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domingo, 10 de mayo de 2026

“Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón materno”. Ernest Bersot (1816-1880). Filósofo y escritor francés.


El corazón de una madre es, sin lugar a duda, un espacio sin límite ni fronteras para sus hijos. Hasta el final de sus días ella estará allí, con un compromiso que nada ni nadie lo puede superar. Un proverbio judío, reconoce que "Dios no podía estar en todas partes, así que creó a las madres", sabia y divina decisión, para lo cual debió crear un ser especial, único, irrepetible e insustituible para cada uno de nosotros. El escritor francés Honoré de Balzac lo expresó afirmando que “Jamás en la vida encontraréis ternura mejor y más desinteresada que la de vuestra madre”. 


Podría plantearse en quienes cuentan, adicionalmente, con un padre excelente, el valor de cada uno de sus progenitores en su crianza y, sin menospreciar a ese padre amoroso, comprometido y responsable, reconocemos que el vínculo con nuestra madre es de orden superior y no depende de convencionalismos sociales, legales ni religiosos; quizá por ello, el filósofo chino Lao Tse, afirmó que “El padre y el hijo son dos. La madre y el hijo son uno”. 

Muchas de las grandes figuras de la historia han expresado agradecimiento a sus madres, reconociendo que buena parte de sus logros y éxitos se los debían a ellas. Uno de estos personajes, el primer presidente estadounidense George Washington expresaba "Mi madre era la mujer más hermosa que he visto. Todo lo que soy se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en la vida a la educación moral, intelectual y física que recibí de ella". 

El también político y presidente estadounidense Abraham Lincoln reconocía: “Todo lo que soy o espero ser se lo debo a la angelical solicitud de mi madre”. Una autora anónima expresó: "Nunca supe cuánto amor mi corazón podía contener hasta que alguien me dijo mamá”. 

Realidades también hay muchas, son innumerables las madres que recorren trayectos difíciles, desde muchas perspectivas; algunas de ellas, batallando solas y llevando todas las responsabilidades, inclusive de proveer los recursos económicos para el hogar, en ese doble y complejo rol de madre y padre. Las carencias y necesidades, así como el exceso de recursos crean con el tiempo distintos problemas en la familia y en la sociedad; pero, tal vez, similares sufrimientos para el corazón de una madre. 

No podemos olvidar que nuestras madres también son seres humanos, con virtudes y defectos. Las creencias y paradigmas, con las que crecieron en épocas, lugares y culturas distintas a la nuestra, pueden hacerlas –con los años- blanco o target de críticas, inclusive de sus propios hijos; pero, podemos afirmar, con absoluta y total seguridad que ellas siempre desearon y soñaron lo mejor para sus hijos, aunque por ignorancia, errores, omisiones o circunstancias no lograran hacerlo de la manera ideal o perfecta. 

De lo que, si podemos estar seguros, es que ese ser, que más allá de darnos la vida, don divino asignado a ella por Dios, creerá en nosotros cuando ya nadie cree, nos protegerá, cuidará, atenderá y nos será fiel en las más difíciles circunstancias, hasta su último suspiro de vida.  Las madres y, en realidad, ambos progenitores tienen una enorme responsabilidad con sus hijos, con el futuro y con la sociedad, ya que no solo están criando niños, sino creando y construyendo los hombres y mujeres del mañana.

Con toda admiración y respeto para ustedes. ¡Feliz Día de las Madres!


Miguel A. Terán
Lidervoice: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO

Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).

lunes, 31 de mayo de 2021

La Importancia de dar el Buen Ejemplo




Cuentan que un padre de familia fue a un parque de diversiones con sus dos hijos, uno de tres años de edad y otro de 6 años. La entrada valía cinco dólares para niños menores de 5 años y diez dólares para los mayores de 5 años.

El vendedor de entradas de la taquilla le preguntó "¿Qué edades tienen los niños?"

A lo que el padre de los niños respondió: “Tres y Seis años”.

El Vendedor de las entradas  le comentó: ´

“¿No cree que es una tontería lo que acaba usted de hacer?”.

"Me ha podido decir que tienen tres y cinco años y pagar sólo la tarifa de cinco dólares para cada uno".

“Ahora que me dijo la verdadera edad de sus hijos, tendré que cobrarle más. ¿Acaso alguien se habría dado cuenta?”, pregunta el vendedor. 

El padre de los niños le respondió: “Sí, mis hijos”.

No se trata solo de hablar de ejemplos sino de demostralos con hechos y practicarlos. 

(*) Tomado de internet. Autor anónimo.

Miguel A. Terán
web: www.lidervoice.com
Twitter: @MiguelATeranO 


lunes, 11 de enero de 2016

Permitir el deterioro de la institución familiar es condenar la sociedad a una metástasis social. Miguel A. Terán

Permitir el deterioro de la institución familiar es condenar la sociedad a una metástasis social.
Miguel A. Terán

La palabra metástasis no es un término común al referirnos a lo social, por provenir del área de la medicina; sin embargo, es válido reconocer que las sociedades también sufren de enfermedades y los tumores sociales parecen comenzar en la familia, para transmitirse posteriormente al resto de la sociedad, tal cual una metástasis en términos cancerígenos.  El concepto de metástasis hace referencia a ese crecimiento, multiplicación  y propagación de la enfermedad que en el tiempo se vuelve –literalmente- incontrolable. 

