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miércoles, 22 de julio de 2020

‏Una persona no tiene que estar tras rejas para ser un prisionero.

“Una persona no tiene que estar tras rejas para ser un prisionero. La gente puede ser prisionera de sus propios conceptos e ideas. Pueden ser esclavos de sí mismos”.
Prem Rawat “Maharaji” (n. 1957). Conferencista hindú sobre la Paz Individual o Personal.


No hay peor esclavitud que la propia esclavitud, la escogida por nosotros mismos. Algunas de nuestras creencias y paradigmas nos limitan, cortándonos posibilidades de libertad y logros, manteniéndonos prisioneros. 

En innumerables oportunidades estamos desesperados buscando la puerta que conocemos para salir, incapaces de ver alternativas en otras puertas o ventanas. “Una persona solo está limitada por los pensamientos que elige”, afirmaba el filósofo inglés James Allen. 


“Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”, decía el industrial estadounidense Henry Ford. Pensar que no podemos escapar, que estamos condenados a permanecer en algún lugar o al lado de alguien, hará realidad que quedemos atrapados. El escritor estadounidense Wayne W. Dyer, afirma que “Somos aquello en lo que creemos”. 

Si somos libres o prisioneros, es el resultado de donde hemos llegado, al lugar donde nuestros pensamientos, decisiones y acciones nos han traído. En el futuro, estaremos donde nuestros pensamientos, decisiones y acciones nos lleven. Muchas veces no medimos las consecuencias de nuestras acciones, quedando atrapados por el resultado de nuestras palabras, tal cual lo expresó el escritor español Baltasar Gracián, al referir que “El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho”. 

Permitimos que nos esclavicen cosas, ideas, actividades, eventos, personas y mucho más. El escritor y poeta italiano Arturo Graf, consciente de ello, expresaba que “Los deseos son como los peldaños de una escalera, que cuanto más subes, tanto menos contento estarás”. Por su parte, el escritor francés Marcel Proust, consideraba que “Es un hecho que en busca de satisfacer deseos nos hacemos esclavos de esos deseos. El deseo florece; la posesión lo marchita todo”. Mientras tanto olvidamos disfrutar nuestros logros reales por estar enfocados en el nuevo reto a emprender o logro a buscar. Y luego, surgirá otro nuevo deseo que nos esclavizará con su búsqueda, por los siglos de los siglos. 

En el otro extremo, al no dejarse atrapar ni hacerse prisionero de sus pensamientos, emociones ni sentimientos el activista, político, filántropo y Premio Nobel de la Paz, el sudafricano y líder mundial Nelson Mandela, comentaba que “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe, que si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento seguirá siendo un prisionero”. 

“Somos golpeados por las circunstancias mientras continuemos creyendo que somos víctimas de las circunstancias externas”, expresó el antes referido filósofo inglés James Allen. Algunas veces "luchamos" por aparentes e insignificantes libertades, oponiéndonos tercamente a cumplir alguna norma o exigencia, cuando en realidad somos realmente prisioneros de cárceles más grandes impuestas por el sistema y la cultura.

No entender que nosotros somos autores de nuestras circunstancias, nos lleva por la vida en el papel de víctimas, sufriendo sin poder resolver. “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, afirmaba el sabio Buda, fundador del Budismo. Agregaría, "...y de lo que hemos permitido". 

Entonces, no es lo que nos sucede, sino lo que pensamos e interpretamos acerca de lo que nos sucede. Así lo ratificó la  escritora estadunidense Anais Nin cuando dijo “No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos”.

Miguel A. Terán
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Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia.

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miércoles, 24 de octubre de 2018

Las sociedades entran en crisis cuando lo anormal comienza a ser percibido como normal. Miguel A. Terán


La complejidad de esta reflexión consiste en definir qué es normal y, por diferencia, qué es anormal. La definición más clásica de normalidad es expresada como aquello que sirve de norma, modelo o regla, mientras que lo que se halle fuera o se desvíe de esa norma, modelo o regla es definido como anormal. Entonces, la conducta normal consiste en acciones socialmente aprobadas, con características y diferencias particulares de cada sociedad.  


Es válido aclarar que cada sociedad puede tener unos particulares valores, lo que si son universales son los principios (Lectura de referencia:   ¿Liderazgo de Principios o de Valores?). El entorno en el cual aplica la norma puede ser familiar, de pareja, organizacional o laboral, político, académico, de amistad, religioso,  deportivo o social, pero todos se enmarcan dentro de una norma general de la sociedad a la que pertenecemos, la cual fue escogida por consenso entre sus miembros o ha sido resultado de la evolución, de adaptaciones, cambios y ajustes aceptados por la sociedad en el tiempo.

