Permitir el deterioro de la institución familiar es condenar la sociedad a una metástasis social. Miguel A. Terán

on lunes, 11 de enero de 2016
Permitir el deterioro de la institución familiar es condenar la sociedad a una metástasis social.
Miguel A. Terán

La palabra metástasis no es un término común al referirnos a lo social, por provenir del área de la medicina; sin embargo, es válido reconocer que las sociedades también sufren de enfermedades y los tumores sociales parecen comenzar en la familia, para transmitirse posteriormente al resto de la sociedad, tal cual una metástasis en términos cancerígenos.  El concepto de metástasis hace referencia a ese crecimiento, multiplicación  y propagación de la enfermedad que en el tiempo se vuelve –literalmente- incontrolable. 
El filósofo Lou Marinoff expresa que en Las Analectas, el texto sobre las charlas y discusiones que filósofo chino Confucio sostuvo con sus discípulos, éste expresaba: «Para poner el mundo en orden, antes debemos poner el país en orden; para poner el país en orden, antes debemos poner la familia en orden.» «La fortaleza de un país proviene de la integridad del hogar, mientras la debilidad de un país proviene de la desintegración de sus hogares».
El tiempo es finito o limitado, son solo veinticuatro horas al día, de manera tal que las horas dedicadas a alguna área o actividad, deben quitarse a otra u otras áreas o actividades. Las principales actividades: trabajo y familia, funcionan de esta manera, a mayor tiempo dedicado a una de ellas, menos tiempo dedicado a la otra. 
El estadounidense Joseph E. Stiglitz, reconocido economista, asesor, profesor y Premio Nobel de Economía (2001), plantea que “Los individuos afirman que trabajan mucho por el bien de la familia, pero al trabajar tanto, tiene cada vez menos tiempo para la familia y la vida familiar se deteriora. De alguna forma los medios demuestran ser incoherentes con el fin que se declara”.
Adicionalmente, las familias han venido perdiendo tiempos y espacios, ante el avance y acoso de la tecnología, que entra a los hogares –cuan Caballo de Troya- convirtiéndoles en simples casas, al debilitar las relaciones cara a cara entre sus miembros, a la vez que disminuyen los contactos de comunicación nutritivos, deteriorando así este pilar fundamental de la sociedad.
Un grupo familiar basado en sanos principios y valores, donde reine el amor, armonía, paz y respeto, es un hogar; lo contrario, es una simple casa. La diferencia entre hogar y casa no tiene relación con los recursos económicos disponibles, estatus, academia ni con el nivel de vida. A un hogar lo definen la calidad de los elementos morales, espirituales, afectivos y emocionales que unen a sus integrantes.
Muchas de las patologías sociales, gracias a las cuales la droga consigue su cautivo mercado, se gestan en algunas familias, cuyos miembros contaminan a miembros de otras familias, llevando el tema a dimensiones de problema social. La droga es una consecuencia o síntoma de un problema más profundo en la familia y en la sociedad, ya que en estas últimas están las verdaderas causas o raíces del problema.
La influencia social, el consumismo y el deterioro de los valores bombardean a la familia haciendo complicada su cohesión y estabilidad. Las familias caen ante la trampa de un entorno que les presiona para hacer y tener, pero que desestimula cualquier intento de ser.  
Un sabio proverbio chino nos dice: «Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa». Cada minuto dedicado a tiempo para atender las necesidades de afecto, comunicación, enseñanza y contacto en la familia, representará significativos ahorros en horas de evitadas discusiones y problemas futuros.
Entonces, resumiendo, un requisito indispensable para  construir familia es el tiempo, poco éxito tendremos tratando de establecer e instalar principios y valores, cuando existe un claro desequilibrio en el tiempo que disponemos u otorgamos para nuestra familia, en comparación con el tiempo que disponemos u otorgamos al entorno y otros medios.
Debemos tener claro que a un individuo lo forman la familia, la escuela y la sociedad, pero es en ese orden. No podemos pretender endosar a la escuela o la sociedad responsabilidades que son propias de la familia. Es cierto que la escuela como parte de la sociedad tiene un rol cultural y de formación, pero no necesariamente de educación.
El impacto de la familia es clave en la construcción y desarrollo o deterioro y destrucción de una sociedad, pero existe la tendencia a centrar la causa y solución de los problemas de la sociedad en lo económico y lo político, cuando el verdadero problema crece en lo social. Permitir que la familia se deteriore es garantizar que la sociedad y sus instituciones se deterioren. Adicionalmente, es un hecho que el deterioro de los procesos sociales requerirá significativo tiempo para corregirlos.
Ninguna sociedad será sólida y estable en el largo plazo cuando las estructuras familiares que la componen son débiles. Hemos permitido que la tecnología, el consumismo y los pseudo-valores, nos hurten espacios y tiempo que otrora eran propiedad de la familia.  
Sí  en la familia hay continuos conflictos y agresiones será imposible esperar que sus miembros sean gente de paz.  Igualmente, sin adecuada formación moral y escaso ejemplo de buenos valores, no lograremos formar individuos útiles a sí mismos ni mucho menos a la sociedad.
Las raíces de la mayor parte de los problemas personales y sociales los encontramos en la familia. Tener conciencia de esa realidad, reconociendo el importante rol de la familia y el de cada uno de nosotros como miembros de una particular familia y de la sociedad, debe llevarnos a brindar la atención y cuidado que esta necesita para formar verdaderos seres humanos y sociales.  

12 de Enero de 2016.

Miguel A. Terán
Psicología, filosofía y coaching.

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Nota: imagen extraída de la web

Referencias: Tomadas de Wikipedia + RAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

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