El filósofo Lou Marinoff expresa que en Las Analectas, el texto sobre las charlas y discusiones que filósofo chino Confucio sostuvo con sus discípulos, éste expresaba: «Para poner el mundo en orden, antes debemos poner el país en orden; para poner el país en orden, antes debemos poner la familia en orden.» «La fortaleza de un país proviene de la integridad del hogar, mientras la debilidad de un país proviene de la desintegración de sus hogares».

El tiempo es finito o limitado, son solo veinticuatro horas al día, de manera tal que las horas dedicadas a alguna área o actividad, deben quitarse a otra u otras áreas o actividades. Las principales actividades: trabajo y familia, funcionan de esta manera, a mayor tiempo dedicado a una de ellas, menos tiempo dedicado a la otra. 

El estadounidense Joseph E. Stiglitz, reconocido economista, asesor, profesor y Premio Nobel de Economía (2001), plantea que “Los individuos afirman que trabajan mucho por el bien de la familia, pero al trabajar tanto, tiene cada vez menos tiempo para la familia y la vida familiar se deteriora. De alguna forma los medios demuestran ser incoherentes con el fin que se declara”.

Adicionalmente, las familias han venido perdiendo tiempos y espacios, ante el avance y acoso de la tecnología, que entra a los hogares –cuan Caballo de Troya- convirtiéndoles en simples casas, al debilitar las relaciones cara a cara entre sus miembros, a la vez que disminuyen los contactos de comunicación nutritivos, deteriorando así este pilar fundamental de la sociedad.

Un grupo familiar basado en sanos principios y valores, donde reine el amor, armonía, paz y respeto, es un hogar; lo contrario, es una simple casa. La diferencia entre hogar y casa no tiene relación con los recursos económicos disponibles, estatus, academia ni con el nivel de vida. A un hogar lo definen la calidad de los elementos morales, espirituales, afectivos y emocionales que unen a sus integrantes.

Muchas de las patologías sociales, gracias a las cuales la droga consigue su cautivo mercado, se gestan en algunas familias, cuyos miembros contaminan a miembros de otras familias, llevando el tema a dimensiones de problema social. La droga es una consecuencia o síntoma de un problema más profundo en la familia y en la sociedad, ya que en estas últimas están las verdaderas causas o raíces del problema.

La influencia social, el consumismo y el deterioro de los valores bombardean a la familia haciendo complicada su cohesión y estabilidad. Las familias caen ante la trampa de un entorno que les presiona para hacer y tener, pero que desestimula cualquier intento de ser.  

Un sabio proverbio chino nos dice: «Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa». Cada minuto dedicado a tiempo para atender las necesidades de afecto, comunicación, enseñanza y contacto en la familia, representará significativos ahorros en horas de evitadas discusiones y problemas futuros.

Entonces, resumiendo, un requisito indispensable para  construir familia es el tiempo, poco éxito tendremos tratando de establecer e instalar principios y valores, cuando existe un claro desequilibrio en el tiempo que disponemos u otorgamos para nuestra familia, en comparación con el tiempo que disponemos u otorgamos al entorno y otros medios.

Debemos tener claro que a un individuo lo forman la familia, la escuela y la sociedad, pero es en ese orden. No podemos pretender endosar a la escuela o la sociedad responsabilidades que son propias de la familia. Es cierto que la escuela como parte de la sociedad tiene un rol cultural y de formación, pero no necesariamente de educación.

El impacto de la familia es clave en la construcción y desarrollo o deterioro y destrucción de una sociedad, pero existe la tendencia a centrar la causa y solución de los problemas de la sociedad en lo económico y lo político, cuando el verdadero problema crece en lo social. Permitir que la familia se deteriore es garantizar que la sociedad y sus instituciones se deterioren. Adicionalmente, es un hecho que el deterioro de los procesos sociales requerirá significativo tiempo para corregirlos.

Ninguna sociedad será sólida y estable en el largo plazo cuando las estructuras familiares que la componen son débiles. Hemos permitido que la tecnología, el consumismo y los pseudo-valores, nos hurten espacios y tiempo que otrora eran propiedad de la familia. 
Sí  en la familia hay continuos conflictos y agresiones será imposible esperar que sus miembros sean gente de paz.  Igualmente, sin adecuada formación moral y escaso ejemplo de buenos valores, no lograremos formar individuos útiles a sí mismos ni mucho menos a la sociedad.

Las raíces de la mayor parte de los problemas personales y sociales los encontramos en la familia. Tener conciencia de esa realidad, reconociendo el importante rol de la familia y el de cada uno de nosotros como miembros de una particular familia y de la sociedad, debe llevarnos a brindar la atención y cuidado que esta necesita para formar verdaderos seres humanos y sociales.  