En otras palabras, todo aquello que ha de observarse y cumplirse por estar convenido en una sociedad o grupo social se considera una norma.  La norma establece el patrón o la llamada “regla de juego” que nos permite orientar o guiar nuestro comportamiento  como miembros una particular sociedad,  al momento de ejecutar decisiones y acciones. En sociedades y culturas sanas, las conductas se hacen incomprensibles y penalizadas fuera del ámbito de la normalidad. Por supuesto, que siempre podrían quedar muchas dudas acerca del criterio que se utilizó para definir lo normal.

Pero más allá de lo complejo que es definir la normalidad, podemos concluir que las normas y valores de una cultural social son quienes definen lo que es o no normal. En otras palabras, si deseamos ser parte de una comunidad o sociedad en particular, debemos asumir y respetar sus normas. Ello no significa que las normas permanezcan estáticas en el tiempo, porque irán cambiando paulatinamente, en la medida que la sociedad considere necesario el cambio y las nuevas normas sean aceptadas por la mayoría de los miembros de la sociedad.

Entonces, la cultura de una sociedad tiene sus normas basadas en sus valores. Es un hecho que los valores son apreciados de manera distinta por cada sociedad y éstos permiten que los miembros de una particular sociedad puedan interactuar de manera balanceada y equilibrada, para lograr una convivencia armónica. 

Algunas veces luchamos por cambiar lo anormal de ahora por lo normal de antes, aunque valdría la pena preguntarnos si lo de antes era de verdad normal o ya nos habíamos acostumbrado a lo anormal. Al fin y al cabo,  somos animales de costumbre.    Sin embargo, en estos tiempos, muchas cosas anormales han ido mutando hacia “normales”, sin el consentimiento formal de la sociedad, pero si con su indiferencia y la costumbre del hábito, por tanto hemos venido convirtiéndonos en sociedades donde “La anormalidad es la nueva normalidad”.

El problema consiste en que algunos procesos evolucionan –o involucionan- más rápido que nuestra capacidad como seres humanos para poder aceptar y convivir con esos cambios y sus consecuencias, mientras que el sistema  social –en general- corre el riesgo de caer en la entropía o desorden, donde cada quien ponga o imponga su propia norma.

Cuando se pierden los puntos de referencia culturales y sociales, que significan valores y normas, se hace difícil orientar y regular las conductas de los miembros de la sociedad, especialmente a los más jóvenes a cerca de lo que es bueno o no, acerca de lo permitido o no.   Luego de transcurrido un tiempo en esa anarquía y  desorden,  volver a la normalidad, que representa la aceptación de la norma, es un proceso largo,  desgastante en tiempo y esfuerzo, y generalmente doloroso, que con seguridad  requerirá y exigirá el establecimiento e implantación de nuevas normas.  

Las estadísticas y leyes toman como referencia la norma cultural y social para establecer lo que es normal o no, permitido o no. Las leyes castigan las conductas inadaptadas, fuera de la norma.  Los principios, que como referimos anteriormente,  son normas de carácter general y de aplicación más universal para orientar la acción de los seres humanos, son mejor referencia y guía que los mismos valores y normas, porque estos últimos cambian o varían de acuerdo a cada sociedad.


En todo caso, bajo los principios o las normas, cuando comenzamos a ver los desvíos como normales, hasta el punto de convertir en normalidad la anormalidad, debemos hacer una revisión profunda a nuestros valores como individuos y sociedad, para realizar -a tiempo- los ajustes y correcciones a que haya lugar,  evitando males mayores. Las palabras del Emperador Romano Marco Aurelio, nos recuerdan, que “Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja”.


Miguel A. Terán
Psicología, Filosofía y Coaching.
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Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española 

viernes, 7 de septiembre de 2018

“De la conducta de cada uno de nosotros depende el destino de todos.” Alejandro Magno (356 AC -323 AC). Rey de Macedonia.



No existe nada ni nadie absolutamente insignificante como para no hacer una diferencia, positiva o negativa. Un antiguo proverbio chino afirma que: «El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo.» Es cuestión de tiempo para que nuestras decisiones y acciones, por más simple que parezcan, hagan efecto positivo o negativo en nosotros mismos o en nuestro entorno.

