida sin sazón, pero con seguridad no vieron todos los aliños o condimentos que la vida puso en su camino darle sabor a muchos momentos o como alguien dijo: “Vieron el hueco de la dona o donut, pero no vieron la dona”.
Aprendamos a disfrutar del bosque de la vida,  no pasemos la vida dedicados a solo buscar leña.
Miguel A. Terán
Psicólogo, Coach, Orador y Escritor.

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martes, 4 de octubre de 2016

“¿Quién tiene el problema más importante? ¿Tú o yo? ¿Nosotros o ustedes?” Miguel A. Terán

“¿Quién tiene el problema más importante? ¿Tú o yo? ¿Nosotros o ustedes?”
Miguel A. Terán

Es vital comenzar aclarando y ratificando que todos tenemos problemas, pero es aún más necesario, reconocer que mis problemas o nuestros problemas no son ni más ni menos importantes que los de otro u otros, ni los de otro u otros más o menos importantes que los míos. El Maestro Zen vietnamita Thich Nhat Hanh, plantea que “al pensar únicamente  en nosotros mismos, solo conocemos nuestras propias necesidades y haremos caso omiso a la necesidades de otras personas”.  
Una expresión popular hacer referencia a que “La procesión va por dentro”, para referirnos a aquella persona que a pesar de estar en una situación difícil,  disimula o no exterioriza el sufrimiento que está padeciendo. Muchas veces solo vemos lo superficial o cosmético, hoy día -más aún- con la avalancha de las redes sociales donde todos parecemos felices. 
Entonces, es necesario comprender que cada quien puede estar “ahogado” en sus problemas, aunque para otro u otros esos problemas puedan parecer insignificantes. Expresado acertadamente por el escritor uruguayo Eduardo Galeano, cuando afirmó  "Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen"; en realidad,  ambos tienen un problema similar, pero desde diferente perspectiva. 
Con relación al problema, entendamos que un problema definido de manera inadecuada o parcial, sin considerar todas las variables involucradas ni sus raíces o causas, será más complejo de resolver que un problema claramente definido. El filósofo griego Aristóteles lo dijo en palabras sencillas “No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”. Mientras el científico Albert Einstein, ratificó que “La formulación de un problema es más importante que su solución”. La razón parece ser que al no entender adecuadamente el problema, es altamente probable que nos equivoquemos intentando resolverlo. 
Es también común que definamos el problema por sus síntomas y no por sus causas. Es aún más común que la percepción del problema esté basada en nuestras creencias y paradigmas,  lo que hará de la emocionalidad un factor muy importante al considerar posibles causas y soluciones. Los sesgos de percepción son un aspecto a considerar al momento de definir un problema.   
Soluciones, prácticamente, para todos los problemas, pero éstas dependen de las circunstancias y variables involucradas, así como de nuestras creencias, paradigmas, decisiones y acciones. En realidad, no hay una fórmula mágica para resolver los problemas. Lo que si es cierto es que éstos no surgen de la noche a la mañana, sino que evolucionan en el tiempo, son resultado de un proceso. 
Algunos problemas toman dimensiones importantes  producto de la negación o de la percepción sesgada. Considerar que «si yo estoy bien, todo y todos deben estar bien», es una expresión de ceguera que traerá consecuencias.  Al respecto, el ex – Beatle John Lennon reconocía que hay individuos tan ciegos que solo ven lo que quiere ver. “Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”, afirmaba escritor y bioquímico estadounidense Isaac Asimov. Y la escritora Ayn Rand  reconocía que “Podemos ignorar la realidad, pero no podemos ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”. 
Por su parte, el industrial estadounidense Henry Ford manifestaba una válida preocupación al considerar que la mayoría de las personas gastan más tiempo y energía en hablar de los problemas, que en afrontarlos. El hábito de acostumbrarnos a hablar continúa y permanentemente de nuestros problemas, nos lleva a estar inmersos y ahogados en los mismos, mientras alternativas y  oportunidades de solución se nos escapan. 
En conclusión, a los problemas hay que afrontarlos con decisión, pero sobre todo oportunamente, para evitar que crezcan y alcancen dimensiones que los conviertan en difíciles y complicados de manejar y resolver. El otro extremo son los problemas que solo están en nuestra imaginación, como dijo el filósofo, escritor y político francés Michel de Montaigne “Mi vida ha estado llena de terribles desdichas, la mayoría de las cuales nunca ocurrieron". 
Tengamos presente, que cuando no somos parte de la solución, es muy probable que seamos parte del problema. Dando respuesta a la pregunta de inicio, parece –entonces- que el problema más importante lo tiene quien no reconoce o no comprende las causas o raíces del problema, y está centrado solo en resolver sus síntomas y consecuencias.  Pero tengamos cuidado, que algunos problemas, especialmente los sociales y colectivos no tienen propietario y más temprano que tarde nos afectarán a todos. 

Octubre 04, 2016.

