¿Cuántos ayudamos y cuántos aparentamos hacerlo?

on martes, 3 de noviembre de 2015
¿Cuántos ayudamos y cuántos aparentamos hacerlo?
Miguel A. Terán

No es fácil reconocer, ni menos aceptar, que algunas personas actúan como si estuvieran tratando de ayudar. La dificultad radica en reconocer cuando la persona está haciendo su mejor y real esfuerzo por apoyar. Es cuestión de expectativas de lado y lado. Alguien refirió que “A veces esperamos demasiado de otras personas, solo porque nosotros estaríamos dispuestos a hacer mucho más por ellos”.

Dar de lo que nos sobra, si bien es cierto que es mejor que no dar nada, tampoco merece mucho agradecer porque representa poco esfuerzo de desprenderse. “Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más”, fueron palabras de Santa Teresa de Calcuta. No es igual, ni tiene el mismo significado,  tener dos panes y dar uno, que tener 20 panes y dar uno. Procurar el bien ajeno aun a costa del propio eso es altruismo.

Aunque también es cierto que todo tiene sus límites, por ello es necesario medir y equilibrar la ayuda para permitir que quien la recibe asuma de alguna manera las riendas de su vida.  El filósofo y matemático griego Pitágoras de Samos decía “Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no te consideres obligado a llevársela”. Contribuir a educar y formar a las personas es la mejor manera de ayudar, para que dispongan de sus propios recursos para avanzar en la vida.

Hay muchas ayudas en silencio, que representan la verdadera y auténtica ayuda. Por lo contrario, existe filantropía que es más marketing que real sensibilidad por el dolor ajeno. Unos meses después del accidente en competencia donde perdió la vida el destacado piloto brasileño Ayrton Senna da Silva, Tricampeón Mundial del Premio de Fórmula 1, quedaron al descubierto muchas instituciones de ayuda y beneficencia que él mantenía en total y absoluto anonimato. Ese excepcional individuo lo había entendido, cuando manifestó "No puedo vivir en una isla de prosperidad, cuando estoy rodeado de un mar de miseria".

Ayudar debe ser un placer en sí mismo, porque de lo contrario, al esperar alguna retribución o reconocimiento por lo que hicimos perdería validez el gesto. Existen quienes “ayudan” y consideran que a quien ayudaron está en deuda con ellos.  El novelista y poeta libanés Khalil Gibran reconocía que “Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio”. En similar orden de ideas el político, escritor, filósofo y poeta cubano José Martí afirmaba “Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad”.

Un autor anónimo refiere: “A una persona se le conoce, por la forma como nos trata, cuando ya no nos necesita”, ese es el otro lado del tablero.  Debemos ayudar sin esperar nada a cambio, porque la idea no es convertir el acto de ayudar en un intercambio de favores, compromisos y deudas.

Existen muchas formas de ayuda que tiene gran valor, sin ser nada material, tales como el apoyo espiritual, la educación, las labores comunitarias y otras, dando lo que tengamos. Lo importante es ayudar porque, tal cual dijo San Agustín “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”. Y vale la pena tener presente las palabras del político estadounidense Thomas Jefferson, quien reconocía que “Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie”.

Expresaba Martin Luther King, el líder de los derechos civiles y Premio Nobel de la Paz, que “La pregunta más urgente y persistente en la vida es: ¿Qué estás haciendo por los demás?”, pregunta que -tristemente- nos hacemos cada vez menos, en un mundo donde lo individual ha opacado lo colectivo.

03 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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