Descalificar y desacreditar son herramientas de quien siente perder validez en argumentos y razones. Miguel A. Terán

on martes, 10 de noviembre de 2015
Descalificar y desacreditar son herramientas de quien siente perder validez en  argumentos y razones.
Miguel A. Terán

“No pienses como yo pero respeta que yo piense diferente” lo afirma una vieja frase. Cuando las posiciones entre dos argumentos están polarizadas, llevadas a extremos, se hace presente la expresión “Estás conmigo o estás contra mí”, donde no se deja espacio para alternativas consideradas neutras. 
El fanatismo que respalda,  con irracional pasión, la defensa de sus particulares creencias, opiniones y puntos de vista considera a la opción del “camino medio” o a la “opción neutra” como posiciones en su contra, cuando en realidad no es así. El llamado “Camino medio” referido por el sabio chino Confucio, quien lo consideraba la posición central donde se reconcilian los extremos polarizados y surge la armonía.   
El respeto mutuo exige aceptar que el otro o los otros son diferentes a nosotros, no nuestros clones. Sin ese respeto y apertura hacia otros puntos de vista no existe intención  alguna para escuchar ni para alcanzar una sana y equilibrada relación. 
La descalificación de personas, grupos e instituciones desenfoca la verdadera atención de los problemas produciendo más desorientación que orientación. En la descalificación se pretende –desde nuestra perspectiva- sobredimensionar imperfecciones, defectos o debilidades que visualizamos en el otro que consideramos diferente a nosotros. 
Escuchar y considerar las razones de ese otro permitirá comprender argumentos, necesidades, problemas, puntos de vista, perspectivas diferentes a la nuestra pero que también han sido y son parte de la realidad, aunque hayan afectado o afectan solo a esos otros. 
Planteaba el escritor argentino Jorge Luis Borges que "Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”, lo cual es una gran verdad. Parece paradójico, pero terminamos pensando y actuando de la misma manera que criticamos a otros.  Algunas veces recibimos descalificaciones y respondemos con descalificaciones, dejando a un lado la válida y necesaria argumentación. 
Debemos entender que las cosas han cambiado, que el mundo toma nuevas perspectivas y, ello debe llevarnos abrir nuestra mente a nuevas ideas y realidades, y a otras que quizá siempre estuvieron allí, pero nos habíamos negado a verlas y aceptarlas.  El escritor y filósofo estadounidense Eric Hoffer acertadamente lo expresaba diciendo “En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”. 
Expresaba el novelista y dramaturgo francés Alejandro Dumas (padre) que “El orgullo de quien no puede edificar es destruir”. Mientras el filósofo Sócrates afirmaba “Cuando el debate está perdido la calumnia es el arma del perdedor”. Y Mahatma Gandhi  nos recordaba que “No hay que apagar la luz del otro para que brille la nuestra”. 
Algunas veces esa imperiosa necesidad de tener razón nos lleva a no aceptar nada diferente a nuestras creencias y paradigmas,  y a esa necesidad el novelista, periodista y filósofo francés Albert Camus la consideraba “signo de una mente vulgar”. En resumen, poco aporta a la discusión y al logro de acuerdos, quien descalifica a otros sin querer entender más que sus propias razones.

11 de Noviembre de 2015.


Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


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