Miguel A. Terán
Psicólogo, Coach, Orador y Escritor.
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Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).



domingo, 18 de septiembre de 2016

Nairo Quintana: el Poder del Silencio Una conversación con el ciclista colombiano más importante de todos los tiempos. Por: Mauricio Silva Guzmán

Nairo Quintana: el Poder del Silencio
Una conversación con el ciclista colombiano más importante de todos los tiempos.
Por: Mauricio Silva Guzmán

Las notas referidas a continuación fueron tomadas y resumidas de la entrevista realizada por Mauricio Silva Guzmán, publicada originalmente  en la edición 26 de la revista BOCAS Diciembre 2013. Parte de la presente información fue tomada de la página web: eltiempo.com y otra de Wikipedia.
 Para que todos comprendamos las dimensiones de este pequeño gigante del deporte, parece propicio comenzar con una referencia de los logros de Nairo Alexander Quintana Rojas, un ciclista profesional colombiano de 26 años, quien actualmente corre para el equipo españolMovistar de Categoría UCI WorldTeam. En su impresionante haber deportivo podemos referir que Nairo ha sido:  Ganador del Tour del Porvenir (Tour de l'Avenir) (2010), Ganador de la Vuelta a Murcia (2012), Ganador del Giro de Emilia (2012), Ganador de la Ruta del Sur (2012),Ganador de la Vuelta al País Vasco (2013), Sub-Campeón en el Tour de France (2013), Ganador de Vuelta a Burgos (2013), Ganador del Tour de San Luis (2014), Ganador del Giro de Italia (2014), Sub-Campeón del Tour de Francia (2015), Ganador de la Vuelta a Cataluña (2016), Ganador del Tour de Romandía (2016), Tercer Lugar en el Tour de France (2016) y reciente Ganador de la Vuelta a España (2016).
Actualmente Nairo Quintana ocupa el Tercer Lugar entre los mejores ciclistas del mundo en el World Ranking de la Unión Ciclista Internacional (UCI) y el Primer Lugar en el WorldTour Ranking (UCI). Fuente: Wikipedia.
De la entrevista realizada a Nairo Quintana, consideramos importante tomar algunos párrafos, que transcribimos a continuación:
“Nairo solo quiere pedalear”, comienza escribiendo Mauricio Silva Guzmán.
Está claro, y lo confiesa, que eso es lo que más desea hacer en la vida (tal vez lo único) y que, además, es lo que mejor sabe hacer. Y muy bien. Y eso ya lo saben los colombianos, los españoles y los franceses.
Pero Nairo lo quiere hacer en silencio. Como siempre lo ha hecho. De hecho, la economía de sus palabras es la más elocuente definición de sí mismo. Nairo calla, porque lo que dice es muy puntual y porque sabe que en su terca manera de pedalear se encuentra su mejor expresión. Muy poco le gusta tener que lidiar con la fama, con la idea de que es un ídolo nacional y con la tara colombiana de querer convertirlo en el “pobrecito” que se salvó de la inmundicia.
En Colombia refiere, lo que pasa es que por ser del campo a uno lo tratan de pobre y no es así. Sí, digo, no teníamos dinero para darnos gustos. Lujos, no los teníamos, pero teníamos dinero para lo necesario. No como para decir: “me voy a comprar este reloj o me voy a comprar este celular”, no, eso no lo había. Pero sí había para lo básico.
Pero es que en el campo a todos nos toca trabajar y no es escandaloso ver trabajar a un niño. Los padres enseñan a sus hijos a ser responsables, a ayudar dentro de la familia: todos somos una unión y todos a salir adelante. Y muchas veces muestran eso como un escándalo: “¡Uyyy!, le tocó trabajar desde pequeñito”. Y no, eso es lo normal, porque no somos hijos de empresarios y no somos hijos de gente de dinero, somos hijos del campo.
Nunca tuvimos apuros, porque en el campo la gente vive muy tranquila, vive casi al cien por ciento feliz. No como en la ciudad, que un semáforo, que un carro, que te pitó, que el otro se te metió, que la oficina, que el tiempo, que la hora. En la ciudad no son felices. En la ciudad, la gente va a la oficina y no está pendiente de sus hijos.
Entonces, hay hijos rebeldes dentro de la sociedad, y de familias de alto estrato social, que se vuelven drogadictos y alcohólicos, porque muchas veces los padres nunca tuvieron la oportunidad de verles dar su primer pasito de bebés. Muchas veces los niños se crían queriendo más a la empleada que a la mamá. Y aquí en el campo, no. Yo quiero a mi madre, porque mi madre me crio y fue la que me dio el pecho. A mí no me dieron tetero.
Yo labré la tierra junto con mi padre. Hacíamos la huerta, cultivábamos para vender papa y maíz, básicamente. En el pasado paro agrario en Colombia, Nairo dio una declaración muy puntual y muy fuerte: “Da tristeza tener que ir a la plaza de mercado a llevar el producto y que no alcance ni siquiera para el transporte”. “Los campesinos se van a la ciudad porque el campo no da”. Sus palabras reflejan, brevemente,  el problema del trabajo en el campo y las consecuencias de la emigración del campesino a la ciudad.
En la entrevista se hace mención que Nairo ayuda a figuras jóvenes del ciclismo para que puedan seguir sus pasos. En general, es una historia a la cual le faltan muchos capítulos, porque aquí parece haber campeón para rato. Este es Nairo Quintana, excepcional deportista y excelente persona,  quien con esfuerzo y dedicación ha logrado situarse entre los mejores ciclistas del mundo. La entrevista refleja un mensaje de humildad de un deportista que ha saboreado el éxito.
 Miguel A. Terán
Foto de Nairo Quintana por Jorge Oviedo
 Septiembre 18, 2016.


