Pensamiento y Reflexión del Día Jueves 28 de Agosto de 2014

on miércoles, 27 de agosto de 2014
“Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad”.
Barón de Montesquieu (1689-1755). Escritor, filósofo y pensador político francés.

REFLEXIÓN: El problema de alcanzar la felicidad es que siempre pretendemos buscarla fuera de nosotros, cuando en realidad está dentro de nosotros. Más aún, muchos individuos ni siquiera la tiene definida en términos claros ni precisos, por lo tanto se hace difícil saber cuándo es alcanzada. Es por ello, que podemos sentirnos felices o infelices, sin importar el lugar, lo que hacemos ni en compañía de quien estemos.

Siempre tenemos la posibilidad de intentar y probar cambios, aunque sea de actitud, en caso de no sentirnos a gusto con la situación o condición actual. El escritor estadounidense Henry Van Dyke, consideraba que “La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos”.

La comparación con otros, que es la esencia de esta reflexión,  ha llegado hasta los extremos de intentar comparar los niveles de felicidad; tarea ardua, porque la felicidad parece ser algo personal e intransferible. Evaluamos lo que otro posee o creemos que posee y consideramos que si tuviéramos lo que esa persona tiene, podríamos ser tan o más felices que ella o él.

Esa comparación es absolutamente subjetiva,  porque comparamos solo en base a lo que interpretamos de lo que percibimos. Tengamos presente que cada quien tiene sus propias angustias, incertidumbres,  problemas y circunstancias, y como dice un refrán popular “La procesión va por dentro”, porque no todos exteriorizan esos problemas, pesares y sufrimientos. Recordemos que no todo lo que brilla es oro.

En estos tiempos, las redes sociales están llevando nuestra imaginación sobre la felicidad de los otros hasta convertirlo en un problema de “silenciosa envidia colectiva”, con rasgos virales. En las redes sociales parece que nadie trabaja, lucha, ni se enferma ni sufre; el que la está pasando peor, está cuando menos en una playa.

Desde esa perspectiva es muy fácil imaginarnos a los demás infinitamente más felices que nosotros,  y con seguridad, más felices de lo que en realidad lo son, por lo cual será imposible alcanzarles en esa “felicidad” extrema. Esa felicidad envidiada o envidiable, tiene como referencia lo material, porque es difícil envidiar el conocimiento o la espiritualidad.
Es importante hacer de la felicidad un hábito, que nos siga como una sombra a donde quiera que vayamos, más allá de las condiciones y circunstancias, donde la referencia o punto de comparación seamos nosotros mismos y no los demás.

Miguel A. Terán

Twitter: @MiguelATeranO


Nota: Foto ilustrativa extraída de la Web.

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