12 de Enero de 2016.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Blog: www. miguelterancoach.blogspot.com
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Nota: imagen extraída de la web

Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Luchamos por la familia, pero no siempre para la familia. Miguel A. Terán

Luchamos por la familia, pero no siempre para la familia.
Miguel A. Terán


En lo que parece un juego de palabras entre las preposiciones “por y para”, vale la pena detenerse, para reconocer que los sueños y objetivos de familia pueden distorsionarse y finalmente deteriorarse por el camino. Es un hecho,   que buena parte de los progenitores nos desvivimos –día a día- por brindar a los integrantes de nuestra familia el mejor y mayor esfuerzo para hacerlos felices.


Y en ese esfuerzo, llegamos a la conclusión, que como proveedores de bienes materiales garantizaremos el mejor nivel de vida posible para nuestra familia; y de esa manera,  estaremos cumpliendo el objetivo de hacerles felices. No obstante, esa afanosa búsqueda de mayor nivel de vida nos lleva a disminuir la calidad de nuestras relaciones familiares; y con ello,  estaremos deteriorando –a mediano y largo plazo- la calidad de nuestra vida personal, familiar y afectando a la sociedad en que vivimos.


En algún momento equivocamos la ruta y transitamos de manera errática, luchando por conseguir un estándar o nivel de vida que finalmente acaba con la calidad de vida. Al respecto, el estadounidense Joseph E. Stiglitz, reconocido economista, asesor, profesor y Premio Nobel de Economía (2001), expresa que “Los individuos afirman que trabajan mucho por el bien de la familia, pero al trabajar tanto, tiene cada vez menos tiempo para la familia y la vida familiar se deteriora. De alguna forma los medios demuestran ser incoherentes con el fin que se declara”.

Afirmaba el filósofo chino Confucio que “La fortaleza de un país proviene de la integridad del hogar y la debilidad de un país proviene de la desintegración de sus hogares”. El mismo Confucio reconocía que “Para que en una sociedad reine la armonía, ésta debe reinar primero en la familia”.

Esa lucha constante y continúa por proveer mejores condiciones y nivel de vida, al llevarla más allá de cierto límite, convierte o transforma hogares en simples casas, creo que todos reconocemos la diferencia. Recordemos que los hogares están construidos por principios y valores, y unidos por amor. A diferencia las casas, solo por bloques, cabillas y unidas por cemento. Una familia se construye dentro de un hogar, sin importar el tamaño de la casa en la cual se habita.

Un requisito indispensable para  construir familia es el tiempo del cual disponemos para esa valiosa tarea. Debemos como padres ser ejemplo y modelo de lo que predicamos con nuestras palabras. La tarea es muy importante, porque en realidad, no estamos criando niños, sino creando a los hombres y mujeres del mañana. Tengamos siempre presente las palabras del religioso estadounidense David O. McKay, cuando reconocía que "Ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar".

Poco éxito tendremos tratando de establecer principios y valores para respaldar una cultura de familia, cuando existe un claro desequilibrio en el tiempo que disponemos u otorgamos a nuestra familia, en comparación con el tiempo de que dispone el entorno y otros medios, tales como televisión e internet, e incluso la misma sociedad para afirmar sus propios valores, y en algunos casos, algunos pseudo o falsos valores.

Es vital tener presente las palabras del Papa Juan Pablo II, con las cuales ratificaba que “La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”. En similar orden de ideas, afirmó el escritor y orador estadounidense Frederick Douglass “Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos”, y está tarea en su etapa más importante depende del hogar.  

Debemos luchar no solo por proveer a la familia de todo lo que necesitan para vivir, sino también esforzarnos por consolidar –cada día- los valores requeridos para que sus integrantes lleven vidas personales, familiares y sociales sanas, nutridos con amor y el efectivo balance y equilibrio entre nivel y calidad de vida.

18 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


martes, 10 de noviembre de 2015

La familia juega un rol de vital importancia en la construcción de la paz social. Miguel A. Terán

La familia juega un rol de  vital importancia en la construcción de la paz social.
Miguel A. Terán

