PENSAMIENTO Y REFLEXIÓN DEL DÍA Martes 25 de Noviembre de 2014

on lunes, 24 de noviembre de 2014
“Era como un gallo que creía que el sol había salido para oírle cantar”.
Mary Anne Evans (1819 - 1880). Escritora británica conocida por el seudónimo de George Eliot.

REFLEXIÓN: Ese exagerado orgullo y exceso de estimación personal puede llevarnos a creer que somos el centro del universo, con más derechos y privilegios de los realmente merecidos. La simpática y siempre critica  Mafalda, en ese mismo orden de ideas,  afirma que “Algunas personas no han entendido... Que la Tierra gira alrededor del Sol... No de ellas”.

Ese individuo lleno de vanidad sobre lo propio y desprecio por lo ajeno, cuando alguien le confronta culpándolo de su vanidad, no es de extrañar que exprese lo que otro de ellos  dijo en un “derroche de humildad”: “Antes era vanidoso, ahora me curé y soy perfecto”.
Para este individuo el director y protagonista de todas las películas es él. Para él todas las conjugaciones de verbos que le beneficien comienzan con la primera persona del singular “Yo”, mientras las que le perjudiquen van dirigidas a la segunda persona “tu” o a la tercera persona “el”. Su dedo indice siempre estará listo para apuntar a otros en busca de culpables. 
Cuando no moderamos nuestro orgullo, ese será nuestro mayor castigo, decía Dante Alighieri, el escritor y filósofo italiano. Mientras la novelista inglesa Agatha Christie consideraba que cuando no había humildad, las personas se degradan. La realidad es tal cual lo expresaba, más de dos milenios atrás,  el fabulista griego Esopo “Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos”.
La soberbia es otra característica usual de ese personaje, quien no tiene ninguna consideración con los demás, salvo aquellos gestos disfrazados, para conseguir más de los otros. La prioridad de ese individuo soberbio es él y sus particulares necesidades y deseos. El egoísmo, la intolerancia y la prepotencia le hacen permanente compañía.
Sin embargo, detrás de ese individuo soberbio y que transpira exagerada autoestima, la mayor parte de las veces se oculta un ser inseguro y con muchos miedos. Una sana autoestima se caracteriza por el equilibrio, honestidad y el realismo para que la persona reconozca sus cualidades, potencialidades y limitaciones. Pero, debe tenerse cuidado, porque “Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto”, nos decía el poeta argentino Antonio Porchia.
Con la perdida de la humildad también perdemos el respeto por los demás y a la larga hacia nosotros mismos. El escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, afirmaba que solo teníamos derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando hemos de ayudarle a levantarse.

Miguel A. Terán
Twitter: @MiguelATeranO

 Nota: imagen extraída de la web
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“Sueña, vive, reflexiona, aprende, ayuda y ora”.

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