lunes, 1 de febrero de 2016

Leer permite evitar y escapar de la ignorancia y sus consecuencias. Miguel A. Terán

Leer permite evitar y escapar de la ignorancia y sus consecuencias.
Miguel A. Terán

Somos seres de hábito, para bien o para mal, porque hay hábitos buenos y hábitos malos. En otras palabras, hábitos que nos potencian y hábitos que nos limitan.  “Somos lo que hacemos repetidamente”, decía el filósofo griego Aristóteles; por ello, “La excelencia –entonces- no es un acto, sino un hábito”.

El hábito se hace presente en esas pequeñas decisiones de cada día, que son las que finalmente determinan nuestro rumbo y resultados. Para lograr cambios debemos adquirir nuevos hábitos y eliminar otros, toda una tarea un reto, pero no imposible.

Uno de esos hábitos vitales para crecer y desarrollarnos es el hábito de la lectura. Ese hábito debemos adquirirlo, desarrollarlo y conservarlo, para ser capaces de explicar y comprender lo que ocurre a nuestro alrededor. Es realidad que la lectura, bien escogida, permite expandir horizontes y perspectivas de vida, además de brindarnos acceso a enriquecer nuestro lenguaje.

Históricamente, la ignorancia ha sido una de las mayores causas de problemas humanos y sociales. El filósofo y canciller inglés Sir Francis Bacon expresaba, algunos siglos atrás, que "El conocimiento es poder”, innegable realidad. Podemos preguntarnos o dudar de lo que alguien conoce, pero si lo que conoce le permite conservar el poder, ese conocimiento –nos guste o no- es real.  “Cualquiera que tenga el poder de hacerte creer idioteces, tiene el poder de hacerte cometer injusticias”, expresó el filósofo y escritor Voltaire. El libertador Simón Bolívar, en una de sus brillantes expresiones, refería que "Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción".

“La persona que no lee, no tiene ninguna ventaja sobre la persona que no sabe leer”, afirmaba Mark Twain, el reconocido escritor estadounidense. Y  la religiosa mexicana Juana Inés de la Cruz, decía  “No estudio por saber más, sino por ignorar menos”. Mientras el sabio Confucio nos invitaba a buscar el tiempo para la lectura, expresando: ” No importa lo ocupado que creas que estás, debes encontrar un tiempo para la lectura. De lo contrario habrás escogido sumirte en la más absoluta ignorancia”.

En uno de sus geniales chistes, llenos de moralejas o de sus moralejas con sazón a chiste, el Maestro espiritual Osho, contaba la historia de «Unos caníbales que capturaron a un misionero, quien se sorprende al darse cuenta que el jefe de los caníbales habla perfecto inglés y había estudiado en Inglaterra. “No entiendo” -dice indignado el misionero- “¿Cómo usted puede haber pasado tanto tiempo en el mundo civilizado y todavía seguir alimentándose de humanos”. “!Ajá!” -dice el jefe- “Pero ahora uso cuchillo y tenedor”».

Definitivamente, cuando leemos sin reflexión de lo leído, ni propósito de mejora, superación o cambio, los mensajes simplemente pasan a través de nosotros, pero no dejan huella ni transforman. En otras palabras, “entran por un lado y salen por otro”.
Podemos reconocer que en una sociedad y cultura que estimula la urgencia, rapidez y la superficialidad, se nos habitúa a una lectura poco profunda, solo de titulares. Esa lectura de microondas, donde cualquier artículo de más de tres párrafos es considerado largo, por lo cual lo dejamos para un “después, que nunca llega”. Estamos rodeados de datos, información y conocimiento, pero podemos permanecer en la más completa ignorancia. 

El escritor y político inglés Joseph Addison afirmaba que “La lectura es a la mente lo que el ejercicio al cuerpo". Es un hecho que leer es alimento no solo para la mente, sino para el corazón y el espíritu. El escritor y Premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago, comentaba "Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista: tienes que leer".

Un autor anónimo, reconocía una gran verdad, cuando afirmó que “No existe nada más peligroso que una persona con información incompleta sacando sus propias conclusiones”. “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”, fueron palabras del escritor y filósofo español Miguel de Unamuno, porque al leer poco podemos quedarnos con un punto de vista limitado, sesgado o una perspectiva miope de un tema, sobre el cual nuestra ignorancia nos lleva a decidir y actuar.

La religiosa, mística y escritora española Santa Teresa de Jesús, decía  “Lee y conducirás, no leas y serás conducido". Mientras el escritor francés Honoré de Balzac, reconocía que “La ignorancia es la madre de todos los crímenes”. Tengamos presente, que entre la víctima y el depredador está de por medio la ignorancia, quizá de ambos, porque la ignorancia es reversible.   

01 de Febrero de 2016.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web

Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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