Ninguna sociedad será sólida y estable en el largo plazo cuando las estructuras familiares que la componen son débiles. Afirmaba el Papa Juan Pablo II que “La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”. 
Entonces, parece fácil pronosticar que una sociedad no alcanzará la paz sino la procura primero dentro de la familia. La razón parece lógica, sí  el individuo es resultado de la familia y en la familia no hay paz, es difícil esperar que sus miembros sean gente de paz. Expresaba el pensador hindú Mahatma Gandhi, que “La persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con el mundo entero”.
La familia es el camino para muchas cosas buenas, pero primero tiene que construirse con solidez en diferentes aspectos. Se habla de crisis de valores en nuestra sociedad, pero también reconocemos que la familia está en crisis, podríamos preguntarnos ¿Será que los valores en crisis afectan a la familia o la familia en crisis afecta los valores? 
Una familia cargada de conflictos inter-personales entre sus miembros, de necesidades y problemas económicos, de frustraciones, sin adecuada formación moral y escaso ejemplo de buenos valores, no producirá individuos útiles a sí mismos ni a la sociedad.   
Ratificando lo expresado en las líneas anteriores,  el estadista y científico estadounidense Benjamin Franklin decía que “La paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia”. Es necesario tener presente que en la familia no solo se crían los niños, sino se crea a los hombres y mujeres del mañana. 
Todo lo valioso y duradero en la vida requiere tiempo para construirlo. Por ello, cuando los padres pierden la equilibrada perspectiva de su rol y se dedican solo al oficio de proveedores de bienes para su familia, abandonando o descuidando las responsabilidades básicas del hogar, de pareja y de la crianza de sus hijos, esa decisión traerá consecuencias nefastas para la familia, sus integrantes y la sociedad en general. Parafraseando al escritor italiano Leon Battista Alberti, el mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos es un poco de nuestro tiempo cada día.
La sociedad aún no ha comprendido, que cuando los padres disponen no solo de los recursos materiales, sino del tiempo necesario  para atender adecuada y efectivamente sus actividades y responsabilidades de familia, están fortaleciendo la estructura familiar. La falta de adecuada atención lleva a los niños y jóvenes a criarse por  su cuenta, con la falsa ayuda de la televisión, internet o de la calle, absorbiendo valores  desvirtuados o distorsionados que les afectarán su sano y armónico desarrollo.    
Es importante tener presente las palabras del escritor y empresario estadounidense  Michael Levine “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”. Debemos como padres asumir la responsabilidad por la educación, formación y adecuado desarrollo de nuestros hijos; predicando, practicando y nutriendo nuestros hogares con valores útiles para la familia y la comunidad,  permitiendo de esa manera que cada uno de sus integrantes aporte el mejor esfuerzo para construir una sociedad de bienestar y paz para todos.

10 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


jueves, 27 de noviembre de 2014

NO CAMBIEMOS EL SENTIDO A LA CELEBRACION DE THANKSGIVING DAY (DIA DE ACCION DE GRACIAS)


Thanksgiving Day o Black Friday 
Por aproximadamente cuatro siglos Thanksgiving Day ha sido considerado un día de tradicional celebración en Estados Unidos y Canadá, aunque en ambos países se realizan en fechas diferentes. Su origen fue religioso y asociado al agradecimiento por las cosechas. Se refiere el origen de esta linda celebración en algún momento entre los años 1565 y 1621.

Muchas familias en los Estados Unidos celebran esta fiesta con reuniones en sus hogares donde preparan un banquete que comparten familiares y amigos. Es común ofrecer una oración de gracias. El plato principal tradicional para la cena es pavo asado u horneado.

Pero desgraciadamente la celebración del Día de Acción de Gracias ha venido desvirtuándose, atrapada por las garras del exagerado consumismo de nuestra sociedad. Hace aproximadamente 40 años apareció este complemento de la festividad de Acción de Gracias, denominado Black Friday (Viernes de Descuentos). Tristemente, cada año, Thanksgiving Day se convierte más en un Black Friday Eve (o la víspera del Viernes de Descuentos), pasando a un segundo plano de importancia la celebración y compartir en familia, para estrechar lazos de agradecimiento, amor y amistad.

Este día de Thanksgiving que fue un espacio y momento para compartir con familia y amigos cercanos, para agradecer por todo lo que tenemos, se ha convertido en la víspera de lo que deseamos tener; y las tiendas, cada vez abren más temprano sus puertas en espera de “enloquecidos compradores”. Casi sin darnos cuenta, hemos venido deteriorando el sentido de la tradición  y causando un profundo daño a la familia y la amistad, que recogeremos, tal cual cosecha en los años venideros.  

Muchas personas ante la necesidad de producir algo más de dinero, lo que unido a la falta de conciencia y la ignorancia resultante, logran quitar el valor y la importancia a la real necesidad de tomar un día al año para agradecer unidos en familia, por todo lo que tenemos y lo que somos.

La presión de las tiendas, la publicidad y la presión social ha hecho de este día uno de los más rentables del año para los negocios, los cuales con grandes inversiones en publicidad pero mucha inconsciencia del daño que ello ocasiona a la sociedad, exigen o motivan a sus trabajadores para que asistan a trabajar ante la necesidad de abrir negocios en centros comerciales - ahora ya - desde la misma noche de Thanksgiving, hasta el día siguiente, produciendo daños irreparables a la familia, un pilar fundamental para que una sociedad pueda crecer sana.

En un artículo del diario El Nuevo Herald de Miami, del día de hoy, denominado “Las tiendas no quieren perder el tiempo con sus ofertas en el Día de Acción de Gracias”,  expresa que este día la celebración se ha convertido en “una comida que sirve de preludio a la cacería de ofertas”. Ese cambio –y las horas de compras cada vez más tempranas que lo han causado– ha originado una reacción en muchas personas quienes se quejan del materialismo y la distracción de un momento que debe ser dedicado a la familia. Algunas de estas personas manifiestan preocupación por la forma como  han venido perdiéndose los valores y la humanidad.

Ya en algunos países las empresas y negocios han tomado la idea del Black Friday, como una oportunidad de negocios, pero parece que no tienen nada que agradecer, ya que no hay interés en la celebración de un día de Acción de Gracias.

