Las sociedades entran en crisis cuando lo anormal comienza a ser percibido como normal. Miguel A. Terán

on lunes, 23 de noviembre de 2015
Las sociedades entran en crisis cuando lo anormal comienza a ser percibido como normal.  
Miguel A. Terán



La complejidad de esta reflexión consiste en definir qué es normal y, por diferencia, qué es anormal. La definición más clásica de normalidad es expresada como aquello que sirve de norma, modelo o regla, mientras que lo que se halle fuera o se desvíe de esa norma, modelo o regla es definido como anormal. Entonces, la conducta normal consiste en acciones socialmente aprobadas, con características y diferencias particulares en cada sociedad.   
El entorno en el cual aplica la norma puede ser familiar, de pareja, laboral, académico, de amistad, religioso,  deportivo o social, pero todos se enmarcan dentro de una norma general de la sociedad a la que pertenecemos, la cual fue escogida por consenso entre sus miembros o ha sido resultado de la evolución de adaptaciones, cambios y ajustes aceptados en el tiempo. 
En otras palabras, todo aquello que ha de observarse y cumplirse por estar convenido en una sociedad o grupo social se considera una norma.  La norma establece el patrón o la llamada “regla de juego” que nos permite orientar o guiar nuestro comportamiento  como miembros una particular sociedad,  al momento de ejecutar decisiones y acciones. Las conductas se hacen incomprensibles fuera del ámbito de la normalidad. Por supuesto, que quedan muchas dudas acerca del criterio que se utilizó para definir lo normal. 
Pero más allá de lo complejo que es definir la normalidad, podemos concluir que las normas y valores culturales son quienes la definen. En otras palabras, si deseamos ser parte de una comunidad o sociedad en particular debemos respetar sus normas. Ello no significa que las normas permanezcan estáticas en el tiempo, pero irán cambiando paulatinamente en la medida que la sociedad considere necesario el cambio y las nuevas normas sean aceptadas por la mayoría de los miembros de la sociedad. 
Entonces, la cultura de una sociedad tiene sus normas basadas en sus valores. Los valores son apreciados de manera distinta por cada sociedad y éstos permiten que los miembros de una particular sociedad puedan interactuar de manera balanceada y equilibrada, para lograr una convivencia armónica. 
Aunque algunas veces luchamos por cambiar lo anormal de ahora por lo normal de antes, pero valdría la pena preguntarnos si lo de antes era de verdad normal o ya nos habíamos acostumbrado a lo anormal. Al fin y al cabo,  somos animales de costumbre.    
Sin embargo, en estos tiempos muchas cosas anormales han ido mutando hacia normales, sin el consentimiento formal de la sociedad, pero si con su indiferencia, por tanto hemos venido convirtiéndonos en una sociedad donde “La anormalidad es la nueva normalidad”. El problema consiste en que algunos procesos evolucionan –o involucionan- más rápido que nuestra capacidad como seres humanos para poder aceptar y convivir con esos cambios y sus consecuencias, mientras que el sistema corre el riesgo de caer en la entropía o desorden, donde cada quien pone su propia norma. 
Cuando se pierden los puntos de referencia culturales y sociales, que significan valores y normas, se hace difícil orientar y regular a los miembros de la sociedad, especialmente a los más jóvenes a cerca de lo que es bueno o no, acerca de lo permitido o no.   Luego de transcurrido un tiempo en esa anarquía y  desorden,  volver a la normalidad, que representa la aceptación de la norma, es un proceso largo y desgastante en tiempo y esfuerzo, que seguramente requerirá y exigirá el establecimiento de nuevas normas.   
Las estadísticas y leyes toman como referencia la norma cultural y social para establecer lo que es normal o no. Las leyes castigan las conductas inadaptadas, fuera de la norma.  Los principios éticos que son normas de carácter general y de aplicación más universal para orientar la acción de los seres humanos, pueden ser mejor referencia que los mismos valores y normas, porque estos últimos cambian o varían de acuerdo a cada sociedad. 
En todo caso, bajo los principios o las normas, cuando comenzamos a ver los desvíos como normales, hasta el punto de convertir en normalidad la anormalidad, debemos hacer una revisión profunda a nuestros valores, para realizar los ajustes y correcciones a que haya lugar,  evitando males mayores. Las palabras del Emperador Romano Marco Aurelio, nos recuerdan, que “Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja”.

24 de Noviembre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

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Nota: imagen extraída de la web

Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

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