Un deseo muy común en el ser humano: “Por favor,
dime solo lo que deseo escuchar”.
Miguel A. Terán
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Podemos oír muchas cosas pero escuchar solo
algunas, las que seguramente nos interesen; con ello cerramos la puerta a
nuevas perspectivas y puntos de vista, al cambio y la transformación hacia el
objetivo de convertirnos en mejores seres humanos, que construirán mejores
sociedades. Decía el filósofo griego Epicteto de Frigia “Así como hay un arte
de bien hablar, existe un arte de bien escuchar”.
Es realidad que existen verdaderos especialistas
en decir lo que los demás quieren escuchar, esos expertos en emitir “Cantos de
Sirena”, expresión tomada de una historia mitológica, que se utiliza para
señalar discursos o argumentaciones elaborados con palabras agradables y –por
demás- convincentes, pero que esconden alguna seducción, trampa o engaño.
Muchos individuos, a quienes les gusta que les digan solo lo que desean escuchar,
son fácilmente seducidos y víctimas de esos cantos de sirena.
Un autor anónimo recomienda: “No te confíes de los
halagos, porque también al caballo lo acarician para poder montarlo”. Leamos,
escuchemos y analicemos, aprovechando las diferentes fuentes de información
disponibles, considerando opiniones a favor o en contra, antes de tomar
decisiones para disminuir la ignorancia que nos convierte en presa fácil de
depredadores.
El escritor y Premio Nobel de Literatura, el
francés André Gide, consideraba que “Todas las cosas son ya dichas; pero como
nadie escucha, hay que volver a empezar siempre”. Es fácil perder amistades y
relaciones de todo tipo cuando expresamos lo que podrían ser algunas
“verdades”, tal vez conocidas por muchos pero calladas por todos.
Es común la tendencia a brindar atención solo a
aquella información que ratifica o está alineada con nuestra forma de pensar o
concebir algo, a la vez que evitamos oir aquella que contradice nuestras
creencias o puntos de vista. También es práctica común dedicar esfuerzos
en la búsqueda de evidencias, para afirmar la validez de nuestras
creencias, buscando en la información disponible todo rasgo de
confirmación.
De esa manera –poco a poco- terminamos
convenciéndonos, hasta volvemos radicales e intransigentes, pudiendo
llegar al fanatismo. El Primer Ministro Británico, Sir Winston Churchill,
planteaba años atrás, dos interesantes frases, la primera de ellas que “Un
fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”;
y la segunda, afirmando que “Valor es lo que se necesita para levantarse
y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”.
Ocurre que ante la inseguridad o desconfianza
en los argumentos de que disponen, para dar soporte a sus puntos de
vista, algunas personas o grupos toman actitudes dogmáticas y radicales,
negando cualquier idea distinta a las suyas.
“La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad
de quien la escucha”, decía el pensador político francés Barón de Montesquieu.
Entonces, seamos cuidadosos para no solo brindar atención a lo que queremos
escuchar, sino ser lo suficientemente tolerantes para considerar y aceptar
otras verdades, sin llegar a ofendernos ni frustrarnos, porque ello nos
beneficiará al ampliar nuestras perspectivas. Las discrepancias deben
permitir encontrar nuevas y mejores alternativas y caminos, para bienestar de
todos.
Agosto 11, 2015.
Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE
(Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).
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