Aunque para muchos este día de compras significará endeudarse más, de ninguna manera se está criticando que las personas deseen y puedan comprar, simplemente, la crítica va dirigida  a la manera como hemos venido desvirtuando la esencia de un día que debe tener otro sentido, el sentido original con el que fue creado: Un día dedicado a agradecer y compartir con la familia y amigos, para consolidar los principios y valores que requieren y requerirán las generaciones actuales y venideras. Recordemos que “Hay momentos para todo y todo tiene su momento”.

La realidad parece ser que cuando no aprendemos a agradecer estamos perdiendo la oportunidad de reconocer, disfrutar y valorar todo lo que recibimos y tenemos, convirtiéndonos en individuos insatisfechos e infelices, porque siempre sentiremos alguna carencia de algo para estar completos y felices.

Estas líneas con todo respeto, a diferentes opiniones, puntos de vista e intereses, son solo una simple invitación a reflexionar.

Miguel A. Terán

sábado, 20 de septiembre de 2014

Los Límites - Una habilidad humana esencial para la vida en sociedad.‏



El efectivo manejo y respeto de las normas y límites sociales es esencial  para formar parte de una sociedad o comunidad, porque éstas permiten orientar y regular las conductas y acciones de sus integrantes, garantizando que las mismas sean armónicas y equilibradas para beneficio de todos.

Las normas son reglas que regulan nuestro comportamiento en los diferentes ámbitos sociales y el límite es la parte de la norma que define su espacio y sus fronteras.

El límite no debe ser considerado un castigo, porque simplemente representa el punto extremo de la norma, a partir de allí, es donde el castigo puede hacerse realidad. Cuando rebasamos el límite estamos dejando de cumplir con nuestro deber o comenzamos a violar el derecho de los demás. Una cita atribuida al Emperador Romano Marco Aurelio (121 DC -180 DC), llamado El Sabio o El Filósofo, afirma que  «Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja».

En otras palabras, nada que nos beneficie solo a nosotros o a nuestro cercano entorno, en el corto plazo,  puede ser beneficioso para nosotros mismos o nuestro entorno en el mediano y largo plazo.  Según la Ley de Causa y Efecto, o la causalidad, existe una relación entre un evento “causa” y otro evento “efecto”, porque al fin y al cabo, el pasaje de Gálatas 6:7-9 ratifica que «Cada uno cosechará lo que haya sembrado», para bien o para mal.  

Cuando tengamos alguna duda acerca de la utilidad o razonabilidad de las normas y sus límites, podemos tomar en consideración las palabras del filósofo francés y miembro del Comité de Ética de Francia André Comte-Sponville (n. 1952), quien expresa al respecto: «¿Quieres saber si tal o cual acción es buena o condenable? Pregúntate ¿Qué ocurriría si todos se comportaran como tú?».

Nuestras primeras lecciones de normas y límites, deben establecerse y pautarse en nuestros hogares, luego la escuela y la sociedad deben encargarse de enseñarnos las normas y límites adicionales, para que podamos vivir, pero sobre todo convivir siendo parte de una sociedad y comunidad. De ninguna manera la idea es evitar cuestionamientos o conformar una sociedad uniformada, porque todo es cuestionable y factible de mejoras y cambios, pero siempre con la sociedad en su totalidad como beneficiaria de cualquier cambio o mejora.  

El irrespeto a normas y límites tiene consecuencia importantes al producir daños a los principios, valores y la moral de la sociedad, porque su efecto es peligrosamente contagioso. Seamos entonces, cuidadosos garantes y ejemplo de seguimiento de normas y respeto de límites, para evitar que se deterioren las bases de nuestra sociedad.

Miguel A. Terán

Twitter: @MiguelATeranO

Nota: Foto ilustrativa extraída de la Web.


Nota del autor del Blog: Vivir en un mundo mejor solo podemos lograrlo compartiendo –con los demás- nuestra riqueza, sea esta material, cultural o espiritual. En el caso de compartir lecturas o vídeos, nunca  sabemos cuándo unas sencillas palabras o unas imágenes pueden hacer y ser la diferencia en la vida de alguien, al motivar cambios que le lleven a un nuevo destino. Por ello, la invitación es a compartir este vídeo-reflexión en: www.miguelterancoach.blogspot.com

sábado, 19 de julio de 2014

Reflexiones de Familia‏ - Cuando convertimos la crianza de nuestros hijos en un proyecto. - Miguel A. Terán



Al considerar la crianza de nuestros hijos como un proyecto, debemos imaginarnos sus vidas llena de fines, objetivos, metas, estrategias, tácticas, planificación, presupuestos, evaluación y mediciones,  y por supuesto resultados. No hacerlo así, significaría dejar el proyecto al azar, de hecho las empresas y organizaciones funcionan de manera planificada.

Pero sin duda, que la vida no es ni debe ser un objetivo, ni mucho menos considerada o tratada como una empresa; y si bien es cierto, que no debemos llevarla sin rumbo ni sentido, porque parece razonable que tengamos algún horizonte, tampoco es válido que el objetivo sea convertirla en un proyecto.

