No es la belleza en sí misma, es nuestro espíritu quien la juzga. Miguel A. Terán‏

on miércoles, 10 de junio de 2015
El reto en la vida es desarrollarnos y crecer integralmente, más allá de lo físico y material, requerimos crecer en lo intelectual, psicológico, espiritual y emocional. Ese desarrollo armónico y balanceado permitirá a nuestro espíritu, que es lo más sublime, llegar a ser un juez equilibrado y justo al momento de reconocer todo lo bueno y lo bello que hay fuera de nosotros.   
Se preguntaba el filósofo y escritor suizo, Henri F. Amiel,  “¿Qué es un espíritu cultivado?”, para responderse él mismo, que un espíritu cultivado “Es el que puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista”. Cuando juzgamos rápidamente, sin tomar ese espacio de reflexión, podemos cometer innumerables errores. El mismo Amiel decía “Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello”. 
La belleza tiene su tiempo y su momento, sus etapas y cada etapa tiene su propia belleza. El error consiste en no saber valorar la belleza de una etapa y pretender conseguir rasgos de otra belleza anterior, que ya fue superada. Cuando envejecemos, la belleza debe convertirse en cualidad interior, tal cual lo expresaba el pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson. 
“No vemos las cosas como son, las vemos como nosotros somos”, refería la escritora Anaïs Nin. Es nuestra percepción, resultado de nuestras creencias, paradigmas, encuentros y desencuentros, lo que permite o impide a nuestra mente, corazón y espíritu tener el debido equilibrio al pretender juzgar. En todo caso, siempre es difícil juzgar, porque “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”, tal cual lo expresó el filósofo chino Confucio. 
“Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa”, expresaba el poeta español Luis Cernuda. Refiriéndose a la belleza física, el pintor, escultor e inventor italiano Leonardo Da Vinci decía que “La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”. 
Una válida perspectiva acerca de la belleza la planteó el periodista y escritor mexicano Carlos Fuentes, quien afirmó que “La belleza solo le pertenece al que la entiende, no al que la tiene”; por ello, tal vez, no disfrutamos muchas de las bellezas que nos ofrece la vida, simplemente por no entenderlas. Tristemente, lo expresó el escritor francés Bernard Le Bouvier de Fontenelle, que “Lo bueno necesita aportar pruebas; lo bello, no”, y allí podría estar parte del engaño. 
La frase del filósofo, economista y diplomático escocés David Hume: “La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla”, asigna la responsabilidad al espíritu en el proceso de contemplar y valorar la belleza.   Esa frase es ratificada de manera más amplia con la afirmación del poeta libanes Khalil Gibran, cuando dijo "La apariencia de las cosas cambia en función de las emociones, y así vemos la magia y la belleza en ellas, mientras que la magia y la belleza están realmente en nosotros mismos”. 
Es un hecho que “Nuestros sentidos nos permiten percibir solo una pequeña porción del mundo exterior”, tal cual lo reconocía el inventor  serbio Nikola Tesla, por lo cual siempre es y será un riesgo juzgar, y menos aún cuando no estamos seguros del equilibro de nuestro espíritu para ejercer tan importante actividad.

Junio 10, 2015.

Miguel A. Terán
Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).


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