El concepto de neutro que proviene de las ciencias físicas, especialmente utilizado en el lenguaje de los temas relacionados con la electricidad, hace referencia a aquel cuerpo u objeto que posee cantidades iguales de electricidad positiva y negativa. Sin embargo, en lo humano y social,  el neutro no tiene cabida ni sentido, ya que todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene un efecto positivo o negativo.

Nuestro ejemplo como padres, supervisores, políticos, gobernantes o maestros, educa o mal educa a nuestros hijos, supervisados, seguidores, ciudadanos o alumnos. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene polaridad. Y, como siempre refiero, las sabias palabras de La Ley de la Siembra y la Cosecha nos recuerdan: “Dios no puede ser burlado y todo lo que el hombre sembrare eso también segará (cosechará)”. (Gálatas 6:7). Hoy estamos recogiendo lo que sembramos ayer y mañana estaremos recogiendo lo que sembremos hoy. Esta ley es de aplicación universal en la familia, amor, pareja, salud, hijos, sociedad, trabajo, negocios, etcétera.

Por ejemplo, un individuo que no ejerce su derecho al voto en una elección, muchas veces manifiesta  -erróneamente- que “no quiso decidir”, pero la verdad es que al no votar, tomó la decisión de no hacerlo. En otras palabras, si decidió, y decidió no votar. Ese individuo también podría haber considerado que quiso tomar una posición neutra en la elección; pero definitivamente –al no votar- su voto no fue neutro, su voto fue para quien ganó la elección. El clérigo y pacifista sudafricano Desmond M.  Tutu, Premio Nobel de la Paz (1984) lo expresó brillantemente de la siguiente manera: "Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor".

Todos formamos parte de una comunidad o una sociedad y somos importantes para la adecuada, efectiva y óptima marcha de esa comunidad o sociedad. Para bien o para mal, nuestras decisiones y acciones -más temprano que tarde- nos impactan a nosotros mismos e impactarán a la sociedad, directa o indirectamente.  Una cita atribuida al Emperador Romano Marco Aurelio (121 DC -180 DC), llamado El Sabio o El Filósofo, afirma que: «Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja». Entonces, nunca pensemos que algo puede ser bueno para nosotros, sin ser bueno para el lugar o entorno en el cual vivimos.  

"Si piensas que eres demasiado pequeño como para marcar la diferencia, intenta dormir con un mosquito en la habitación", nos recuerda un proverbio africano. El escritor y poeta de la antigua Roma Publio Sirio, reconocía que:  “Hasta un solo cabello hace su sombra”.

Y para concluir esta reflexión, cuando tengamos alguna duda acerca de la utilidad o razonabilidad de nuestras decisiones y acciones –antes de tomarlas y actuar- podemos considerar las palabras del filósofo francés y miembro del Comité de Ética de Francia André Comte-Sponville (n. 1952), quien dice: «¿Quieres saber si tal o cual acción es buena o condenable? Pregúntate ¿Qué ocurriría si todos se comportaran como tú?». De la honesta respuesta -ante esta pregunta- que nos demos a nosotros mismos, dependerá si continuamos con nuestra decisión y acción, o consideramos otras alternativas, opciones o vías.


Miguel A. Terán
Psicólogo, Coach, Orador y Escritor.
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martes, 1 de marzo de 2016

En una cultura que solo valora los logros, valdría la pena preguntarse: ¿Qué pretendemos lograr al final de todos esos logros? Miguel A. Terán

En una cultura que solo valora los logros, valdría la pena preguntarse: ¿Qué pretendemos lograr al final de todos esos logros?
Miguel A. Terán

Parece válido comenzar nuestro artículo de hoy con la reflexión de un autor anónimo, quien expresó “Primero me moría por terminar el bachillerato para empezar la universidad. Y luego me moría por terminar la universidad y empezar a trabajar. Y luego me moría por casarme y tener niños. Y luego me moría para que mis niños crecieran y fueran a la escuela. Y luego me moría por retirarme, para no volver a trabajar. Y ahora, me estoy muriendo y de repente me doy cuenta que me olvidé de vivir”.

Definitivamente, para hacer cualquier recorrido requerimos saber en qué lugar estamos y para qué lugar vamos. Sin embargo, en muchos momentos de la vida nos preocupamos más por iniciar el trayecto que por tener claro hasta dónde queremos llegar, de manera tal que corremos el riesgo de nunca detenernos, porque no tenemos una meta definida.