El autor Carl Honoré, reconocido por su best-seller Elogio a la Lentitud,  y de quien haré algunas referencias en este artículo, nos dice, en su libro Hijos Bajo Presión,  que: “Todos salimos mal parados cuando los niños se convierten en proyectos”. Este autor reconoce que “[…] la infancia moderna parece extrañamente insulsa, saturada de acción, logros y consumo, pero en cierto sentido vacía y sucedánea”. 1 Uno de los riesgos de conducir la vida como un proyecto es   vivir enfocados en el futuro, mientras se nos escapa el presente.

Una infancia insípida, sin sabor, color ni olor y quizá sin más contenido que los objetivos de ese proyecto familiar, que debe –a toda costa- fabricar un niño, construido de tal manera que encaje y sea parte en una sociedad, que le exige pautas de conducta acordes a un establecido estilo, nivel y ritmo  de vida.

Esa vida transcurre con niños dentro de la casa haciendo tareas, frente a una pantalla de algo, inactivos físicamente, poca aventura, adoctrinados y de escasa interacción en temas familiares y humanos. Para otros este transcurrir se complementa entre las infinitas clases de cualquier cosa - deportes, bailes, música, artes marciales, etcétera -  existentes en un mercado donde hay de todo para escoger, pero que debe ser entendido como un complemento de la crianza familiar.

Hasta el acto de comer, que en algún momento del pasado fue punto de encuentro, unión familiar y ratificación de valores familiares e inclusive de transmisión de recetas, se ha convertido en una actividad puramente fisiológica y allí surge el rentable mercado de la comida rápida “fast food”, dispuesto a satisfacer esa “necesidad”, no de alimentarse, sino de comer sin perder tiempo comiendo.

La escuela siempre será un complemento, el lugar donde se forman nuestros hijos, nunca el lugar donde los educamos, porque educar es una tarea del hogar.

Todo lo anterior unido a unos padres ausentes, sin tiempo para la familia, convencidos que su principal y más importante rol es de proveedores, seguido de otros roles como el de taxista, ya que pasamos parte importante del tiempo transportando a nuestros hijos a sus actividades, pero haciendo de ese tiempo de transporte algo vacío y sin contenido, cada quien en lo suyo.

Estos modernos roles, limitados o carentes de comunicación y afecto, sin capacidad para transmitir principios ni valores, serán parte de una mezcla –quizá explosiva - de la cual ya recogemos resultados amargos y el paso de los años no parece alentador.

El mismo Carl Honoré, afirma que cuando los adultos “secuestran la infancia”, los niños ya no tienen tiempo para atender actividades básicas y vitales para su desarrollo como seres humanos y seres sociales.

Una característica de esta época es la escasa capacidad de frustración, tanto de padres como de hijos, en una sociedad donde la definición que se ha otorgado al éxito, a pesar de todas las “referencias filosóficas” y consideraciones sobre el aprendizaje, no acepta ni reconoce el fracaso como una opción de vida.  

No necesariamente seremos más felices llevando nuestra vida por una autopista, versus quien la lleva por un camino de tierra. Las elevadas y crecientes estadísticas de suicidios, consumo de droga, licor, accidentes, rebeldías y otras, en adolescentes y jóvenes adultos, parecen ser parte de la cosecha y son alarmas para reflexión.   

Al considerar a los hijos como un proyecto, una vez definido el proyecto por sus progenitores, bajo la pauta, instrucciones y notas de la sociedad, nuestros hijos pasan a ser piezas de la estrategia, sin opción a ningún acto creativo, sino a comportarse dentro de esa pauta social y del objetivo familiar.

Ese proyecto puede ser académico, deportivo o de otro tipo, ambos o todos, depende del nivel de sensatez y racionalidad de los padres,  y junto al proyecto –como dijo Carl Honoré- secuestramos a nuestros hijos su  infancia y adolescencia, sin permitirles experimentar, disfrutar o sufrir las vivencias, que les formarían no solo como adultos, sino como seres humanos, armónicos y equilibrados en lo físico, mental, social y espiritual.

Algunos individuos,  en su etapa adulta, con canas –no genéticas-, sino bien merecidas, concluyen que sus proyectos de vida los hicieron transitar por caminos equivocados. Parte del problema radicó en haber comprado proyectos de vida vendidos por la sociedad u otras personas.

Un adulto sano se forma por etapas, infante, niño, adolescente y joven adulto, cada una de las cuales tiene una razón de ser. Deben vivirse experiencias reales no artificiales, en cada etapa,  de las cuales quedarán reflexiones y aprendizajes, errores y aciertos, requeridos para que ese individuo se convierta en persona y ser humano.

Parte importante de este reto, para construir personas y seres humanos, está en las manos de todos quienes hemos asumido la responsabilidad de traer hijos al mundo. Sin embargo, es importante entender que en vez de considerar la crianza de nuestros hijos como un proyecto, éste deben ser parte de nuestra misión de vida y nuestro legado a las nuevas generaciones.

Referencia Bibliográfica:
1.      Honoré, Carl (2010).  Hijos bajo presión. Editorial Nuevo Extremo. Buenos Aires.  

Twitter: @MiguelATeranO 
Nota: Foto ilustrativa extraída de la Web.


domingo, 8 de junio de 2014

EL CELULAR Y NUESTROS HIJOS - REF.: DR. MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ.

