REFLEXIÓN DEL DÍA (Miércoles 25 de Febrero de 2015)

on miércoles, 25 de febrero de 2015
"Todos tenemos dos cumpleaños. El día que nacemos, y el día en que despierta nuestra conciencia".
Maharishi Mahesh Yogui (1917 - 2008) Gurú religioso de la India, fundador del movimiento Meditación Trascendental.

REFLEXIÓN: Se dice que envejecer es obligatorio, pero madurar y crecer es opcional. Podemos transitar a través de los años, coleccionando arrugas y canas, más que conciencia de lo que somos y de lo que realmente hacemos, en el sentido de dejar huella y trascendencia de bienestar para quienes vendrán detrás de nosotros.
Es práctica común evitar enfrentar los problemas, pero cuando éstos son inevitables, pretendemos resolverlos rápido y de manera “cosmética”, sin reales soluciones, dedicándonos a atacar sus síntomas, efectos y consecuencias, sin entender los procesos ni mucho menos sus causas o raíces. De esa manera los detenemos temporal y artificialmente, pero seguirán creciendo y complicándose, para regresar más adelante fortalecidos.
Nuestras creencias y paradigmas nos impiden tomar conciencia. Hacemos de la vida una rutina, sin sentido, contenido, ni un claro destino, parecemos parte de una manada. No obtenemos provecho a  las vivencias y experiencias, para convertirlas en aprendizaje u oportunidades de cambio, por no haberlas reflexionado ni interpretado adecuadamente.
En ese transitar por la vida nos cargamos de miedos, temores, inseguridades y angustias, por un futuro que nos lo han vendido incierto, y lo hemos comprado sin reflexión alguna. En muchos casos, se vive el presente acompañado de un pasado cargado de reproches y frustraciones, que solo recordarlo es motivo para deprimirnos.
La falta de conciencia nos lleva por la vida fuera de armonía, balance y equilibrio, sin conexión con nosotros mismos, pero con falsas conexiones con nuestro entorno. No damos significado a buena parte de lo que nos ocurre, simplemente ocurre. Nos sentimos víctimas de nuestras circunstancias. Vivimos preocupados en extremo por nuestra imagen exterior y muy poco por la imagen interior. Sabemos lo que tenemos y hacemos, en lo material y las diarias actividades, pero nunca nos hemos preguntado quiénes somos.
Parece que no hay opción de cambiar nuestra forma de pensar, de relacionarnos y comunicarnos. Apegados a lo material, a lo pragmático y utilitario, sin espacios ni tiempos para el espíritu. Luchamos con más circunstancias y problemas imaginarios que reales. En vez de ser una voz nos acostumbramos a ser un eco. Transitamos por la vida a lo largo, pero no a lo ancho.
Hacemos de los valores un concepto situacional, porque dependiendo de la situación aplican o no, se utilizan o no. Semejante error creernos honestos, cuando simplemente lo somos porque no hay forma de ser deshonestos. Alguien refería que muchos individuos no roban simplemente porque no tienen la oportunidad. Racionalizamos y justificamos todas nuestras faltas. La riqueza adquirida fácil, la viveza, el oportunismo y similares parecen ser ejemplo a seguir, sin conciencia de ningún tipo.
Nos vemos más como individuos que como miembros de una comunidad. Hemos perdido la capacidad para establecer contactos reales con los demás, logrando una convivencia muy pobre. El psicólogo y filósofo venezolano, Dr. Manuel Barroso, refiere que vivimos la fantasía de los miles de contactos que logramos a través de la tecnología, pero nunca como hasta ahora nos hemos sentido tan solos.
La pareja y la familia han perdido espacios y tiempos, hurtados por la televisión, internet y las redes sociales, además del exceso de trabajo para tener nivel de compra y de estudios, para sobrevivir en una sociedad basada en la competencia.
Hemos contribuido o –cuando menos – sido cómplices de que nuestros hijos abandonen temprano su niñez y adolescencia para asumir también tempranamente responsabilidades de adulto. Con el visto bueno de los padres, muchos niños han debido abandonar sus sueños, para convertirse en el proyecto de la sociedad y sus padres.
Hemos avanzado en nivel de vida, tenemos más cosas que nos dan confort, pero hemos perdido la calidad de esa vida, necesaria para alcanzar la paz requerida para transitar hacia la felicidad. Nos olvidamos de disfrutar lo que tenemos y estamos más preocupados pensando en lo que carecemos.

Despertar nuestra conciencia no es fácil, todo parece confabulado para no lograrlo. En algunos casos, ciertos eventos personales, familiares o sociales dramáticos logran despertarla, llevándonos a considerar y rectificar el rumbo de nuestra vida, para encontrarle sentido.  En ese momento reconocemos que hemos caminado por un lado y hablado por otro lado, que nuestros pensamientos, emociones, decisiones y acciones han estado desalineadas, cada una por su lado.
Ese día que tomamos conciencia nos convertimos en seres nuevos, creativos, de mente abierta, empáticos, ecológicos, sensibles, pero sobre todo humanos, conscientes que recogeremos lo que sembramos, por ello ese día debemos reconocerlo como un nuevo nacimiento.

Miguel A. Terán

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Nota: imagen extraída de la web


Referencias: Tomadas de Wikipedia.

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