viernes, 28 de noviembre de 2025

El Fanatismo: Un virus que destruye el espíritu humano y las sociedades.

Artículo publicado en Los Tiempos Newspaper Miami, Florida USA Nov. - Dec. 2025

Miguel A. Terán

www.miguelterancoach.blogspot.com

www.lidervoice.com

Iniciemos este complicado tema con una frase del novelista y ensayista francés André Maurois “Solo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa”. Deberíamos reconocer que en todo existen variados puntos de vista o perspectivas, y que cada uno de éstos pueden contener algo o mucho de la verdad. Sin embargo, innumerables personas acostumbran a leer, ver, escuchar o seguir solo y únicamente lo que está de acuerdo o en línea con su forma de pensar o su particular ideología o interés, acerca de algún tema, perdiendo la capacidad de crítica a la causa, razón, motivo o fuente de sus creencias, lo cual llevado a extremos se convertirá en demostraciones de fanatismo.


Para comprender el concepto de fanatismo podemos reconocerlo como la expresión desmedida, incondicional e irracional de creencias, paradigmas y opiniones religiosas, políticas, sociales, grupales, culturales, de estilo de vida y más. Una de las características del fanatismo es la pérdida de contacto con los hechos y la realidad, alejando al individuo de la razón y del sano sentido común, para llevarlo paulatinamente a la intransigencia e intolerancia, que se transforma en extremismo, radicalismo y sectarismo, y en sus expresiones más extremas puede llegar a la agresión y la violencia.

Debemos reconocer que la ignorancia es una de las características básicas del fanatismo, porque permite que muchos individuos tomen las “verdades” de otros como sus verdades, llegando a defenderlas apasionadamente y sin cuestionar. Sin ignorancia, definitivamente no habría fanatismo. Es válido aclarar que la educación formal no exime o libera a los individuos de la ignorancia, porque la ignorancia va más allá del conocimiento. La ignorancia hace acto de presencia sin considerar estrato social ni academia, porque depende más de la actitud de cada individuo, para informarse, conocer y reflexionar.

Sin embargo, hoy día es más fácil hundirse en este hueco de ignorancia, porque las redes sociales y los motores de búsquedas en internet, van determinando el contenido que vemos y la frecuencia, ya que el diabólico algoritmo detecta patrones previos de búsquedas y nos llena con información sesgada solo hacia ese patrón.

Cuando el virus del fanatismo ya ha avanzado en nuestras mentes, corazones y espíritus, seremos absolutamente intolerantes ante cualquier crítica o descalificación a lo idealizado, llegando a defenderlo con irracional convicción. La búsqueda de la verdad queda anulada, porque no hay cabida para ninguna opinión contraria que pueda poner en duda esos fanáticos puntos de vista. El médico y escritor francés Jean B. F. Descuret expresó “Un paso más allá del entusiasmo, y se cae en el fanatismo; otro paso más, y se llega a la locura”. 

En la búsqueda de esos sanos puntos medios o de equilibrio parece estar la solución para lograr un mundo equilibrado y armónico, alejado del fanatismo. Es una absoluta realidad, que muchos individuos han venido perdiendo el punto de vista propio, mientras se convierten en simples «ecos» de alguien más.

La horrible frase “Estás conmigo o estás contra mí”, es cada vez más vigente, en un mundo que hace desaparecer esos -antes mencionados- espacios o puntos medios o de equilibrio, para irse a los extremos. Sin embargo, una peor frase, que en realidad podemos catalogarla de blasfemia es “Si Dios conmigo, quien contra mí”, donde el fanático que la expresa considera absurdamente, que tiene a Dios de manera incondicional a su lado.

Hoy en día mencionar algunas palabras, es arriesgarnos a que nos tilden de algo. El fanatismo nos roba palabras que parece no podemos utilizar libremente. Ideas dirigidas a conseguir adeptos y fanáticos a muchas oscuras o interesadas causas, desvirtúan hechos y reales problemas. Los seres humanos somos seres sociales, pero la palabra «social», por ejemplo, ha sido diabolizada o demonizada, en una sociedad cada vez más individualista, pragmática y sin rasgos de empatía. 

Estamos atrapados en nuestros respectivos partidos políticos, grupos religiosos, grupos sociales de diferente índole y tendencia, en los cuales cualquier discrepancia o separación con respecto a las líneas del grupo, partido o del líder de turno, es considerada un acto de disidencia e irrespeto. En realidad, muchos de estos grupos son literalmente prisiones.

Cuando algún individuo decide criticar, discrepar o separarse de las líneas ortodoxas del grupo al cual pertenece, este individuo es censurado y descalificado públicamente, en una actitud casi fundamentalista. Sin ninguna intención de comprender razones ni argumentos, porque se concibe como una herejía el solo hecho de discrepar o disentir de las líneas dogmáticas de esa casi “secta” política, religiosa o de cualquier tipo.

El odio es uno de los combustibles emocionales del fanatismo, el cual aparece cuando un individuo percibe a otra persona, grupo o idea, como una amenaza, real o ficticia, a sus valores, intereses y seguridad. Las personas que sienten odio buscan validación y apoyo, y los grupos fanáticos ofrecen un “sentido” de comunidad y propósito, reforzando la idea de que el enemigo común debe ser combatido. El fanatismo, en su emocionalidad, usa narrativas muy básicas y simples: “nosotros somos buenos, ellos son malos”. La ignorancia mezclada con odio alimenta esta visión binaria, de extremos, eliminando matices, tonos, puntos medios y fomentando la intolerancia.

Muchos individuos tienen dentro de sí mismos odios viscerales, importados de otros horizontes y de otros momentos en el tiempo, algunos vividos, pero otros muchos heredados, que son extrapolados a los nuevos lugares y momentos, repitiendo y reviviendo continuamente en sus mentes la historia que vivieron o simplemente les contaron, convirtiéndose en fanáticos defensores de esas creencias y odios viscerales, ya quizá, la mayoría de ellos, extintos y sin sentido.  

La historia de la humanidad demuestra que ningún fanatismo ha conducido a buen destino; por el contrario, ha multiplicado tragedias y sembrado la tierra de odios, guerras y sangre. Comprender la naturaleza y razones del fanatismo es vital para no convertirnos en “tontos útiles” al servicio de sus irracionales y oscuras motivaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario