Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper Miami, Florida USA Nov. - Dec. 2025
Miguel A. Terán
www.miguelterancoach.blogspot.com
Iniciemos este complicado tema con una frase del novelista y ensayista francés André Maurois “Solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”. Deberíamos reconocer que en todo existen variados puntos de vista o perspectivas, y que cada uno de éstos pueden contener algo o mucho de la verdad. Sin embargo, innumerables personas acostumbran a leer, ver, escuchar o seguir solo y únicamente lo que está de acuerdo o en línea con su forma de pensar o su particular ideología o interés, acerca de algún tema, perdiendo la capacidad de crítica a la causa, razón, motivo o fuente de sus creencias, lo cual llevado a extremos se convertirá en demostraciones de fanatismo.
Para comprender el concepto de fanatismo
podemos reconocerlo como la expresión desmedida, incondicional e irracional de
creencias, paradigmas y opiniones religiosas, políticas, sociales, grupales,
culturales, de estilo de vida y más. Una de las características del fanatismo
es la pérdida de contacto con los hechos y la realidad, alejando al individuo
de la razón y del sano sentido común, para llevarlo paulatinamente a la
intransigencia e intolerancia, que se transforma en extremismo, radicalismo y
sectarismo, y en sus expresiones más extremas puede llegar a la agresión y la
violencia.
Debemos reconocer que la ignorancia es una de
las características básicas del fanatismo, porque permite que muchos individuos
tomen las “verdades” de otros como sus verdades, llegando a defenderlas apasionadamente
y sin cuestionar. Sin ignorancia, definitivamente no habría fanatismo. Es
válido aclarar que la educación formal no exime o libera a los individuos de la
ignorancia, porque la ignorancia va más allá del conocimiento. La ignorancia
hace acto de presencia sin considerar estrato social ni academia, porque
depende más de la actitud de cada individuo, para informarse, conocer y
reflexionar.
Sin embargo, hoy día es más fácil hundirse en
este hueco de ignorancia, porque las redes sociales y los motores de búsquedas
en internet, van determinando el contenido que vemos y la frecuencia, ya que el
diabólico algoritmo detecta patrones previos de búsquedas y nos llena con
información sesgada solo hacia ese patrón.
Cuando el virus del fanatismo ya ha avanzado en
nuestras mentes, corazones y espíritus, seremos absolutamente intolerantes ante
cualquier crítica o descalificación a lo idealizado, llegando a defenderlo con irracional
convicción. La búsqueda de la verdad queda anulada, porque no hay cabida
para ninguna opinión contraria que pueda poner en duda esos fanáticos puntos de
vista. El médico y escritor francés Jean B. F. Descuret expresó “Un paso
más allá del entusiasmo, y se cae en el fanatismo; otro paso más, y se llega a
la locura”.
En la búsqueda de esos sanos puntos medios o de
equilibrio parece estar la solución para lograr un mundo equilibrado y armónico,
alejado del fanatismo. Es una absoluta realidad, que muchos individuos han
venido perdiendo el punto de vista propio, mientras se convierten en simples «ecos»
de alguien más.
La horrible frase “Estás conmigo o estás
contra mí”, es cada vez más vigente, en un mundo que hace desaparecer esos
-antes mencionados- espacios o puntos medios o de equilibrio, para irse a los
extremos. Sin embargo, una peor frase, que en realidad podemos catalogarla de
blasfemia es “Si Dios conmigo, quien contra mí”, donde el fanático que
la expresa considera absurdamente, que tiene a Dios de manera incondicional a
su lado.
Hoy en día mencionar algunas palabras, es
arriesgarnos a que nos tilden de algo. El fanatismo nos roba palabras que
parece no podemos utilizar libremente. Ideas dirigidas a conseguir adeptos y
fanáticos a muchas oscuras o interesadas causas, desvirtúan hechos y reales
problemas. Los seres humanos somos seres sociales, pero la palabra «social»,
por ejemplo, ha sido diabolizada o demonizada, en una sociedad cada vez más
individualista, pragmática y sin rasgos de empatía.
Estamos atrapados en nuestros respectivos
partidos políticos, grupos religiosos, grupos sociales de diferente índole y
tendencia, en los cuales cualquier discrepancia o separación con respecto a las
líneas del grupo, partido o del líder de turno, es considerada un acto de
disidencia e irrespeto. En realidad, muchos de estos grupos son literalmente
prisiones.
Cuando algún individuo decide criticar, discrepar
o separarse de las líneas ortodoxas del grupo al cual pertenece, este individuo
es censurado y descalificado públicamente, en una actitud casi fundamentalista.
Sin ninguna intención de comprender razones ni argumentos, porque se concibe
como una herejía el solo hecho de discrepar o disentir de las líneas dogmáticas
de esa casi “secta” política, religiosa o de cualquier tipo.
El odio es uno de los combustibles emocionales
del fanatismo, el cual aparece cuando un individuo percibe a otra persona,
grupo o idea, como una amenaza, real o ficticia, a sus valores, intereses y
seguridad. Las personas que sienten odio buscan validación y apoyo, y los
grupos fanáticos ofrecen un “sentido” de comunidad y propósito, reforzando la
idea de que el enemigo común debe ser combatido. El fanatismo, en su
emocionalidad, usa narrativas muy básicas y simples: “nosotros somos buenos,
ellos son malos”. La ignorancia mezclada con odio alimenta esta visión binaria,
de extremos, eliminando matices, tonos, puntos medios y fomentando la
intolerancia.
Muchos individuos tienen dentro de sí mismos
odios viscerales, importados de otros horizontes y de otros momentos en el
tiempo, algunos vividos, pero otros muchos heredados, que son extrapolados a
los nuevos lugares y momentos, repitiendo y reviviendo continuamente en sus
mentes la historia que vivieron o simplemente les contaron, convirtiéndose en
fanáticos defensores de esas creencias y odios viscerales, ya quizá, la mayoría
de ellos, extintos y sin sentido.
La historia de la humanidad demuestra que
ningún fanatismo ha conducido a buen destino; por el contrario, ha multiplicado
tragedias y sembrado la tierra de odios, guerras y sangre. Comprender la
naturaleza y razones del fanatismo es vital para no convertirnos en “tontos
útiles” al servicio de sus irracionales y oscuras motivaciones.
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