CARENCIA DE AUTÉNTICOS MODELOS DE VIDA - Parte I La crisis actual de valores‏

on sábado, 30 de agosto de 2014
Parece que los seres humanos siempre hemos buscado modelos y ejemplos, como guía a seguir para orientar el rumbo de nuestras vidas. La palabra orientar no tiene ninguna polaridad, no es positiva ni negativa, porque es en realidad el rumbo que tomamos lo que nos lleva hacia lo positivo o lo negativo. El modelo a seguir ayuda a construir la identidad  y a definir un propósito en la vida, especialmente en los niños y jóvenes, porque ellos son las semillas de las mujeres y hombres del mañana.

 Esos primeros modelos, generalmente, han sido nuestros padres, maestros y los adultos, significativos,  que nos rodean durante nuestro desarrollo y crecimiento. Más adelante copiamos modelos de nuestros amigos y compañeros de estudio, profesores y supervisores, cuando entramos al mundo laboral.

Con el paso del tiempo, en muchos casos,  y por ausencia o debilidad de los modelos tradicionales, tristemente, hemos emigrado a los modelos de utilería, haciendo referencia a la palabra que representa las cosas, objetos y enseres en un escenario teatral, artístico o cinematográfico. Ese “modelo” mediático, creado por especialistas, es en realidad un pseudo o falso modelo, que nos es ofrecido y vendido como un modelo a seguir. Es un hecho que las llamadas celebridades influyen el comportamiento de muchos individuos, imponiendo patrones de conducta, consumo, estereotipos y apariencia.
  
Uno de los problemas del modelo que seguimos, con la excepción tal vez de nuestros padres con quienes hemos convivido, es que generalmente conocemos solo una parte del ese modelo mediático; en muchas oportunidades, quizá solo su estilo de vida y lo superficial, como un iceberg al cual únicamente podemos ver la punta. Sus tragedias internas, hábitos, tendencias y adicciones, van a apareciendo por el camino.
  
Muchos individuos de “éxito” artístico, deportivo, profesional o de otro tipo, no han llegado a desarrollar ni el mínimo grado o nivel de conciencia acerca de su enorme responsabilidad social, desconocen el efecto de sus patrones de conducta, estereotipos, apariencia e imagen, en la distorsión de principios y valores, en aquellos que les siguen.

 Esos modelos fabricados tiene una razón de ser, son herramientas de una actividad de negocios; por ello,  son inconsistentes, en actitudes, palabras, acciones, conductas,  y todo lo que hacen, apuntan hacia “algo” que ni los mismos modelos, que a su vez son víctimas de su propio personaje o éxito, tienen idea de adonde les llevará su desacertado estilo de vida.

Ha sido denominador común que terminen mucho más abajo de donde comenzaron,  hundidos en el fango de su propia fama.  A quienes les seguimos, en algunos casos de celebridades - por ejemplo- deportivas, nos queda la decepción y la falta de indemnización por las horas idolatría, sueños y emociones que brindamos  a un simple muñeco de barro, cuando sus hazañas deportivas concluyeron siendo el resultado del consumo de drogas, que potenciaron su desempeño.
  
Para muchos de ellos, y la historia pasada y reciente así lo demuestra, la página final de su espectáculo podría resumir su epitafio. Muchos de estos “héroes”, que si bien es cierto podríamos admirar e idealizar en ellos algunas aptitudes artísticas, musicales o deportivas, no siempre son buenos modelos a imitar. Es una realidad que para muchos individuos el problema de la vida no ha sido solo comenzar, sino saber cuándo y dónde detenerse, para no llevar una vida sin límites.


Miguel A. Terán

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