“Un deseo es
algo que «me gustaría» ver cumplido, pero que «no necesito». En cambio,
una necesidad es algo sin lo cual NO puedo funcionar”.
Rafael
Santandreu. Psicólogo y escritor español.
REFLEXIÓN:
Una confusión que trae muchos problemas en la vida de la mayoría de las
personas es no diferenciar entre necesidades y deseos. Los deseos son producto
de la interacción y aprendizaje social, no son naturales ni necesarios, tienen
más que ver con los impulsos hacia algo apetecible. A diferencia de las
necesidades, los deseos no se sacian, son ilimitados. “Quienes mucho desean,
mucho les falta”, expresaba dos milenios atrás el poeta Horacio.
Por
su parte, las necesidades son muy básicas. Son carencias vitales para conservar
la vida. Las necesidades tienen un ciclo que comienza cuando aparecen, que
deben satisfacerse, para luego desaparecer temporalmente hasta tanto surjan de
nuevo. Las necesidades más básicas son alimento, vestido, descanso, refugio,
etcétera, y las necesidades de orden superior son relacionarse y amar, entre
otras. Vestir para resguardarse del clima y la intemperie podemos lograrlo con
una simple camisa, pero el deseo entra en acción cuando queremos un modelo o
marca de moda.
En
contraposición a los deseos, el escritor ruso Leon Tolstoi planteaba que su
felicidad consistía en saber apreciar lo que tenía y no desear con exceso lo
que no tenía. Deseos tales como el poder, la fama y especialmente el dinero, no
tienen límite. El Filósofo y escritor francés Voltaire
consideraba que solo es inmensamente rico aquel
que sabe limitar sus deseos.
Como
referencia, podemos mencionar la respuesta del empresario estadounidense John
D. Rockefeller, considerado el hombre más rico del mundo en su momento, a quien
se le preguntó en una oportunidad, cuánto dinero más necesitaría para quedar
satisfecho y su respuesta fue “Solo un poco más”.
Evitar
ser dominado por nuestros deseos no parece tarea fácil, cuando el mismo
filósofo griego Aristóteles decía: “Considero más valiente al que conquista sus
deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la
victoria sobre uno mismo”. Un autor anónimo expresó, algo que podría ser una
gran verdad: “Cuantos más deseos se siembran menos felicidad se cosecha”.
Podríamos
desear algo con tal énfasis que lleguemos a considerarlo una necesidad, es por
ello, que los deseos deben obedecer a la razón, planteaba Marco Tulio Cicerón,
el político, filósofo, escritor y orador romano. Mientras que el filósofo
griego Epicteto manifestaba que el deseo y la felicidad no pueden vivir juntos.
Cada
día surgen objetos y cosas que nos mantienen en una actividad de deseo e
insatisfacción constante, asociados con temas de aceptación y pertenencia
social, que nos clasifica en un grupo o estrato social. El reto es no
confundir necesidades y deseos, definiendo nuestras verdaderas necesidades y
prioridades.
¡Feliz
Día!
Miguel
A. Terán
Twitter:
@MiguelATeranO
Nota:
Foto ilustrativa extraída de la Web.
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