lunes, 12 de septiembre de 2016

¿Qué tiene de valor el regalo que damos o recibimos? Miguel A. Terán

¿Qué tiene de valor el regalo que damos o recibimos?
Miguel A. Terán


Para contestar esta pregunta es necesario respondernos primero ¿A que damos valor?, porque dependiendo de lo que valoremos, percibimos e interpretamos cualquier regalo. El concepto de valor explicado en su versión más simple, es todo aquello que de una u otra manera nos lleva a desear y apreciar algo. Entonces, tenemos la posibilidad de valorar desde lo más material hasta lo más espiritual y sublime.
Es un hecho, que puede haber mucho de cultura, superficialidad y subjetividad en lo que valoramos; cada vez más, porque ahora los valores se imponen desde fuera del contexto familiar o social cercano. La llamada globalización no solo es un proceso económico, tecnológico y político sino también cultural, que ha abierto fronteras de comunicación e interdependencia, uniendo y mezclando economías, culturas y sociedades distintas.  
Parece válido considerar que las prioridades de los individuos están relacionadas con sus respectivos  valores. Cuando asumimos valores que no son propios, que son resultado de la presión cultural, cambiamos o desvirtuamos nuestras prioridades originales y nos encontramos buscando satisfacción a deseos, mientras olvidamos llenar nuestras reales necesidades. En otras palabras, la nevera puede estar vacía, pero tenemos un buen carro o ropa de marca.
Además, otro aspecto complejo, es que lo que valoramos cambia con el tiempo; por ello, a algo a lo cual  damos valor hoy, tal vez mañana no lo valoremos o viceversa. Reforzando lo expresado líneas atrás, debemos reconocer que hoy día la sociedad de consumo y su estrategia de mercadeo, ha pautado valores, tales como dinero, belleza, desarrollo profesional, status, poder y otros como caminos hacia la felicidad. 
Volviendo al tema del regalo, entonces, podemos valorar aspectos tales como el costo estimado o real, el tamaño, la marca y hasta el envoltorio. Inclusive, como la recepción de un regalo tiene componentes de expectativas, podemos otorgarle valor dependiendo de quien venga, más allá del regalo en sí. En otras palabras, la pureza y sinceridad en agradecer es distorsionada, desvirtuada o tergiversada por las expectativas. 
De manera tal que un regalo puede tener valor aparente o real, ambos o ninguno de los dos. En un programa del comediante y actor estadounidense William Henry "Bill" Cosby, éste mostraba un closet lleno de regalos recibidos por él -durante años- y comentaba, en son de burla e ironía, que nunca los utilizó porque no eran de su interés. 
Entonces, podríamos atrevernos o arriesgarnos a clasificar los regalos como útiles e inútiles. Recuerdo alguien que mencionó haciendo referencia a un país latino-americano, durante una época de crisis económica, en la cual se puso de moda la expresión: “Está bueno para pasarlo”, cuando se recibía un regalo que no gustaba ni le servía a quien lo recibió, pero se regalaría a otra persona en otra ocasión.

Existe aquel individuo que regala algo de su propio gusto, sin considerar el gusto de quien lo recibirá. El escritor Miguel de Unamuno decía “No des a nadie lo que te pida, sino lo que entiendas que necesita; y soporta luego la ingratitud”. 
¿Puede un regalo hacernos felices? ¿Permanente o temporalmente? Parece que la mayor parte de los regalos son efímeros, pasajeros de corta duración, representan el disfrute del momento, para quien lo compra y para quien lo recibe. En estos tiempos, algunos  niños pueden recibir en apenas un solo cumpleaños similar cantidad de  regalos, a los que cualquiera de nosotros en épocas pasadas, recibimos durante todos los años de nuestra infancia y adolescencia. Entre tantos regalos, el umbral de satisfacción sube y ya nunca parecen suficientes. 
Los padres quedan impresionados al darse cuenta, que en apenas un rato,  todos los recientes juguetes están tirados,  y el niño está jugando con una cajita donde venía uno de los regalos, paradójico el mensaje. 
En resumen, la gratitud es apreciar y valorar lo que recibimos o recibiremos, sin calificarlo, juzgarlo ni cuantificarlo. Es el hecho, el gesto  o la acción en sí misma, no el contenido o valor de lo recibido. En el momento que  pretendemos calificar o valorar lo recibido nos arriesgamos a no agradecer y perder el disfrute y felicidad del momento.

Septiembre 12, 2016.

Miguel A. Terán
Psicólogo, Coach, Orador y Escritor.
Web Page: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).