Cuando los límites de nuestra vida pierden sus fronteras, la paz desaparece. Miguel A. Terán

on lunes, 5 de octubre de 2015
Cuando los límites de nuestra vida pierden sus fronteras, la paz desaparece.  
Miguel A. Terán

La manera más común de perder la paz es perder la referencia del límite, en cualquier aspecto, porque a partir de allí perdemos la necesaria armonía y el balance requerido para una vida personal equilibrada, sana y feliz. Adicionalmente, como somos parte activa de un ambiente, entorno o contexto, la perdida de nuestros límites personales impacta negativamente a la sociedad de la cual formamos parte. 
La madre naturaleza nos llena de ejemplos de equilibrio, el médico de la Antigua Grecia Hipócrates, quien fue una de las figuras más importantes de la historia de la medicina afirmaba que “Ni la sociedad, ni el hombre, ni ninguna otra cosa deben sobrepasar para ser buenos los límites establecidos por la naturaleza". 
El respeto a ese límite natural expresado por Hipócrates, hoy día, cualquiera lo asociaría con mediocridad o atraso, pero será el tiempo quien dirá la última palabra. Es por ello que  estamos acostumbrados a rebasar los límites, sin aparentes consecuencias, pero es posible que en tiempo éstas hagan acto de presencia.   
El éxito, el progreso, la prosperidad, la felicidad  y muchos otros proyectos de vida “sin límite”, terminaran convirtiéndose en una utopía, en algo inalcanzable e irrealizable, que podríamos perseguir hasta el final de nuestros días. El físico y empresario japonés, Akio Morita, Co-fundador de la Corporación Sony, afirmaba “Saber cuándo detenerse o continuar es la clave del éxito”. 
Es cierto que en el transcurso de nuestra vida tenemos la posibilidad de alcanzar logros profesionales y económicos,  éxito, fama y prestigio; pero al llevar su búsqueda, más allá del sano límite, nos arriesgamos a perder espacios y tiempos que pertenecen al  otro lado de nuestra vida, al lado humano. La  pareja, la familia, los hijos, la salud, las auténticas amistades, los valores y la espiritualidad, muchos de éstos irrecuperables una vez perdidos, se llevan con ellos nuestra paz.    
Si bien es cierto que debemos esforzarnos en buscar lo mejor que puede ofrecernos la vida,  también es cierto que requerimos definir –previamente- o hacer un alto en el camino, para precisar hasta dónde pretendemos llegar, porque  es ese límite quien  permite detenernos a tiempo, evitando la tentación de seguir en busca de “un poco más”,  que nos llevará por un camino sin fin. 
El tema de las expectativas es importante manejarlo adecuadamente para vivir en paz y felices. Existen quienes creen en las expectativas como una guía de vida, ellas –sin duda- podrían convencernos que “el cielo es el límite”, pero tal vez haciéndonos perder contacto con la tierra, con la realidad y con el aquí y ahora. El tiempo previo, dedicado a aclarar las expectativas, representará –sin lugar a dudas- un significativo ahorro de tiempo y malestares más adelante. 
Con adecuados límites conduciremos nuestra vida respetando principios y valores. Cuando –por lo contrario- perdemos los límites, estaremos enfocados en buscar lo que “creemos” nos falta o en cuidar enfermizamente lo que ya poseemos, sin respeto a esos principios y valores, y olvidando dejar tiempo y espacio para el disfrute. El escritor y pensador social ruso Leon Tolstoi, reconocía de manera interesante como perdemos el disfrute, expresando: “Hay quien cruza el bosque y solo ve leña para el fuego”. 
Los límites del respeto son límites, de doble vía, para ambas partes. Es por ello, que debemos respetar pero también exigir que se nos respete. Los límites de algunos llegarán hasta donde nosotros establezcamos la frontera del respeto. No definir adecuadamente estos límites, ni exigir se respeten, es arriesgarnos al irrespeto continuo y progresivo, que también acabará con nuestra paz.  Las sociedades deben establecer límites para una sana convivencia entre sus miembros. 
Después de cierto límite, debemos reconocer y concientizarnos que ha llegado la hora de detenernos, cuando sentimos que nos invade el desasosiego, la intranquilidad y la falta de serenidad,   porque a partir de allí -e incluso tiempo antes- habremos comenzado a perder nuestros más importantes logros y con ellos la paz en nuestra vida.

06 de Octubre de 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.


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