Nos preocupamos más, como refería el orador estadounidense Stephen Covey, por llevar un cronómetro en la mano, que por disponer de una brújula o GPS, en terminología de estos tiempos. El resultado es que brindamos más atención a la velocidad que a la dirección o ruta y, muchas personas, luego de toda una vida recorrida terminan por comprender que tomaron una ruta errónea. Un sabio proverbio alemán expresa  “Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada”.

Partir en busca de logros que nos lleven en camino al ansiado “éxito”, sin definir previamente ¿Qué es éxito?, es un gran riesgo, porque puede llevarnos de logro en logro, sin darnos cuenta ni mucho menos reconocerlo, que la continua búsqueda de logros puede convertirnos en insaciables, sin tiempo para disfrutar, valorar ni agradecer. Expresaba el pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson que “El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar de lo que se obtiene”.

En la obra de literatura “Alicia en el país de las Maravillas”, Alicia preguntó al gato “¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?” –“Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar” - respondió el Gato – “No me importa mucho el sitio” -dijo Alicia – “Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes” - dijo el Gato. Al transitar en busca de logros, muchas veces olvidamos el camino que inicialmente soñamos.

La famosa expresión “Carrera de Ratas”, utilizada por el autor estadounidense Robert T. Kiyosaky hace referencia -por analogía- a ese esfuerzo inútil, en el cual tratamos de  incrementar nuestros ingresos y la posesión de cosas materiales, sin reconocer que es “girar en la rueda” donde nunca llegamos y de donde no será fácil salir, porque no hemos definido previamente la meta final.

Algunas veces ese inacabable camino al éxito, nos transforma en algo que nunca pensamos llegar a ser, al respecto el autor y orador motivacional estadounidense Jim Rohn, nos decía que “La pregunta más importante en las diferentes etapas de nuestra vida, no es ¿Qué estoy consiguiendo?, sino ¿En qué me estoy convirtiendo?”. El fallecido actor estadounidense Robin Williams consideraba que "La cocaína es la manera que tiene Dios de decirte que estás ganando demasiado dinero".

Algunas veces llevamos la búsqueda más allá de razonables límites, hasta ese lugar donde los logros y triunfos parciales nos enceguecen, llenándonos de ego, soberbia y arrogancia, razones por las cuales nos escuchamos solo a nosotros mismos o aquellos –que por variadas razones-  se convierten en nuestro eco. Quizá por ello el escritor y crítico francés Jean Cocteau, expresaba: “Hay que saber dónde está el límite para poder llegar”.

02 de Marzo de 2016.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

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martes, 23 de febrero de 2016

Sin escapatoria posible, debemos reconocer y aceptar que somos seres sociales obligados a vivir y convivir en comunidad Miguel A. Terán

Sin escapatoria posible, debemos reconocer y aceptar que somos seres sociales obligados a vivir y convivir en comunidad
Miguel A. Terán

Historias de ermitaños han existido, pero son la excepción no la regla. Podemos reconocer y dar crédito a nuestra influencia genética, la cual es muy importante, pero la verdad es que nuestro desarrollo como seres humanos se da a través de nuestra vida en comunidad. En ese proceso de socialización en comunidad nos convertimos en miembros de la sociedad al absorber una particular cultura.

Es un hecho que no somos auto-suficientes, por lo cual necesitamos a otros seres humanos para sobrevivir. Nuestro proceso de aprendizaje e independencia es uno de los más extensos en tiempo dentro de los seres vivos. Expresaba el filósofo Aristóteles, que quien no puede vivir en sociedad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la sociedad, pero para ello debe ser –uno de los extremos- una bestia o un Dios.

El bienestar de todos los miembros de la sociedad es condición clave y vital para que podamos vivir en paz. Requerimos aprender –durante ese proceso de socialización- a cooperar y colaborar unos a otros para beneficio de todos. La cosecha no solo debe ser buena para nosotros, sino para nuestro entorno. Tengamos presente las palabras de Marco Aurelio, el Emperador Romano, quien afirmaba que “Nada que no sea bueno para el panal o la colmena, tampoco es bueno para la abeja”.

El filósofo francés y Miembro del Comité Nacional de Ética de Francia, André Comte-Sponeville ha expresado dos preguntas clave para poder lograr una sociedad basada en el bien común: “¿Si quieres saber si tal o cual acción o conducta de tu parte es buena o condenable? debes preguntarte: ¿Qué ocurriría sí todos se comportaran como tú?”. Por su parte el gran filósofo chino Confucio afirmó, muchos siglos atrás: “Lo que no quieras que los otros te hagan a ti, no lo hagas a los otros”.
Debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros; y no hacer a los demás lo que no deseamos que nos hagan. Ambas versiones, una en positivo y otra en negativo, constituyen el principio moral que sustenta la denominada Regla de Oro, existente en múltiples culturas y religiones a través del mundo y los tiempos.

