REFLEXIÓN DEL DÍA (Jueves 07 de Mayo de 2015)‏

on jueves, 7 de mayo de 2015
“Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”.
Henry Miller (1891 -1980). Novelista estadounidense.

REFLEXIÓN: La vida consiste en transitar y crecer a través de las diferentes etapas de nuestro  desarrollo como seres humanos. Además de ello, a lo largo de esas etapas realizamos muchos viajes, trasladándonos de un lugar a otro, por razones de trabajo, estudio, placer o mudanza. Esta movilidad ha incrementado con el tiempo. En un mundo menos global, como hasta hace apenas algunas décadas, muchas personas nacían y morían en su mismo lugar de origen. Esa posibilidad es mucho menor hoy día, porque sabemos dónde nacemos, pero no dónde viviremos, ni mucho menos donde concluiremos nuestro periplo de vida. 
Con el paso del tiempo, los cambios en diferentes aspectos y -sobre todo- el avance de la ciencia y tecnología, nos hemos convertido más en ciudadanos del mundo. Emigrar y viajar por diversas razones ya no es lo esporádico o extraordinario,  sino más bien lo usual. 
Lo interesante de esos cambios es que los mismos nos brindan la oportunidad de conocer nuevos horizontes, ampliar perspectivas, contemplar nuevas ideas, considerar diferentes caminos y mucho más, pero todo depende de nuestra actitud. Decía el filósofo, crítico e historiador francés Hipólito Taine “Viajamos para cambiar, no solo de lugar, sino de ideas”. En similar consideración, expresaba el novelista y crítico francés Marcel Proust que “El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”. 
Pero poco logramos viajando con la mente cerrada, negados a aceptar cambios, reacios a valorar las cosas buenas del lugar al que llegamos y decididos solo a seguir viendo lo mismo. Viajar cargados de creencias y paradigmas, negados al cambio y llenos de nostalgia hará nuestro recorrido doloroso y poco productivo.  De esta manera viajará solo nuestro cuerpo, pero nunca nuestra mente y corazón.   
Al llegar a ese nuevo lugar requeriremos dosificar nuestras actitudes y conductas para adaptarnos y lograr que la estadía sea viable, nutritiva, productiva y satisfactoria. Si requerimos tomar de nuevo otro rumbo, será nuestro deber dejar el lugar en mejor condición que como lo encontramos,  en señal de agradecimiento y en bienestar de las nuevas generaciones.  El novelista, periodista y dramaturgo húngaro Sándor Márai lo expresó acertadamente diciendo “El hombre hace suyo un lugar no solo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear”. 
Algunas veces viajamos soñando con regresar a nuestro lugar de origen, pero no siempre podemos lograrlo. Otras veces, sí logramos regresar, será válido tener presente las palabras del político y activista sudafricano Nelson Mandela “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuanto has cambiado tu”. En oportunidades, ni nosotros somos los mismos, ni el lugar es el mismo después de haber estado lejos mucho tiempo, ambos somos extraños.

Para concluir la reflexión de hoy es válido tener presente las palabras del filósofo y escritor suizo  Henry F. Amiel, útiles como compañeras de viaje: “Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello”. Una primera mirada puede ser muy superficial para decidir; es necesaria otra mirada,  para poder ver y acercarnos a la realidad. Pero también es cierto lo afirmado por el literato francés Jules de Gouncourt: “El más largo aprendizaje de todas las artes es aprender a ver”, porque todos miramos y observamos, pero no siempre vemos. 

Miguel A. Terán
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Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia.


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