Reflexiones - ¿Cuánto tiempo dedicamos diariamente a nuestro crecimiento psicológico, espiritual y humano? por: Miguel A Terán

on lunes, 28 de julio de 2014
Con excepciones, por razones de pobreza, salud y estéticas, a diario nos preocupamos y ocupamos por alimentar nuestro cuerpo, para así disponer de la energía necesaria que requerimos para estar activos, desarrollarnos y crecer; sin embargo, nos somos tan cuidadosos ni tan constantes al momento de alimentar nuestra mente, corazón y espíritu, sin darnos cuenta que la desnutrición de estos últimos afectarán todos los aspectos de nuestra vida.

De nada vale alimentar nuestro organismo tres veces al día, desayuno, almuerzo y cena, pero dejando desnutridos a nuestra mente, corazón o espíritu. Aunque peor aún es “alimentarles” de manera tóxica, con malos pensamientos, miserables sentimientos, chismes, calumnias, envidias, etcétera.   

Pero la triste verdad es que a la mayoría de los individuos les cuesta tomar apenas unos minutos diarios, para dedicarlos a alguna lectura o a reflexionar experiencias propias o ajenas, de las cuales se pueda obtener algún provecho o aprendizaje. El resultado, al no dedicar el tiempo necesario para reflexionar, es perder el beneficio que nos ofrece la experiencia y la lectura, arriesgándonos a desperdiciar el aprendizaje de lo bueno y, posiblemente, a repetir lo negativo de otras vivencias.

Algunos enfocan sus esfuerzos intelectuales y de adquisición de conocimientos en la lectura técnica, que le permita acumular la información necesaria para mejorar su práctica profesional, lo cual es válido.  La adquisición de conocimientos generales, es otra opción,  que nos permite entender sistemas y procesos, para ayudarnos a ser menos ignorantes y evitar convertirnos en presa fácil de depredadores. No obstante, muchas veces olvidamos la importancia de la lectura de temas humanos, sociales o espirituales, que parecen no tener cabida en los programas diarios de nuestras apretadas agendas de actividades.

Ese pragmatismo, funcionalismo y practicidad de nuestra época, nos deja sin tiempo ni interés para atender cualquier tema que no podamos ver, oír o tocar; e incluso, para menospreciar aquellos, que no produzcan inmediatos resultados.  La dinámica de nuestros tiempos nos centra o enfoca en otorgar valor a lo que hacemos y a lo que tenemos, pero no a lo que somos; a lo urgente pero no a lo importante. Viejos refranes populares tales como “tanto tienes tanto vales” continúan más vigentes que nunca.

Para muchos, aunque no lo queremos reconocer, los temas más humanos, sociales y espirituales no tienen mayor importancia ni cabida en nuestra diaria actividad, mientras sintamos que tenemos todo lo material bajo nuestro control. Particularmente, he considerado que el éxito es lo que recogemos al final de nuestras vidas, los triunfos o los fracasos parciales tienen valor momentáneo, el éxito dependerá de lo que nos convertimos en el transitar por la vida, por ello, lo recogemos en nuestros  últimos años.  

El problema es que la vida da muchas vueltas. Hay quienes, sabiamente,  la comparan con una Montaña Rusa (Roller Coaster en inglés), una veces arriba y otras abajo. Lo que si es cierto, tal cual dijo Pablo Neruda, es que "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, solo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”. Será ése momento el momento de la cosecha, de la verdadera cosecha, no de cosechas parciales. Es allí donde podríamos cuestionar el concepto de éxito que nos vendieron y compramos, y detrás del cual se nos fue la vida.

Debemos ser cuidadosos con el alimento que damos a nuestra mente, corazón y espíritu, para evitar llenarlos de basura que altere nuestros sentidos, emociones y pensamientos, y que esa basura se haga realidad en nuestras decisiones, acciones y verbo, afectando nuestra salud física, psicológica y espiritual.  

La reflexión en cada momento y espacio de nuestra vida, especialmente en aquellos momentos de cambio o confusión, es vital para llevar una vida con sentido. Nuestra vida sería distinta si cada día, antes de dormir, nos preguntáramos qué aprendimos ese día; qué hicimos para contribuir a convertirnos en  la persona que queremos ser cuando pasen los años, qué legado estamos dejando a nuestros hijos y al mundo en el que vivimos, como nuestra retribución por la oportunidad y experiencia de haber vivido.

El éxito al final de camino será el resultado de la armonía y equilibrio con la que llevamos los diferentes aspectos de nuestra vida. Recordemos que recogeremos lo que sembramos.


MAT, Julio 2014.
Nota: Foto ilustrativa extraída de la Web.

1 comments :

Andrés Encinas dijo...

Tu reflexión es perfecta y muy acorde con el tiempo que vivimos. Lamentablemente los quehaceres nos envuelven y distraen en cosas que pueden ser urgentes e importantes; sin embargo, hay otras que son tan o más urgentes e importantes como por ejemplo: reflexionar de nuestros errores y poner en práctica el aprendizaje, permitir que aflore nuestra parte humana y recibir el alimento espiritual en sus diversas formas, cosas a veces que se dejan de lado, para hacerlo después, un después que nunca llega. Peor aún es cuando se hace y hay quien lo critique, porque piensa que con ello se busca algún beneficio terrenal, cuando el verdadero beneficio es con uno mismo y con nuestro Creador.

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