Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper - Miami, Florida- USA Oct -Nov 2026
Miguel A. Terán
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La naturaleza nos da infinitos mensajes de sabio crecimiento, que los humanos, las organizaciones y las sociedades deberíamos tomar en consideración para aprender de esas enseñanzas. Como principio rector de esos mensajes naturales, requerimos comprender que el crecimiento debe ser equilibrado, balanceado y armónico. Los árboles crecen hacia arriba, pero para dar soporte a ese crecimiento deben desarrollar sus raíces y sus ramas, distribuyéndolas hacia los diversos puntos cardinales, para lograr el necesario equilibrio y nutrición.
Ir hacia arriba, ser más grande, fuerte, superarte, avanzar, crecer más que la competencia, requiere trabajar en nuestras bases, en nuestras raíces. En mi experiencia organizacional pude conocer cabezas de dirección que los consideré “Desarrolladores”, ya que -literalmente- todos sus esfuerzos se dirigían a llevar el negocio hacia arriba, ni una mirada hacia el lado y mucho menos hacia abajo.
Si comparamos una organización con un edificio, esos individuos nunca daban un vistazo a las bases del edificio, su interés era simplemente construir más pisos. Con el tiempo la organización crecía, pero demostraba -cada vez más- signos de debilidad en sus bases, que podían hacerla colapsar.
Y, en las organizaciones multinacionales pude observar que estos líderes eran transferidos a otros lugares, a otras subsidiarias, y llegaba en su sustitución un líder distinto, un “Consolidador”, cuyo objetivo no era “colocar más pisos”, sino reforzar y apuntalar lo construido. En algunos casos, vi hasta “quitar pisos”, para evitar riesgos de colapso en la estructura.
Los procesos de madurez son vitales para lograr un desarrollo sano, desarrollos “overnight” o “durante la noche”, no son confiables. Existe una metáfora que se ha tomado del crecimiento del Bambú, que podemos considerarla un buen ejemplo, ya que su semilla germina y la raíz principal crece verticalmente hacia abajo, enterrándose y profundizando, durante varios años, consolidando en paralelo un conjunto de raíces que la anclan, permitiéndole absorber y almacenar agua y nutrientes, y facilitar interacciones simbióticas con el ecosistema.
Esta fase de crecimiento subterráneo puede durar años, en algunas variedades hasta más de 5 años, sin que aparezcan partes visibles, externas de la planta. Una vez que ha culminado esta etapa, el bambú inicia su crecimiento visible, pudiendo alcanzar varios metros en muy poco tiempo, pero ese crecimiento previo de sus raíces le permitirá mayor estabilidad, mayores accesos a fuentes de agua y nutrientes, mayor adaptación a condiciones ambientales extremas, tales como sequías y vientos. En condiciones ideales esta planta puede llegar a crecer hasta medio metro o más por día.
Esta referencia al bambú podría compararse con otras plantas, como el ficus, cuyas etapas de desarrollo, de forma y de estructura responden a una estrategia adaptativa. Algunos árboles deben adaptarse a las condiciones del entorno, y suelos arenosos y con agua muy cerca de la superficie, los obliga a desarrollar sistemas de raíces horizontales, extensas, pero superficiales, en vez de raíces profundas, lo cual representa una debilidad.
En el caso del ficus éste llega a compensar esa superficialidad de las raíces desarrollando adicionalmente otras raíces gruesas que salen desde las diferentes partes del tronco, y que le permiten anclarse en el suelo. Algunas veces, las raíces crecen y bajan desde las ramas del árbol y se convierten en “columnas” adicionales de soporte.
El deseo de crecer, aumentar, expandir, ampliar en tamaño, poder, negocios, empresas, mercados, fortuna, fama, conocimiento, retos, sueños, objetivos y mucho más, es absolutamente válido, algo casi intrínseco, esencial o propio de la naturaleza humana. No obstante, los problemas y las patologías comienzan cuando tratamos de llevar ese crecimiento a extremos, violando –inclusive- principios de la misma naturaleza humana.
“Todo tiene sus límites”, refería Quinto Horacio, el famoso poeta de la Antigua Roma. Crecemos también en ambición, como una consecuencia a la cual irremediablemente llegaremos cuando se pierden los límites del sano y racional crecimiento, porque nos atrapa ese deseo incontrolable, enfermizo y sin límite para conseguir -a cualquier precio “un poco más”.
Muchos proyectos de vida, al no pautarles adecuados y sanos límites de crecimiento, transforman la búsqueda infinita en una utopía, convirtiendo individuos en verdaderos monstruos con desvirtuados sueños, que los llevan por inciertos rumbos. Cantidad de proyectos de negocios han consumido y acabado con la vida de sus creadores. El autor y orador motivacional Jim Rohn consideraba que “La pregunta más importante en las diferentes etapas de nuestra vida, no es ¿Qué estoy consiguiendo?, sino ¿En qué me estoy convirtiendo?”, ya que podemos transformarnos en ese ser que veíamos solo en nuestras pesadillas.
Las dictaduras y gobiernos autocráticos en general son el mejor ejemplo del crecimiento del poder político sin límite, en el cual éste se concentra en manos de un dictador, un autócrata o una élite, sin división clara de poderes, lo que resulta en el surgimiento de todo tipo de arbitrariedades y abusos. “La limitación es esencial a la autoridad, pues un gobierno solo es legítimo si está efectivamente limitado”, expresaba el historiador y político inglés Lord Acton. Ejemplos de ese poder político ilimitado y del daño de éste a la humanidad, están documentados en muchos tristes capítulos de nuestra historia universal.
Ocurre algo similar con el crecimiento ilimitado de organizaciones o empresas, que pueden llegar a influir, no solo en lo económico, sino en lo político y social. Llegando a crecer y expandirse, de tal manera que son capaces de enfrentar al mismo estado de múltiples formas, para hacer valer sus particulares intereses, inclusive por encima de los intereses de la sociedad.
Lo importante es tener presente que la falta de límites para el crecimiento deteriora nuestro entorno -en general- haciendo visible el daño en individuos, parejas, familias, empresas, medio ambiente, sociedades y países. Prestar atención a pequeños desvíos, para corregir a tiempo es clave, respetar los acuerdos y normas colectivas para impedir que lo malo se vuelva parte del paisaje y lo anormal lo aceptemos como normal, evitando encontrarnos –más adelante- con problemas complejos de manejar y resolver, debido a las exageradas y patológicas dimensiones que han adquirido.


Excelente artículo , gracias por publicarlo y compartirlo … cuán real son muchas de las situaciones aquí mencionadas y cuán importante es la Labor de un líder . Gracias
ResponderEliminarHola Miguel,
ResponderEliminarExcelente artículo. Gracias por compartir una reflexión tan necesaria.
Me hizo pensar en lo fácil que es caer en la trampa de crecer por crecer y querer demostrar que podemos ser mejores que los demás. En ese camino, podemos perder de vista quiénes somos, qué nos importa y cuál es nuestro equilibrio. La comparación más valiosa es con nosotros mismos: cómo avanzar hacia nuestra mejor versión sin perder el propósito.
Esta reflexión empieza en cada uno de nosotros (intrapersonal), se refleja en cómo nos relacionamos y trabajamos en equipo (interpersonal) y termina influyendo en la organización (institucional), que en gran medida refleja los valores de quienes la lideran.
Al final, se trata de crecer con propósito: fortalecernos sin perder de vista lo esencial. En mi experiencia, ese equilibrio es clave para una vida plena y para construir organizaciones más saludables.
Gracias nuevamente por una reflexión tan valiosa.