Al pensar solo en nuestro provecho personal,  o en extremo, en el beneficio de nuestro reducido grupo estaremos polarizando y desequilibrando a la sociedad en la cual vivimos. Decía el Dr. Stephen Covey, el famoso consultor y orador estadounidense, que “Cuando solo percibo como válida mi posición y perspectiva, el único modo de resolver el problema es persuadir al otro para que cambie su paradigma; y si tengo el poder para ello, obligarlo a aceptar mi punto de vista”. En esta perspectiva, siempre habrá un aparente ganador y un perdedor, pero la verdad es que finalmente perderán ambos.

Para convivir, que no es solo vivir, porque significa  vivir en compañía de otros, requerimos reconocer la existencia y el valor del otro.  Expresaba Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz (1964): “Tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”. Por su parte, el mexicano Benito Juárez, el Benemérito de las Américas,  nos recordaba en su célebre frase que “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

La sociedad requiere sustentarse en principios y valores, de las cuales surgen normas de convivencia que permiten orientar y regular la conducta de los miembros de esa sociedad en reciproco beneficio de todos y cada uno de ellos, condición indispensable para vivir en una sociedad en paz.  

23 de Febrero de 2016.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

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lunes, 16 de noviembre de 2015

Compartir es un alimento vital para nutrir la paz social. Miguel A. Terán

Compartir es un alimento vital para nutrir la paz social.
Miguel A. Terán

Parece que no alcanzaremos la paz social planteando la generosidad, bondad, compasión o caridad como los objetivos a seguir, porque a pesar que estas actitudes alivian , aligeran, disminuyan o mitigan el peso de la necesidad no satisfecha,  solo atacan lo síntomas o las consecuencias, pero no resuelven las causas, de manera tal que el problema continuará creciendo. Decía el Maestro y líder espiritual Osho, que podemos seguir “cortando ramas y hojas del árbol, pero la raíz permanecerá intacta”. La situación irá transformándose en problema mientras no encontremos ni enfrentemos las causas o razones de lo que ocurre.

En términos occidentales, la definición de compasión,  una de las más comúnmente utilizadas, hace referencia a un sentimiento de pena e identificación ante los males de alguien, pero sin llegar a resolverlos, quizá solo a hacerlo más llevadero.  Mientras que en términos budistas, la compasión es definida como el deseo de que los demás puedan no solo liberarse del sufrimiento, sino de las causas del sufrimiento. Es ir unos pasos más allá en la solución del problema.

A través de los tiempos, muchos han sido responsables de la ignorancia e inconciencia del ser humano,  especialmente aquellos que han tenido posiciones económicas o de poder. El mismo Maestro Osho reconocía que “Las masas ignorantes se pueden manipular muy fácilmente con cosas insignificantes”. Es un hecho que la pobreza unida a la ignorancia han sido históricamente “caldo de cultivo” para el populismo y el surgimiento de caudillos, oportunistas, dictadores y extremistas.

El problema toma un rumbo complejo y paradigmático cuando hablamos de la necesidad de compartir, repartir, dividir o distribuir algo para el disfrute común o simultáneo, entre todos los integrantes de la sociedad.  Es aquí cuando aparecen juicios de valor y reacciones que hacen mención a que todos deben luchar para tener y disfrutar por sí mismos, lo que otros también han logrado por sí mismos, y que compartir no hace justicia. Aunque, tal vez, ese compartir de uso común no va más allá de repartir “un poquito de lo que nos sobra”, algunas veces insignificante.

Debemos evitar que la sociedad se desnutra a tal extremo que surja la pobreza y nos llenemos de sus consecuencias. Nos referimos a pobreza cuando personas o comunidades no disponen de ingresos ni recursos suficientes para cubrir los niveles mínimos de alimentación, salud, vivienda, transporte y educación. Es un problema de todos, porque más temprano que tarde nos afectará a todos.

Es válido hacer la referencia al concepto de Círculo de Pobreza, para tratar de comprender donde radica parte importante de la raíz del problema social.  La Enciclopedia Hutchinson, según referencia de Wikipedia, define el Círculo de Pobreza como el "Conjunto de factores o eventos por los cuales la pobreza, una vez iniciada, es probable que continúe a menos que haya una intervención exterior".

