La mejor manera de agradecer lo que recibimos, no es solo dar gracias, es retribuir a la vida ayudando a otros. Miguel A. Terán

on jueves, 13 de agosto de 2015
La mejor manera de agradecer lo que recibimos, no es solo dar gracias, es retribuir a la vida ayudando a otros.
Miguel A. Terán

Es importante agradecer, porque al no hacerlo no valoramos ni lo que somos, ni lo que tenemos, ni cuanto hemos recibido; lo que impide sentirnos felices por todo ello.  Milenios atrás, el filósofo chino Lao-tsé, expresaba que "El agradecimiento es la memoria del corazón". Porque parece que debemos grabar en nuestro corazón el recuerdo de lo recibido, tal vez por aquello de que la memoria del cerebro muchas veces es corta. 
"No hay deber más necesario que el de dar las gracias", afirmaba el político, filósofo y escritor romano Marco Tulio Cicerón.  Al expresar nuestro agradecimiento por lo recibido estamos  reconociendo -y sobre todo sintiendo- lo dichosos y bendecidos que somos, de manera tal, que los mayores beneficiados con nuestro agradecimiento sincero somos nosotros mismos, al llenarnos de buenos sentimientos. 
Aunque la palabra gratitud la define el diccionario como el “Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”, la verdad es que cuando ayudamos debemos hacerlo sin ningún interés en ser retribuidos por nuestra acción. “Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo”, reconocía el escritor español Francisco de Quevedo. 
Entonces, la idea de quien da no debe ser recibir agradecimiento, aunque nunca está de más una palabra o gesto de sincero de agradecimiento. Es importante reconocer a todos los involucrados en lo que hemos recibido, porque algunas veces solo recordamos al último actor en escena, pero no a todos los que hicieron posible la obra de nuestra vida. Al respecto, el filósofo, escritor y Premio Nobel de Literatura (1913) Rabindranath Tagore decía “Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene”. 
Pero lo cierto, ante tanta necesidad que tenemos a nuestro alrededor es que agradecer a Dios, cualquiera sea la forma que lo concibamos,  o a la vida por lo que tenemos y recibimos, sin corresponder con algún acto de bondad hacia otro u otros, es un agradecimiento –sin sentido- perdido en el vacío. Algunas veces damos gracias –hasta infinitas gracias- por lo recibido, repetimos una y otra vez la palabra gracias, pero olvidamos voltear atrás y mirar –con genuino interés- para ver quién necesita nuestra ayuda, y proceder a ayudarle. 
No solo debemos preguntarnos que hacen los demás por nosotros, sino que hacemos nosotros por los demás. Muchos individuos esperan la ayuda de todos, casi como un deber, pero no tienen interés alguno en agradecer ni –mucho menos- en corresponder ayudando a otros. Parafraseando, al poeta libanés Khalil Gibran, él reconocía que lo que sembramos con amor debemos cosecharlo con gratitud.  Cuando nuestra buena voluntad y deseos se convierten en hechos al prójimo o a la sociedad, es allí cuando se hace realidad nuestro agradecimiento. 
Es válido tener presente que uno de los principales enemigos de la gratitud es el tiempo, y bien lo expresó el famoso autor de la obra “El Padrino”, el escritor estadounidense Mario Puzo, cuando dijo “El tiempo hace estragos en la gratitud, aún más que en la belleza”. Debemos enseñar a quienes viene detrás de nosotros, a las nuevas generaciones, a ser agradecidos. 
 “Si yo pudiera enumerar cuanto debo a mis grandes antecesores y contemporáneos, no me quedaría mucho en propiedad”, fueron ejemplares palabras de gratitud y humildad del brillante escritor, poeta y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe.

Agosto 13, 2015.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

Twitter: @MiguelATeranO
Nota: imagen extraída de la web
Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).


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