Artículo publicado en LOS TIEMPOS Newspaper – Miami, Florida. USA Edición Diciembre 2021.
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Ahora que casi concluye un año es importante
reflexionar acerca de lo que hemos estado haciendo con nuestro tiempo de vida. “La vida es como las naranjas, hay que
sacarles el jugo a tiempo” afirma el escritor mexicano Doménico Cieri Estrada. Es
una realidad, que muchas veces el trabajo, las obligaciones, la incesante
búsqueda de dinero, los problemas y el inalcanzable, utópico y descabellado
concepto de que “El cielo es el límite” nos hace estar enfocados en un momento
futuro, mientras perdemos el presente.
A muchos la vida se nos va esperando siempre “el gran momento” para hacer algo, sin reconocer ni darnos cuenta de que la vida es simplemente una suma de pequeños momentos. Hacemos y acumulamos, pero nos olvidamos de saborear y disfrutar el resultado de nuestros esfuerzos y logros por estar enfocados en hacer y buscar siempre más.
Es un hecho lógico que en la vida “debemos renunciar a algo para lograr otro algo”, porque es imposible tenerlo o lograrlo todo a la vez.
Un viejo refrán nos lo recuerda diciendo: “Al que asa dos conejos a la vez, uno se le quema”. Nuestro tiempo es limitado y esas 24 horas del día requerimos distribuirlas sabiamente entre todos los aspectos que debemos atender, para llevar una vida balanceada y armónica, priorizándoles en orden de importancia. Priorizar inadecuadamente traerá consecuencias en algunos aspectos de nuestra vida que descuidamos mientras atendíamos otros.
Nos llenamos de compromisos y obligaciones, que nos
complican y enredan la vida. Además, nos llenamos de cosas, que nos esclavizan mientras
las buscamos y después tratando de conservarlas, ya que siempre estará presente
el miedo y temor de perderlas. Así concluimos, convirtiendo muchos sueños en
pesadillas. Entonces, los sanos límites
son vitales en nuestra vida, para no transitar con un sueño en una utópica,
desenfrenada y eterna búsqueda hasta convertirlo en una auténtica pesadilla.
Expresaba Santa Teresa de Calcuta, que “Pasamos mucho
tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviéndola”. Y muchos morirán trabajando, sin comprender
que el trabajo no es un fin en sí mismo, sino uno de los tantos medios para
alcanzar el fin de ser felices.
Posponemos muchas alegrías, sueños y momentos para “después”, porque no concebimos la muerte como una realidad siempre presente, parece que morir es algo que le pasa solo a los demás, por lo tanto, creemos “tener tiempo” para dejar los momentos felices para “después” o para “más adelante. Sin reconocer, como decía el músico británico John Lennon “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.
Al evitar considerar al tiempo de vida como ilimitado,
el poeta latino Horacio, nos invitaba a tener presente que “Cada día puede ser
el último”. En su poesía, el mismo Horacio, utilizó la expresión «Carpe Diem» o
«Vivir el momento», palabras que nos recuerdan que la vida es corta y debemos
apresurarnos a disfrutar de ella.
Es el tiempo –sin duda- nuestra mayor fortuna y activo
en la vida. El escritor argentino Jorge Luis Borges lo ratificaba diciendo
"El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho”. Se nos acaba el dinero
y podemos seguir luchando para conseguirlo de nuevo, se nos acaba la salud y
podemos tratar de recuperarla, se nos acaba el amor y podemos intentar
recuperarlo o buscarlo en otros horizontes, pero una vez se nos acaba el tiempo
de vida, ya no hay nada que hacer.
¿Después? refiere una nota del polímata chileno
Alejandro Jodorowsky que expresa: «No hay "después". Porque después
el té se enfría, después el interés se pierde, después el día se vuelve noche,
después la gente crece, después la gente envejece, después la vida se termina;
y uno después se arrepiente de no hacerlo antes cuando tuvo oportunidad».
En esas innumerables oportunidades -que desvirtuamos- nos
obsesionamos con llegar a un lugar o alcanzar la deseada meta, sin comprender
que la vida no solo consiste en ir de meta en meta, sino en disfrutar logros,
tiempos, personas, lugares y caminos.
En una sociedad que nos presiona para correr, bajar la
velocidad o detenerse parece una herejía, una posición contraria a las “reglas
establecidas”, pero en realidad es sano y vital reconocer que debemos disminuir
la velocidad de vez en cuando, para disfrutar el camino o simplemente detenernos
para evaluar el rumbo que llevamos y hacer correcciones a tiempo.
Nuevas generaciones comienzan a reconocer y considerar
que el trabajo es un complemento y no que el descanso, disfrute y diversión son
complementos del trabajo, ello deja ver una esperanza de cambio en esas generaciones.
No por más trabajar lograremos más. Pero el ilimitado
deseo nos hace vivir en un círculo de “Hacer-Tener- Hacer” y nos olvidamos de
ser. El hecho cierto es que el día que ya se nos cumpla el tiempo en esta vida,
saldremos de aquí y todo seguirá igual.
En las parejas es vital que uno de los miembros
equilibre al otro cuando alguno de ellos pierde el sano límite. En la crianza
de nuestros hijos debemos enseñarles la importancia de lo límites en los
diferentes aspectos de la vida.
Definirse como un guerrero es condenarse a perder los
límites y la paz, por andar en permanente y eterna lucha, de batalla en
batalla, mientras el tiempo se va diluyendo. Los deseos siempre irán por el
ascensor mientras que las posibilidades irán por la escalera, debemos disfrutar
los logros alcanzados en nuestro transitar por la escalera. Tengamos presente
que “La vida debemos vivirla no solo a lo largo, sino también a lo ancho”.
Como siempre muy claro y oportuno. Gracias Miguel,
ResponderEliminarUn abrazo y Feliz Año.
Excelente Post!!! Invita a reflexionar como vivimos y que realmente queremos. De todo corazon, gracias!
ResponderEliminarUn gran abrazo de año nuevo Miguel y felicitaciones por la reflexión, sobre la vida que sin duda a veces no se aprovecha y se nos va
ResponderEliminarHola Miguel! Gracias por el mensaje, muy oportuno y claro! Recibe un abrazo y deseo para ti y tu familia éxitos y salud para el 2022!
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