El ciclo de la pobreza se ha definido como un fenómeno en el que las familias pobres se quedan atrapadas en la pobreza por lo menos tres generaciones, es decir, por el tiempo suficiente como para que la familia no tenga ancestros supervivientes que posean y puedan transmitir el desarrollo intelectual, social y capital cultural necesario mantenerse al margen de o salir de la pobreza (Wikipedia).

Porcentajes significativos de la población con bajos salarios, que los destinan solo al consumo básico, sin capacidad de ahorro; con muchas horas al día entre trabajo y transporte; con pocas o muy escasas opciones de educación formal, por razones económicas, de tiempo y culturales, conforman una mezcla explosiva en cualquier población, que puede ser utilizada para planes particulares de alguno de esos oportunistas.  
La mejor forma de compartir, en el sentido de distribuir, en lo social es brindar oportunidades de progreso a todos. No se trata de regalar ni asumir actitudes populistas. El reto debe ser mejorar las condiciones socio económicas y de inclusión social, para  disminuir las diferencias y desigualdades extremas en la calidad de vida de los miembros de la sociedad, brindando oportunidades de educación para la transformación social.

El objetivo es lograr que todos dispongan de condiciones y oportunidades justas y equitativas de bienestar y calidad de vida, resultado de un trabajo digno, alimentación, vivienda, salud, transporte, recreación  y educación, para progresar de manera integral. 
    
Una sociedad que pretenda acabar con la pobreza, debe sensibilizar a sus ciudadanos de todos los estratos sociales en la lucha contra la pobreza. Compartir educación y conocimiento, entre sus ciudadanos, en busca de la sabiduría y conciencia que permita  a cada individuo transformarse y contribuir a transformar la sociedad. Tengamos presente que los desequilibrios e injusticias impiden alcanzar la paz.

No se trata de pensar de manera individualista para considerar que no me falte nada, se trata de sensibilizarme, preocuparme, ocuparme y actuar para que a mis vecinos tampoco les falte nada. El ex Secretario de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz, Kofi Annan afirma que “El conocimiento es poder. La información es libertadora. La educación es la premisa del progreso, en toda sociedad, en toda familia”.

Expresaba un autor anónimo "Todas las cosas que salen de ti regresan a ti. Así que no es necesario preocuparse por lo que vas a recibir. Mejor preocúpate por lo que vas a dar". Reconocía Mahatma Gandhi que "La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada individuo, pero no la codicia de cada uno de ellos". Una sociedad más justa y equilibrada, solo puede ser construida por verdaderos ciudadanos, cuya prioridad sea el bienestar común como un camino hacia la paz de todos.   

17 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
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martes, 3 de noviembre de 2015

¿Qué nos define como seres humanos? Miguel A. Terán

¿Qué nos define como seres humanos?
Miguel A. Terán

Las palabras compasión y sensibilidad definen a la palabra humanidad, que a la vez parece definirnos como seres humanos. Sin rasgos de compasión ni sensibilidad es imposible calificar a alguien como auténtico ser humano. Más allá que se cumpla con los demás requisitos de complejidad, racionalidad y pensamiento abstracto, lo que define a un ser vivo como ser humano son sus rasgos de humanidad.

Ese ser humano debe ser humanitario, es decir benigno, de buena voluntad hacia los demás, sean o no de la especie humana. Un ser humano debe tener la capacidad de compartir con otros seres su amor, su sabiduría y equilibrio, brindándoles oportunidades para aprender, desarrollarse, transformarse y conseguir las anheladas paz y felicidad. Para ello, transitará por la vida viviendo en valores.

Existen condiciones que deben ser procuradas y compartidas por y para todos los integrantes de una sociedad, como requisito para que ésta merezca llamarse una sociedad de seres humanos. Entre esas condiciones deben estar la salud, la educación, la vivienda, el trabajo digno, la alimentación  y la seguridad, entre otras. Además del respeto a los valores. En muchas sociedades podríamos considerar esas condiciones como lujos, imposibles de disfrutar por buena parte de la población.

