domingo, 18 de mayo de 2014

Escoger buenas lecturas Dieta para evitar indigestarnos mental, emocional y espiritualmente.

Escoger buenas lecturas
Dieta para evitar indigestarnos mental, emocional y espiritualmente.
Miguel A. Terán

Tan importante como alimentarte es alimentarte bien, con productos nutritivos y sanos. El mismo consejo aplica para la lectura. Hoy día es fácil encontrar gran variedad de productos “literarios”, incluyendo artículos y otras breves lecturas; con la adicional dificultad, que a diferencia de los alimentos, tanto los libros, como artículos y otras lecturas en general, no traen etiquetas que indiquen su información nutricional ni advertencias, de ningún tipo, que nos prevengan sobre los riesgos de su uso.

Sería igualmente recomendable que tal cual los medicamentos, los libros y artículos, deberían traer sus indicaciones, contraindicaciones y efectos colaterales, especificando dosis y, muchos incluso, deberían venderse o autorizar su lectura solo con prescripción facultativa o de un especialista. 

Un libro puede marcar la vida de una persona, tal cual refiere la expresión del insigne pensador estadounidense Ralph Waldo Emerson: “En muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un individuo, decidiendo el curso de su vida”; esta cita fue planteada por R. W. Emerson en la perspectiva positiva, pero debemos reconocer que también un libro puede hacer daños al desviar el curso de la vida del lector por inadecuados caminos, llenándolo de equivocadas creencias que podrían convertirse en incuestionables, transformándose en sus paradigmas de vida.

La lectura puede nutrirnos o intoxicarnos. En la medida que una determinada lectura llegue a mentes más jóvenes, menos firmes, más ignorantes o poco sólidas en sus convicciones, la influencia e impacto de lo leído será mayor, para bien o para mal, dependiendo del tipo de lectura. Allí la historia tiene ejemplos de apasionamientos, fanatismos y adoctrinamientos, que han utilizado la lectura para sacar a los lectores del mundo real y manipularles en búsqueda de particulares objetivos. 

Hoy día, por razones de negocio, el bufón de la corte es convertido en el Rey, y es por ello que aparecen individuos  fabricados como gurús y autores, por maquinarias de mercadeo y comerciales. Pero solo basta escucharles o leerles con criterio, para darnos cuenta que son simples productos, tal cual una cartera o un par de zapatos. Aunque, en resumidas cuentas, si existen es porque hay un “Target” o un objetivo de lector que comprará y se intoxicará con eso o, cuando menos, se entretendrá leyendo algo, que puede darle un halo de actualidad, e incluso de “intelectualidad”, en cualquier conversación social.  

Una parte importante del negocio literario está dirigido a la lectura como un entretenimiento o hobbie, y en países del llamado primer mundo, la gente lee cantidades, pero en su mayoría son lecturas vacías y sin contenido, que mantienen al lector ignorante en temas sociales y humanos, incluso financieros, económicos, históricos y hasta geográficos. El Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, refiriéndose a un género particular  de lecturas,  reconoce  que el objetivo de éstas es “…no es instruir, sino hechizar al lector: destruir su conciencia crítica, absorber su atención, manipular sus sentimientos, abstraerlo de su mundo real y sumirlo en la ilusión”.

El famoso escritor Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura (1946), consideraba que los libros solo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles.

Existe innumerable literatura de auténticos y verdaderos escritores, en diferentes géneros,  que llenan nuestras vidas de reflexión, contenidos y crecimiento, dando sentido a muchos temas, experiencias, sueños y vivencias. Al transitar a través de las lecturas de estos maestros de la escritura, sentimos liberarnos y abrir nuestras mentes, corazones y espíritus a un mundo de infinitas perspectivas, sueños, cambios y retos.

Decía el escritor, político y diplomático  italiano Carlo Dossi que él nunca escribía su nombre en el libro que compraba sino hasta después de haberlo leído, porque era luego de leerlo que se atrevía a considerarlo de su propiedad; tal vez haciendo alusión o referencia a aquellas lecturas que no vale la pena ni recordarlas.  La lectura al igual que muchas otras cosas que consumimos por los diferentes sentidos tiene efecto residual, nutritivo o tóxico.

En un mundo donde se sueña con que alguien desarrolle píldoras para todo, inclusive para la lectura y adquisición de conocimiento, debemos ser cuidadosos para no dejarnos atrapar por la búsqueda de récipes o recetas para ser feliz y dejar a un lado los problemas. Tengamos siempre presente que construirnos como seres humanos es un proceso de toda una vida, de experiencias, reflexiones y aprendizajes, donde no hay atajos. Los buenos libros pueden orientarnos para conseguir el camino perdido y el equilibrio requerido, pero hay que abrirlos, leerlos, reflexionarlos y ponerlos en práctica.

Evitemos comprar títulos o portadas llamativas,  que resaltan el nombre del autor, en algunos casos hasta su físico,  y que son simples productos del mercadeo. Elegir bien los escritores que leeremos y el contenido de los libros o artículos, verificando las credenciales profesionales, académicas y de vida de quienes los escriben, es condición vital para evitar desperdiciar nuestro tiempo leyendo temas que, lejos de ayudarnos, nos confundirán, decepcionaran  o, en el menos malo de los casos,  tendrán efecto inocuo, pero habrán robado nuestro más valioso recurso: el tiempo.

Tengamos siempre presente que lo que leemos alimentará o indigestará a nuestra mente, corazón y espíritu. Escojamos con adecuado criterio nuestras lecturas y escritores.

MAT / Mayo 18, 2014.

Blog: http://miguelterancoach.blogspot.com

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