Un niño NO NECESITA un celular


1.   Un niño necesita desarrollar la creatividad, no aprender a digitar un celular.
2.  Un niño necesita aprender a dialogar cara a cara, no a enviar emoticones.
3.  Un niño debe aprender a jugar en la naturaleza, no a convertirse en un  robot pegado a una tecla.
4.     Un niño necesita actividad física, no estar sentado con el chat en la mano.
5  Un niño debe aprender a expresar emociones y dialogar, no enviar caritas tristes o alegres.

Considero sano tomar en cuenta las recomendaciones de este especialista, para que reflexionemos al respecto y establezcamos -a tiempo- las normas y controles a que haya lugar, a fin de contribuir a desarrollar en nuestros hijos las habilidades que requerirán para ser mejores personas y seres humanos. Recordemos que no estamos criando niños, sino creando a los adultos del mañana. 

Como es importante referir la fuente  para dar credibilidad al texto anterior, a continuación describimos la biografía del autor, sus credenciales académicas y profesionales. 

Biografía del Dr. Miguel Ángel Núñez: Es argentino de nacimiento y chileno por naturalización. Es Licenciado en Teología, Licenciado en Educación, mención Filosofía. Master y Doctor en Teología. Ha sido docente universitario en Chile, Argentina, Perú y México. También ha prestado servicios como profesor visitante para universidades de Ecuador, USA, El Salvador y Colombia. Ha dictado conferencias en tres continentes y en 26 países. Se especializa en temas para la familia, educación infantil, sexualidad, educación, psicología del adolescente, matrimonio y pareja. Ha escrito 60 libros y numerosos artículos. Es una autoridad en el tema relacionado con la educación de nuestros hijos, sobre el cual tratan las anteriores recomendaciones. 