Refiere el filósofo español Fernando Savater que “La humanidad nos las damos unos a otros y la recibimos unos de otros. Nadie se hace humano solo”. Sin educación para todos es imposible hacer humanidad. El mismo Savater refiere que la educación es fabricante de humanidad y convivencia.
El sacerdote jesuita chileno, canonizado en el 2005, San Alberto Hurtado consideraba que “Proveer las necesidades inmediatas es necesario, pero cambia poco la situación”, se requiere ir más allá para resolver la raíz del problema.  No se trata de dar dádivas ni de caridad, que nunca resolverán los problemas, se trata de concientizarnos y esforzarnos para que todos los integrantes de la sociedad puedan recibir educación, desarrollarse y progresar, y que la misma sociedad garantice oportunidades equitativas y justas para todos.

La equidad y la justicia serán realidad solo cuando no haga falta la caridad.  “La caridad comienza donde termina la justicia”, afirmaba el mismo San Alberto Hurtado.

Si llegamos a tomar conciencia  y comprender con auténtico sentimiento humano el dolor y sufrimiento de otros seres, intentaríamos no solo hacer cosas para aliviarles, sino que lucharíamos por mitigar hasta eliminar por completo las causas de su sufrimiento.

04 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
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lunes, 28 de septiembre de 2015

Cuando individuos, sociedades, ambiente y cosas se van deteriorando, el desorden y el caos comienzan a hacerse parte del paisaje. Miguel A. Terán


Comencemos por aclarar que la expresión “se van deteriorando” es solo referencial, ya que la correcta debe ser “los vamos deteriorando”, porque somos nosotros como individuos o sociedad quienes causamos el deterioro. El paso del tiempo y la ocurrencia de algunos eventos, pueden resultar en avances y retrocesos en lo humano, social o material, incluyendo –en esa combinación anterior- lo espiritual y moral. 

Pero la realidad es que todo sucede de manera tan lenta, que “no lo vemos” y nos vamos adaptando a un progresivo deterioro que nos llevará, con el paso del tiempo al caos. 

Cuando hablamos de caos –en términos simples- nos referimos al extremo de la confusión o desorden, donde se ha perdido la secuencia de eventos y se hacen impredecibles los resultados y consecuencias. Si bien es cierto que existe una relación de causa-efecto entre algo que ha venido ocurriendo, como origen del desorden,  también es cierto que ese desorden puede avanzar y crecer hasta explotar y convertirse en caos, su punto extremo.
   
No obstante, son múltiples las variables que interactúan en el proceso de deterioro y caos, por lo cual encontrar y determinar relaciones directas de influencia no siempre es fácil. Muchos elementos han sido parte de procesos continuos de deterioro, hasta llegar al caos, luego de transcurridos algunos o muchos años. 

En oportunidades, avances -parciales o temporales- pueden concluir en retrocesos, cuando son rebasados ciertos límites, tal cual lo refiere el economista, ambientalista, político y autor chileno Artur Manfred Max Neef, afirmando que  “En toda sociedad parece haber un período en el cual el crecimiento económico, convencionalmente entendido, genera un mejoramiento de la calidad de vida. Ello solo hasta un punto umbral, cruzado el cual el crecimiento económico genera un deterioro en la calidad de vida”.

Una de las nombradas víctimas del deterioro, con posiciones a favor y en contra por diversos motivos e intereses, es nuestro Medio Ambiente. La denominada encíclica verde del Papa Francisco constituye un llamado de atención importante a individuos, gobiernos, empresas y organizaciones para adquirir un compromiso integral con el desarrollo sustentable; no se trata únicamente de un documento sobre el medio ambiente, sino de la forma en que hombres y mujeres nos relacionamos con nuestro entorno y cómo esta relación impacta también la calidad de vida de la familia humana. Debemos preocuparnos por dejar un ambiente mejor a las generaciones venideras.

En lo social, al ser miembros de una sociedad o comunidad, podemos disfrutar los derechos que nos corresponden, pero debemos ser cuidadosos de cumplir estrictamente con nuestros deberes ciudadanos. Alejandro Magno, quizá el más grande conquistador de todos los tiempos, expresaba “Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos”. Al ser parte de una sociedad disfrutamos de sus beneficios, pero tendremos que aceptar sus exigencias y de alguna manera debemos sacrificar parte de nuestras "libertades" individuales en beneficio de la paz y el bienestar colectivo.

