miércoles, 21 de noviembre de 2018

El Día de Acción de Gracias: Un día para agradecer lo que debemos agradecer. Miguel A. Terán



Aunque agradecer debe ser una actitud y gesto de cada día, tener un día escogido y reservado para hacerlo no deja de ser importante y necesario, porque –tristemente- entre las prisas, emergencias y urgencias de cada día olvidamos la prioridad de agradecer. Ayudar -agradecer -ayudar deben una secuencia de nuestra dinámica de vida.

Algunas veces, cuando la vida nos pone ante circunstancias o situaciones difíciles, llegamos a pensar que no tenemos nada que agradecer, pero les garantizo que basta con mirar a nuestro alrededor, sin dejarnos deslumbrar por lo superficial y falso,  para reconocer que si somos bendecidos en muchos aspectos.

La triste y común realidad  es que estamos más preocupados buscando lo que nos falta que agradeciendo y disfrutando lo que ya somos, hacemos y tenemos. En nuestro transitar por la vida se cruzan muchas fortunas que ni siquiera vemos, menos aún las disfrutamos ni agradecemos, porque vamos dispersos por la vida, simplemente buscando algo más, que muchas veces ni siquiera sabemos de qué se trata.

Las expectativas exageradas o nada realistas, son otra causa para no agradecer, porque  todo nos parece poco, debido a que siempre esperábamos más y concluimos que no hay nada que agradecer. Esa exageración de expectativas definitivamente acaba con el agradecimiento, ya que generalmente están por encima de lo que recibimos.

Sin embargo, no podemos negar que también es realidad la existencia de quienes dan o pagan con “espejitos”,  y llenos de expectativas, esperan a cambio de esos espejitos un agradecimiento eterno e incondicional de los demás.  Estos mercaderes personajes sienten, sufren y vociferan la falta de agradecimiento de las personas, pero al no ser honestos con ellos mismos para reconocer lo poco y hasta miserable de su ayuda, en comparación con sus reales posibilidades, sienten traicionada su “buena voluntad y desprendido gesto”.

La gratitud, en su más puro concepto, consiste en apreciar y valorar lo que recibimos o recibiremos, sin calificarlo, juzgarlo ni cuantificarlo. Es el hecho, el gesto  o la acción en sí misma, no el contenido o valor de lo recibido. En el momento que  pretendemos calificar o valorar lo recibido nos arriesgamos a no agradecer. En la gratitud la “obligación” no existe.

Por supuesto, que no debemos confundir un gesto de buena voluntad con un gesto de justicia, en el primero de ellos, la obligación no existe, en el segundo sí. Por ejemplo, si alguien me paga un salario o una compensación justa por realizar un trabajo, puedo y debo agradecer a esta persona la oportunidad de permitirme haber trabajado, no el salario o la compensación, porque éstos fue simplemente un acto de justicia y de cumplimiento a un acuerdo previamente adquirido.  

Es válido todos los días, pero especialmente en este día, agradecer a Dios,  en la forma que lo concibamos, por todo lo que somos, hacemos y tenemos. Igualmente, debemos agradecer a quienes han contribuido con nosotros en las diferentes etapas de nuestro transitar por la vida, seguros de que sin su apoyo el camino hubiera sido más complicado o simplemente hubiéramos tenido que tomar otros rumbos.

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Miguel A. Terán

Psicología, Filosofía y Coaching.

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Imagen tomada de la web

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