Es importante que las soluciones puntuales, momentáneas o parciales lleven a soluciones reales y definitivas. Miguel A. Terán

on martes, 1 de diciembre de 2015
Es importante que las soluciones puntuales, momentáneas o parciales  lleven a soluciones reales y definitivas.
Miguel A. Terán

En la vida tomamos decisiones y sus correspondientes acciones en busca de resolver o solucionar problemas o situaciones. Muchas de esas decisiones y acciones pueden dar respuesta parcial o temporal al problema, pero no necesariamente lo resuelven de manera integral ni definitiva. 
Además existe el riesgo que esa solución parcial o temporal nos lleve solo a un oasis, pero la realidad es que el desierto continúa allí, a nuestro alrededor con sus extremas condiciones. No todo ni todos caben en ese oasis, de manera tal que el problema sigue vigente y presente. También ocurre que algunas alternativas que escogemos pueden ser incorrectas y lejos de resolver complican. 
Esa falsa solución, que muchas veces nos engaña, por su efectividad temporal resuelve solo síntomas, nunca el problema. La razón es simple, no hemos comprendido el problema, ni mucho menos las necesidades o motivaciones  que lo han generado en el tiempo. Entonces, ese desconocimiento del problema  y de sus raíces o causas impedirá encontrar soluciones integrales, reales y definitivas. Es como intentar sanar a alguien sin tener un diagnóstico de la enfermedad. 
Cuando no resolvemos algún problema de manera definitiva, transcurrido el tiempo, éste tiende a enredarse y dificultarse, mutando a problemas mayores y de más complicada solución. Es todo un reto diferenciar entre causas y efectos, porque “Las causas están ocultas, mientras los efectos son visibles para todos”, tal cual expresó -siglos atrás- Ovidio el poeta romano. 
La historia contiene muchos capítulos de epopeyas, batallas y guerras, dirigidas a resolver solo síntomas. En la vida común es fácil buscar síntomas y culpables, pero no tanto descubrir causas ni menos reconocer nuestra propia autoría. Una historia de infidelidad de conyugal, refería que alguien hizo saber a uno de los miembros de una pareja, que el otro le era infiel, específicamente en el sofá de la casa. De inmediato el ofendido cónyuge  procedió a resolver el problema, botando el sofá.   
Muchas fórmulas, a través de las cuales se intenta alcanzar soluciones a problemas, fueron desarrolladas con el mismo paradigma que creo dichos problemas, de manera tal, que solo resultan en actividades y esfuerzos cosméticos, nunca en reales soluciones. “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”, nos recordaba el científico Albert Einstein en una de sus famosas frases. 
Otras veces asumimos un rol temporal, dirigido a alcanzar algún particular objetivo, por lo cual una vez logrado el objetivo, debemos evolucionar hacia una nueva etapa. Definir previamente el resultado final, el objetivo a alcanzar, es importante para saber en qué momento debemos continuar y cuándo detenernos. En muchos procesos, alcanzar un primer objetivo representa solo un logro inicial donde el éxito dependerá de los demás logros. 
Lo que no es sano –en ningún aspecto- es confundir soluciones puntuales, momentáneas o parciales  con soluciones reales y definitivas, porque solo estaríamos ocultando temporalmente el problema,  permitiendo que el mismo crezca y se complique.

02 de Diciembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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