Para construir sobre este último punto, me permito utilizar las palabras del filósofo francés y miembro del Comité de Ética de Francia, André Comte-Sponville (1952), quien expresó  “¿Quieres saber si tal o cual acción es buena o condenable? Pregúntate ¿Qué ocurriría si todos se comportaran como tú?”. Y podemos concluir que en una sociedad debemos tener comportamientos que no afecten a los otros. Hacernos estas preguntas de Comte-Sponville antes de decidir o actuar pueden darnos una idea de si es correcto hacerlo. Si cada quien hiciera lo que le provoque hacer, por las razones o convicciones que sea, válidas o no, desde su punto de vista, la sociedad terminaría convertida en un completo caos.  

En el plano personal podemos hacer mención a aquellos individuos que viven una vida personal desordenada, llena de malestares, reproches, desdichas, ansiedades, expectativas y más, a quienes les es imposible pensar en un real orden y respeto por lo externo y por lo otros, cuando no han logrado el necesario balance y equilibrio para ordenar su vida interna. Ello afecta y deteriora relaciones familiares, de pareja, amistad, crianza de hijos, de comportamiento social, etcétera, pudiendo llevarlas al caos y arrastrando a otros en su proceso de deterioro. 

Es común pedir libertades y concesiones para ampliar la participación y libertad en la vida externa, pero es imposible llevar una sana, nutritiva y respetuosa vida externa cuando estamos desnutridos internamente. Son muchos quienes niegan o restan importancia al deterioro y al caos, cuando sus acciones del día-día los han convertido en promotores y parte activa de ese deterioro y caos. Tengamos presente que "Recogemos lo que sembramos". 

Lo importante es tener presente como nuestro entorno -en general- puede irse deteriorando, haciéndose realidad ese deterioro en individuos, parejas, familias, empresas, sociedades y países, así como en el medio ambiente, en las relaciones de trabajo, y en realidad en todo. Prestar atención a pequeños desvíos para corregir a tiempo es clave, respetar los acuerdos y normas colectivas para evitar que lo malo se vuelva parte del paisaje y lo anormal lo aceptemos como normal, para encontrarnos –más adelante- con problemas difíciles de manejar y resolver debido a las dimensiones que han adquirido. No obstante, también es cierto que las crisis representan excelentes oportunidades de reflexión para alcanzar cambios, transformar y evolucionar como seres humanos y sociales. 

29 de Septiembre 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Web: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. 


jueves, 2 de julio de 2015

¿CUÁL ES EL APURO EN SER ADULTOS? Miguel A. Terán


La sociedad demuestra un enloquecido afán e interés, con marcados rasgos  de intereses económicos, en  lograr que sus miembros  “crezcan” rápidamente, lo cual concluirá siendo error garrafal, porque cada etapa de vida requiere del tiempo  necesario para adquirir  las experiencias y aprendizajes que los harán madurar.  Ese acelerado intento de “crecer” es limitado y parcial, dejando espacios y vacíos de inmadurez que más adelante pueden traer consecuencias para la persona y la sociedad.   
En una sociedad de la prisa nos habituamos a correr, de tal manera que algunas veces lo hacemos sin asegurarnos ni siquiera hacia dónde vamos. Parece más un hábito que concluye con estrés y escasos resultados para la persona. 

Ese vivir anticipadamente las etapas, infantes jugando a niños, niños  jugando a adolescentes y adolescentes jugando a adultos no traerá buenos resultados. Finalmente, encontramos lo contrario, paradójicamente adultos negados a envejecer haciendo esfuerzos por ser jóvenes. 

Un autor anónimo afirma que “Si permites que tu hija se maquille a los diez años, tenga novio a los doce años, vista sexy y provocativa a los catorce años; no te preguntes en que fallaste, cuando los haga abuelos a los dieciséis años. Ayúdala a vivir su niñez”. Una infancia y adolescencia acelerada llevará a los niños hacia una engañosa madurez, una sexualidad precoz y otras consecuencias. 

En uno de sus programas de radio refería la reconocida psicóloga Dra. Isabel Gómez-Bassols, que los jóvenes podían –a temprana edad- disponer del “hardware” –los componentes físicos-  para hacer cosas de adulto, pero carecían aún del “software” –el sistema operativo- para dar adecuado y efectivo uso al hardware. 

Esa inmadura adultez expone a los adolescentes e inclusive a niños a los riesgos propios de un adulto, enfermedades de transmisión sexual, licor, drogas y otros, sin que éstos tengan la necesaria madurez para enfrentarlos con precaución. 

Todo tiene su tiempo y momento, no es sano acelerar los procesos humanos, porque para éstos no existe la opción de microondas. La naturaleza es buen ejemplo de procesos y tiempos, cada uno en su momento, vale la pena comprender su mensaje.

Julio 03, 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).