Me he tomado la libertad de publicar un escrito de la psicopedagoga brasileña Cassiana Tardivo, denominado «Los Hijos del Cuarto», que equivocadamente se ha atribuido al escritor argentino Jorge Bucay.
Este escrito,
sin duda alguna, refleja una triste realidad que ocurre en nuestros hogares. Nos
preocupa que nuestros hijos estén en la calle, por todos los peligros que allá
fuera existen; entonces, sentimos una «ignorante tranquilidad» cuando los
tenemos todos los días encerrados en sus cuartos.
En realidad, debemos ser honestos para reconocer que en ese cuarto están solo sus cuerpos, ya que sus mentes están en otro lugar, quien sabe si más riesgoso y peligroso que la temida calle. Allí en ese cuarto están en manos de internet y la televisión, esos «Caballos de Troya» que hemos dejado entrar a nuestros hogares y, que, sin darnos cuenta se apoderan de las relaciones y mentes de todos los miembros de la familia.
Como
recordatorio, el Caballo de Troya fue una trampa con forma de enorme caballo de
madera que ignorantemente los troyanos entraron en su fortaleza, sin saber, que
dentro de esta estructura había soldados enemigos que en la noche salieron del
caballo, para abrir la puerta a los enemigos de los troyanos. En la terminología
informática se considera un Caballo de Troya a un programa malicioso que se
infiltra disfrazado en una computadora, para engañar a los usuarios sobre su
verdadera intención que es causar daños al sistema.
Aunque no
podemos dejar de reconocer las ventajas de la tecnología, debemos estar
conscientes de los irreparables daños de estos Caballos de Troya. Quizá el
problema es que la sociedad no ha sido ni estado adecuadamente preparado para
la llegada de estas tecnologías.
Entonces,
haciendo una analogía, la televisión e internet han logrado apoderarse de nuestros
hogares, convirtiéndolos en simples casas. Es fácil entender la diferencia, las
casas son construidas con arena, cemento y metales, los hogares son construidos
con valores y amor. La palabra hogar conlleva sentido de pertenencia, amor,
familia, valores y sensación de seguridad y paz, mientras la palabra casa
transmite más la idea de un lugar físico en el cual vivimos.
Esa realidad
ha logrado que cada vez haya más casas y menos hogares, como resultado de los
espacios de familia que hemos venido perdiendo. El epicentro del
problema podría ubicarse en los progenitores, quienes, preocupados por los
temas económicos para cubrir las necesidades de vivienda, alimentación,
seguridad, salud, educación y otras, junto a las angustias por las
incertidumbres del futuro, descuidan su función de educadores y formadores de
sus hijos, dejando esta función en manos de internet y la televisión.
El escaso tiempo “disponible”
para la crianza de los hijos puede dejar en estos profundos vacíos en afectos y
otras necesidades de orden psicológico, que podrían intentar llenarse en
lugares menos adecuados, entre amigos o bajo la peligrosa tutela de la televisión
e internet.
No disponer de tiempo es un tema
de prioridades, porque siempre habrá tiempo para lo que consideramos
prioritario. Decía San Agustín, que “No hubo tiempo alguno en que no hubiese
tiempo”. Por su parte, Stephen Covey, el consultor y orador estadounidense
planteaba “Tienes que decidir cuál es tu máxima prioridad y tener el coraje de
decir “no” a otras cosas”.
A continuación, el texto de:
¡LOS HIJOS DEL CUARTO! Por Cassiana Tardivo
No deje de leer
“No seamos exagerados para decir que solo ahora con la
llegada de la WWW hemos perdido a nuestros hijos. Eso también lo decían antes.
Pero antes perdíamos hijos en los ríos, en los matorrales, en los mares,
¡Hoy los hemos perdido dentro de sus cuartos
(Habitaciones)!
Cuando jugaban en los patios oíamos sus voces, escuchábamos sus fantasías y al oírlos, a la distancia, sabíamos lo que pasaba en sus mentes. Cuando entraban en casa no existía una TV en cada habitación, ni dispositivos electrónicos en sus manos.
Hoy no escuchamos sus voces, no oímos sus
pensamientos. Los niños están allí,
dentro de sus habitaciones, y por eso pensamos que están seguros. Cuánta
inmadurez la nuestra.
Ahora se quedan con sus auriculares, encerrados en sus mundos, construyendo sus saberes sin que sepamos lo que es ...
Perdiendo literalmente la vida. Aún vivos en cuerpos, pero muertos en sus relaciones con sus padres. Están cerrados en un mundo global de tanta información y estímulos, de modismos pasajeros, que en nada contribuyen a la formación de niños seguros y fuertes para tomar decisiones moralmente correctas y de acuerdo con sus valores familiares.
Dentro de sus habitaciones perdemos a nuestros hijos
con las drogas, las conversaciones con malos amigos, la pornografía, inmersos
en un mundo de fantasía.
Dentro de sus habitaciones perdimos a los hijos pues
no saben ni más, quién son o lo que piensan sus familias, ya están muertos de
su identidad familiar…
Se convierten en una mezcla de todo aquello por lo que
han sido influenciados y los padres no siempre saben lo que sus hijos son.
Usted hoy puede leer ese texto y amar, enviarlo a los
amigos. Puede ver en él verdades y reflexionar. Todo esto será excelente. Pero
he visto tantas familias enfermas con hijos muertos dentro de la habitación,
entonces te hago una invitación y, ¡por favor acepte!
Te invito a sacar a tu hijo de la habitación, de la
tableta, del celular, del ordenador, del auricular. Te invito a comprar juegos
de mesa, tableros y tener hijos en la sala, a tu lado, en tu habitación por lo
menos 2 días establecidos por semana en la noche (más allá del sábado y del
domingo).
Y juega, diviértete con ellos, escucha las voces, las
palabras, los pensamientos y que tengas la gran oportunidad de tenerlos vivos.
Haz que aprendan a vivir en familia, se sientan
pertenecientes en el hogar para que no ¡necesiten aventurarse en esos juegos
locos para sentirse alguien o tener un poco de adrenalina que antes tenían con
las bromas en el patio! ¿Sí?
Tu instroduccion me pareció fabulosa. Muy bien escrita, incluso mejor que la de la escritora . Gracias !!!!
ResponderEliminarMuchas gracias. Me alegra que el tema en general haya sido de su interés.
EliminarExcelente
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