Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper- Miami, Florida. USA Agosto- Septiembre 2024
Miguel A.
Teran
www.miguelterancoach.blogspot.com
El filósofo griego Heráclito consideraba que todo en el universo estaba en constante cambio y movimiento, para él “todo fluye en la vida”. Afirmaba que “El cambio no es solo una parte de la vida, sino que es la vida misma”. La realidad, que debemos reconocer, es que el cambio está en continuo proceso de ocurrencia, algunas veces de manera sutil y otras veces de manera aparentemente abrupta o violenta.
Es importante aclarar,
que la mayor parte de las veces, ese cambio que consideramos ocurre u ocurrió de
manera abrupta o violenta, no es más que el resultado de pequeños e
imperceptibles cambios que vinieron dándose a través del tiempo, hasta que se
da el real cambio. Un ejemplo, podríamos referirlo con el movimiento de las
placas tectónicas de nuestro planeta, que se mueven de manera casi
imperceptible durante años o décadas, hasta que finalmente se produce una
grieta que ocasiona un terremoto.
En otras palabras, lo
cierto es que ese terremoto vino gestándose paulatina y silentemente, hasta que
sucede de manera “violenta”, cuando se dan las condiciones para su ocurrencia.
Sin embargo, vale tener presente, que al igual que este ejemplo de la
naturaleza, muchos eventos humanos y sociales, se gestan de igual manera, con
el paso del tiempo y muchas veces en forma paulatina y silente.
El filósofo contemporáneo español Fernando Savater, lo explicó de manera sencilla y clara, haciendo referencia a que solo nuestra ignorancia de cómo están o estaban las cosas en el momento A justifica que nos sorprendamos de lo que pasa u ocurre luego en el momento B.
Algunos cambios
desembocan en crisis y algunas crisis desembocan en cambios. Y existen o se dan
muchos tipos de crisis personales, de salud, familiares, de pareja, sociales,
laborales, etcétera. La crisis debe llevarnos a elegir otras alternativas
propiciando los necesarios cambios para resolverlas. Muchos individuos ven las
crisis como una tragedia, mientras que otros las ven como oportunidades.
En lo personal cambiar
exige que
salgamos de la costumbre, la comodidad y del hábito, que representa nuestro
nivel del confort. Y, para dar el paso hacia el cambio, será necesario que «el
dolor de cambiar sea menor que el dolor de permanecer donde estamos». Vale la pena
releer esta última frase, para realmente comprenderla en sus dimensiones.
Entonces, es posible
cambiar, pero primero debemos tomar conciencia de la necesidad de cambiar. El
médico, autor y conferencista español Mario Alonso Puig reconoce que "Las
personas solo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias
de no hacerlo". Ese darnos cuenta, podemos reconocerlo como esa toma de
conciencia, no solo de la opción de cambiar, sino de la necesidad impostergable
de hacerlo.
Es un hecho que
debemos tener una actitud de apertura para hacer del proceso de cambio parte de
nuestro desarrollo, crecimiento y progreso, pero es necesario hacer de nuestro
cambio un proceso consciente en cada etapa, no solo el resultado de transitar
en una dirección acompañando multitudes, como uno más de la manada. De allí, ratificamos
la importancia de lograr un cambio consciente, donde comprendamos las razones
para cambiar.
Algunas veces simplemente aceptamos un cambio, por presión u otra condición, pero un cambio verdadero requiere conciencia para que la aceptación sea genuina. “No se descubren nuevos continentes sino se tiene el valor de perder de vista la costa”, expresaba André Gide, escritor francés y Premio Nobel de Literatura (1947).
La mayor parte de las veces estamos enfocados en el cambio afuera, cuando el verdadero cambio comienza en nosotros mismos, al cuestionar nuestras creencias y paradigmas, brindándonos la posibilidad de ver y hacer las cosas de manera distinta. La palabra disciplina, culpable de nuestros fracasos, es un simple “chivo expiatorio” o excusa utilizada para no continuar con un cambio que emprendimos, pero que en realidad no tenemos conciencia de la importancia y necesidad de continuarlo.
Algunas veces cuando
reconocemos y, finalmente, aceptamos la necesidad de cambiar, cuando tomamos
conciencia, la oportunidad pudo haberse perdido, pero siempre quedará la
experiencia y el aprendizaje para nuevas oportunidades.
La primera tarea
cuando pretendemos cuestionar el rumbo de nuestra vida es considerar si
cualquier necesidad de cambio es real, imaginaria o algo puntual, porque no es
sano tomar decisiones definitivas para resolver problemas irreales, temporales
o coyunturales, menos aún bajo la influencia de las emociones. Por ello, es
vital tener claras nuestras prioridades para alinear el cambio con esas
prioridades, ya que no es solo aceptar lo nuevo sino dejar a un lado lo
anterior.
Este artículo fue
escrito por el autor sin uso ni apoyo de Inteligencia Artificial (IA)
En memoria del Buen Amigo, Mentor
y Colega Dr. Manuel Barroso (QEPD), Filósofo, Psicólogo, Educador,
Escritor, Terapeuta y Consultor Venezolano, egresado de la Universidad de
Loyola (Chicago) entre otras prestigiosas instituciones. El Dr. Barroso desarrolló
un profundo pensamiento analítico, crítico, transformador y creador de
alternativas u opciones de solución y progreso, por las cuales siempre luchó.
Un especial ser humano con quien compartir nos brindaba la posibilidad de nutrir
y enriquecer de manera profunda nuestro espíritu, mente y corazón.
Hermano excelente articulo. Saludos desde tu ciudad natal, la pequeña Roma o la ciudad de las 7 colinas.
ResponderEliminarSaludos Pedrito. Gracias.
EliminarExcelente artículo (Benjamín De Yurre)
ResponderEliminarGracias Benjamín. Me alegra mucho que el artículo haya sido de tu agrado e interés.
EliminarMiguel muy buen artículo. Felicitaciones. Gracias por compartirlo.
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