viernes, 6 de septiembre de 2013

La Familia

La Familia
Átomo Base de la Sociedad.
Miguel A. Terán

Es válido comenzar este escrito con unas  palabras del Santo Padre Juan Pablo II, donde ratificaba que “La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida”.
 El filósofo Chino Confucio (551 AC -479 AC) coincidiría con Aristóteles (384 AC -322 AC) en que la familia es la unidad fundamental del estado (sociedad), así como un estado en miniatura.  Para que en un estado (sociedad) reine la armonía, ésta debe reinar primero en la familia.  Confucio dijo en las Analectas: «Para poner el mundo en orden, antes debemos poner el país en orden; para poner el país en orden, antes debemos poner la familia en orden.» Las familias desordenadas engendran países desordenados; los países desordenados, un mundo desordenado. […} Los hijos no solo heredan los genes de sus padres, sino también sus prejuicios y sus maltratos, junto con otro bagaje psicológico. Insistía Confucio que […] «La fortaleza de un país proviene de la integridad del hogar…y la debilidad de un país proviene de la desintegración de sus hogares.»” 1
En el principio se oculta el fin, sabias palabras de un proverbio, que dejan claro lo vital que es otorgarle importancia al cómo comienzan las cosas y relaciones. Muchas relaciones de pareja que más tarde se convertirán en “familia”, comienzan sin un claro fin. Se llega a la etapa de conformar una “familia” por un embarazo no deseado o porque ya la relación tiene mucho tiempo, y debemos pasar a otra etapa.  La decisión de procrear hijos, parece - para muchas parejas - más una orden genética,  que un acto de amor, compromiso y racionalidad.
Convivir juntos bajo un mismo techo de ninguna manera significa formar parte de una familia, sin entrar en detalles de cómo está compuesta. Una familia debe ser un equipo de personas unidas por un fin común,  e integrados por principios y valores, también comunes que conforman la cultura propia de ese núcleo familiar.
Desde el punto de vista lingüístico podemos establecer diferencias entre una casa y un hogar, la diferencia es que en la primera sus bases son de bloque, cabilla y cemento; mientras que en el hogar las bases son de valores y principios. Tristemente debemos reconocer que en la sociedad hay cada vez más casas y menos hogares. Una familia en el correcto sentido debe hacer esfuerzos por formar y convivir en un hogar. 
Un requisito indispensable para  construir familia es el tiempo, poco éxito tendremos tratando de establecer e instalar principios y valores, cuando existe un claro desequilibrio en el tiempo que disponemos u otorgamos para nuestra familia, en comparación con el tiempo de que dispone el entorno y otros medios, tales como televisión e internet, e incluso la misma sociedad para instalar sus propios valores, y en algunos casos seudo o falsos valores.  
Otro requisito para construir familia es la comunicación, elemento clave para la transmisión de principios y valores, así como para el establecimiento de una cultura familiar que define las pautas de actitud y conducta permitidas en sus integrantes.
La confianza y el respeto mutuo son los otros dos elementos que permiten llevar a feliz término la conformación de una familia. Ambos deben construirse con el ejemplo, porque no podemos decretarlos. Ninguna sana relación puede tener como base la desconfianza.
Por su parte, el respeto mutuo es una condición que debe ser parte del valor respeto de cada uno de sus integrantes y es bidireccional, respetar para que nos respeten. Estableciendo claros límites entre mis deberes y mis derechos. 
A un individuo lo forman la familia, la escuela y la sociedad, pero es en ese orden. No podemos pretender endosar a la escuela responsabilidades que son propias de la familia. Es cierto que la escuela como parte de la sociedad tiene un rol cultural y de formación, no necesariamente de educación. Como dijo el Papa Juan Pablo II, citado anteriormente, es en la familia donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida.
Cuando los adultos hemos contribuido y permitido que con el paso del tiempo se deteriore la sociedad y sus instituciones, éstas pasan a ser formadoras de anti-valores, que debemos tratar de re-direccionar o corregir en la familia, doble y más arduo trabajo.
El equipaje de principios y valores de la familia, con lo cual salen sus miembros a la calle,  debe representar un escudo protector que les permita no solo vivir y sobrevivir,  sino ser individuos conscientes de su rol como miembros de una sociedad.
Las palabras escritas por Confucio, mencionadas al principio,  tienen aproximadamente 2.500 años y están vigentes como si se hubieran escrito hoy. Ellas nos permiten entender que parte importante de los problemas que vive la sociedad, no son ni más ni menos que una consecuencia  de los verdaderos problemas,  de raíces más profundas en la familia.  
En otras palabras, usualmente, confundimos causas con consecuencias. Y si nos dedicamos a tratar simplemente las consecuencias, corremos el riesgo de que crezca y se nos complique  la causa. Un ejemplo simple: una fiebre nos indica que tenemos una infección, podemos bajarla o controlarla temporalmente con algún medicamento para la fiebre, pero de no atacar la infección con el antibiótico adecuado, ésta seguirá creciendo ocasionando daños más críticos, permanentes y tal vez irreversibles.
El impacto de la familia es clave en la construcción o destrucción de una sociedad, pero existe la tendencia a centrar la causa y solución de los problemas de la sociedad en lo económico y lo político, cuando el verdadero problema crece en lo social. Cuando el problema social crece en el tiempo, es cuando caemos en conciencia que los problemas en lo económico y político son una consecuencia de lo social, y no al revés. Las raíces de la corrupción, por ejemplo, pueden encontrarse en la familia.
Los temas económicos y/o políticos de una sociedad  se resuelven, complican o reversan en plazos relativamente cortos de tiempo; cinco, diez o quince años producen cambios significativos para bien o para mal. En lo social, por el contrario, los cambios tienen otra dinámica, destrucción acelerada y reversión lenta.
Desgraciadamente, por razones casi naturales del universo, los cambios hacia el orden son muy lentos, mientras que los cambios hacia el desorden son muy rápidos. En lo social esto es notorio. Muestra de ello es que un solo acto de infidelidad puede arruinar una relación afectiva que ha tardado, tal vez años, en construirse y consolidarse; una conducta deshonesta acaba, rápida y traumáticamente, una relación de amistad, trabajo o negocios, etcétera.
Algunos eventos del mundo material pueden tener parecido impacto, tales como un par de minutos de terremoto, destruyen lo que ha tardado años en construirse. La diferencia está en la velocidad de reconstrucción, que en lo humano y social – en caso de ser recuperable -  requerirá enormes e indefinidas cantidades de tiempo.  En lo material la reconstrucción es más rápida.
Es un hecho que tanto el entorno social más básico – la familia – hasta entornos sociales de mayores dimensiones y complejidad tales como sociedades o países,   pueden  deteriorarse y llegar a recuperarse en el tiempo, pero sin volver nunca al punto original porque algunos cambios sociales son irreversibles; pero en general, estos procesos son lentos y dolorosos, estamos hablando de décadas. 
El tiempo  que dura el proceso de deterioro o daño en lo humano o social tiene una relación aritmética, mientras que los efectos de ese daño en el tiempo - con seguridad - serán geométricos.  En palabras más simples, por cada minuto de deterioro podrían requerirse horas para corregir o reparar el daño. 
Una sociedad que sustituye sus valores por seudo o falsos valores, que ha permitido el deterioro de la textura del tejido social, que se desengrana socialmente, que prioriza lo individual sobre lo colectivo, que permitió el deterioro de la familia e instituciones, que ha desequilibrado el ecosistema humano y social, requerirá mucho tiempo para recuperarse.
La familia es la unidad clave y como titulamos el átomo base de la sociedad. Permitir que la familia se deteriore es garantizar que la sociedad y sus instituciones se deterioren, no importa el esfuerzo que se haga en lo económico o político.
Entre los roles sociales más importantes de cada uno de nosotros está  conformar familias integradas en sanos principios y valores, para recoger alegrías y progreso. Ello requiere un gran esfuerzo de nuestra parte para establecer óptimos niveles de  comunicación, confianza y respeto mutuo, que sean parte de la familia y de cada uno de sus miembros y se reflejen en la actuación social de éstos.
En conclusión, lo que hagamos o dejemos de hacer en nuestra familia tendrá impacto positivo o negativo en nuestra sociedad. Este es nuestro rol social clave para dejar un mejor mundo a nuestros hijos.
Es muy difícil construir una sociedad sana si permitimos que el átomo de la familia se desintegre.
1. Referencia tomada del reconocido filósofo Lou Marinoff en su libro el ABC de la Felicidad.